En la imagen los actores Raúl Pulido y Paloma Córdoba, Yellow moon. La balada de Leila y Lee, de David Greig con dirección de Beatriz Jaén Foto Luz Soria
Beatriz Jaén dirige la obra de David Greig, “Yellow moon”. La baladade Leila y Lee. Que narra la historia de amor entre dos adolescentes, Leila y Lee, o una alianza de soledades que mitigan al estar juntos. La chica necesita autolesionarse para sentir que está viva, y el chico se muestra como un macarra que tiene como única aspiración ser un delincuente de altura. Su posesión más valiosa es una gorra de visera con un venado, que el amigo de su madre le arrebata y manosea sin respeto. Lee reacciona sin mediada por lo que se ve obligados a huir. Una huida que el autor marca como un viaje iniciático, y la directora lo asume como tal, y lo aborda como una “road movie” por paisajes geográficos e interiores.
Lee acompañado por Leila, inicia el viaje en busca de su padre, no tienen otro mapa, ni más brújula para encontrarlo, que una postal que este le envió a su madre, en la que aparece una casa confortable, situada en la montaña frente a un lago.
En la imagen los actores Raúl Pulido -Lee- y Paloma Córdoba -Leila-, en Yellow moon. La balada de Leila y Lee, de David Greig con dirección de Beatriz Jaén Foto Luz Soria
La pieza es como una película de aventuras, en la que los interiores y los escenarios naturales por los que se irán moviendo Leila y Lee, no se materializaran más que con la voz de los narradores, en una dramaturgia mestiza que tiene mucho de serial radiofónico.
Los actores Paloma Córdoba y Raúl Pulido, serán durante toda la representación la pareja de enamorados, y la actriz Savitri Ceballos y el actor Juan Ceacero, se harán cargo al resto de los personajes, y serán narradores e interpretes de la Balada de Leila y Lee. Unos valiosos narradores que llegado el momento, cantarán dando alas a una función, que sin duda vuela alto, para significar lo muy desdichados que podemos llegar a ser, y que nos tomamos demasiado en serio cuando únicamente somos criaturas efímeras en constate búsqueda de afecto.
Beatriz Jaén marca de una manera imparable el ritmo de la representación, con unos personajes en constante mudanza. La pareja en su búsqueda se perderán en un bosque que será espacio y símbolo, y de la misma manera encontrarán un “Ada madrina”, en forma de un cazador borracho llamado Frank, que será su salvador.
Juan Ceacero espléndido como -Frank el cazador- en Yellow moon. La balada de Leila y Lee, de David Greig con dirección de Beatriz Jaén
Juan Ceacero, hace una recreación avasalladora de Frank, el cazador, que necesita cazar treinta venados más, que pelará y destripará si es preciso, en nuestra presencia. Un hombre visceral que camina por el alambre de su vida en su huida, movido por el combustible del alcohol. Juan Ceacero es un actor sólido en gesto y voz, lo que le permite recrear un personaje en un estado imparable permanente, llevándolo hasta la hipérbole, que se traduce en comicidad, lo que es oro molido para llegar al público.
El cazador cobija a la pareja, tirando por tierra su viaje al decirle a Lee que, jamás encontrarán a su padre porque está muerto, obligándoles a trabajar bajo chantaje ante el disgusto rebelde de Lee, y la aceptación ante lo irremediable de la siempre sensata
En la imagen los actores Paloma Córdoba -Leila-, Raúl Pulido -Lee- y Juan Ceacero -Frank el cazador- en Yellow moon. La balada de Leila y Lee, de David Greig con dirección de Beatriz Jaén Foto Luz Soria
.Lee, el chico con maneras de macarra y vocación de delincuente, se queda en nada fuera de su pueblo, y en la relación que mantiene con Leila, es ella quien controla con sus silencios, curiosamente Lee le tiene un respeto reverencial, y las propuestas de sexo del chico son realmente hilarantes, en las que pone de manifiesto su orfandad infinita y sus ganas de agradar. Lee encuentra una percha perfecta en el actor Raúl Pulido, como a la callada Leila, la redondea la actriz Paloma Córdoba.
Savitri Ceballos, es narradora junto a Juan Ceacero, una condición que le permite el brillo de cantar e interpretar, será también la desdichada madre de Lee, y renacerá cual mariposa para ser una estrella que habita la casa de la montaña, en la que el cazador trabaja de guardés.
Leia -Paloma Córdoba- y La gran estrella Molly -Savitri Ceballos- tienen más que ver de lo que parece en Yellow moon. La balada de Leila y Lee, de David Greig con dirección de Beatriz Jaén Foto Luz Soria
Holly, la gran estrella –Savitri Ceballos– y Leia –Paloma Córdoba-, coincidirán en su diferencia, porque la chica tiene infinitamente mas luz que la que ella podrá imaginar, y en estas escenas se establece una hermosa complicidad entre ambas actrices.
El trabajo de Beatriz Jaénes un reto, porque ciñe a un escenario una película de acción, con un trabajo de creación continua para estimular los cinco sentidos del espectador, sin perder de vista a los personajes. Nos hace ver la casa codiciada como “hogar” paterno por Lee, su bosque, su montaña. Sentir la frías y oscuras aguas del lago, el calor de las entrañas del venado, incluso ver un helicóptero, logrando establecer un espacio para lo inmaterial para tallar en humo la desazón de unos personajes que sufren la negación de su misma especie, y ante esa situación de desamparo se manifiestan con violencia para que sepan los demás, y ellos mismos, que están vivos.
Sin duda, si tenéis oportunidad de asistir a una función no dejéis de hacerlo.
En la imagen los actores Paloma Córdoba, Raúl Pulido, Savitri Ceballos y Juan Ceacero Yellow moon. La balada de Leila y Lee, de David Greig con dirección de Beatriz Jaén Foto Luz Soria
Yellow moon. La balada de Leila y Lee, estará en cartel los días 4, 5, 6, 17, 18 y 20 de febreo 20220, en la Sala exlímite -Madrid-
Texto:David Greig Dirección: Beatriz Jaén Elenco Paloma Córdoba, Raúl Pulido, Savitri Ceballos y Juan Ceacero
Audiovisuales y ayudante de dirección:Javier L. Patiño Escenografía:Pablo Menor Palomo Iluminación:Enrique Chueca Vesturario: Leonora Lax Música y Espacio sonoro: Pepe Alacid Cartel:Carlos Brayda (ilustración) y Álex Velasco (diseño gráfico)
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
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