Azúcar picante: moral antigua bajo celofán contemporáneo
Azúcar picante se presenta como un retrato de una juventud nocturna, desinhibida y excesiva, reunida en un espacio de evasión donde el cuerpo parece sustituir al pensamiento. Cuatro personajes se conocen entre música, baile y sexo ocasional y, a la salida, mientras esperan el bus nocturno, comienza el verdadero encuentro: la palabra.
El dispositivo dramático que articula la obra que firma Fé Colucci es, sin embargo, profundamente clásico. El azar reúne a los personajes, el cinismo funciona como coraza inicial y, uno a uno, los traumas salen a la superficie: suicidios, violencias, muertes que reclaman ser nombradas. La estructura recuerda a un auto moral contemporáneo, donde la noche actúa como antesala del juicio y la confesión se impone como necesidad narrativa.
La obra se sostiene sobre tres pilares claramente desiguales. El primero es el texto deColudí, discreto y poco original, que parece confiar en que la acumulación de excesos y desgracias baste para producir profundidad. No es así. La dramaturgia no alcanza a problematizar aquello que convoca y se limita a transitar caminos ya muy recorridos del teatro de confesión generacional, sin aportar una mirada que los renueve o los complique. El dolor se enuncia, pero no se piensa.
El segundo pilar es la puesta en escena de Carlos Be, que sí tiene mérito. Construir una función con este material no es tarea fácil, y la dirección logra articular un dispositivo eficaz, rítmico y exigente, consciente de que el texto ofrece pocos apoyos. La dramaturgia se desplaza entonces al cuerpo y al espacio, y ahí el espectáculo encuentra su coherencia.
El tercer pilar —y el decisivo— son los cuatro intérpretes: Javier Arribas, Fé Colucci, Miriam Escabias, Jaime Moreno. Sobre ellos recae todo aquello que el texto no da. Se les pide todo, y lo entregan: coraje físico, resistencia, precisión y una entrega que roza la extenuación. El baile, sostenido hasta el límite, y el trabajo corporal intenso generan una energía escénica que mantiene viva la función. Es en ese desgaste, más que en las palabras, donde aparece una verdad escénica más elocuente.
A esta fragilidad textual se suma una paradoja ideológica significativa. Pese a presentar a cuatro jóvenes desinhibidos, nocturnos y supuestamente entregados al exceso, el texto adopta una mirada sorprendentemente reaccionaria. No hay espacio para el gozo, ni siquiera para el placer entendido como experiencia ambigua o contradictoria. Todo impulso vital aparece inmediatamente subordinado al trauma, como si el deseo no pudiera existir sin una herida previa que lo justifique. Se baila, se bebe y se folla no por deseo, sino porque se está roto. Bajo una estética de libertad, la obra termina proponiendo una visión profundamente moralista.
Sin la puesta en escena de Carlos Be y, sobre todo, sin el compromiso radical de los actores-danzantes, Azúcar picante difícilmente existiría como espectáculo. La función vive del esfuerzo físico, del riesgo y de la resistencia de quienes están en escena, no de las ideas que la sostienen. Cuando el cuerpo hace todo el trabajo que el pensamiento elude, el resultado puede impresionar e incluso conmover, pero rara vez interpelar.
Al final, la sensación es la de haber asistido a una especie de cuento de Navidad psicodélico: un ángel improbable, una noche de revelaciones y una promesa de final —o de muerte— que nunca termina de incomodar. Bajo el celofán de lo contemporáneo late una moral conocida, expuesta con corrección, pero sin verdadera herida.
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.