Argucias: Paul Newmam en “Ni un pelo de tonto”

Argucias: Paul Newmam en “Ni un pelo de tonto”

En el reino animal cada uno toma distintas posiciones ante la vida. Para sobrellevarla, para saltarla sin caer en el charco en el cual no se hace pie, para dejarse ir sin rumbo ni decisiones; incluso dando puñetazos sin saber a quién considerar enemigo de la existencia personal.

Así, tenemos a los animales que se defienden atacando. Son feroces y agresivos. Es su forma de actuar, pues son de naturaleza cazadora. En otra vertiente encontramos a aquellos que bajan la testuz y prefieren la huida, son los más débiles, y cuando la juventud se evapora, son la carne predilecta por los primeros, ensayos incluso de cachorros y sustento de viejos ejemplares, moldeados por la experiencia.

Estos cuentan con alguna forma de mimetismo, alguna franja en su pintado cuerpo, cambio de coloración en épocas puntuales, una dotación especial para la quietud o la sorprendente característica de parecer muerto. Incluso pueden sobrevivir a los primeros, mediante tramas y tretas.

Ni decir tiene que hablo de carnívoros y herbívoros. Ni decir tiene que hablo de seres de la especie humana, que animales al fin, caemos en estrategias insospechadas o altamente previsibles para convivir con nuestros semejantes o contra ellos.

Si nos analizamos, podríamos colocarnos alguna etiqueta de los anteriores. Te paralizas ante los problemas, los ignoras con tenacidad, prefieres dejarte ir para que otros tomen las decisiones de tu vida por ti, o atacas antes de tener la absoluta seguridad de que es necesario defenderse. Seguro que en una introspección profunda y sin autoengaños, podemos definir nuestro comportamiento. Tal vez descubramos que es mejorable ante algunas circunstancias.

Paul Newman en Ni un pelo de tonto

Paul Newman en Ni un pelo de tonto

Claro que también descubriremos en nosotros mismos, la sorpresa de no encontrar justificación posible ante algunas actitudes propias. Yo denomino a esas acciones casi sin control “saboteos”. Desconozco si soy la única persona que ha llegado a la conclusión de que a veces, muchas, me “saboteo” a mí misma. Podría parecer un descuido, olvido o tontería, pero en mi fuero interno, rebusco y… ahí está, el saboteo. Me sucede con algunas cosas que me interesan mucho, pero que estoy segura de no conseguir; entonces, no pongo el empeño suficiente o el resultado es nefasto, quizás para darme la razón. Es increíble, pero espero que alguien me afirme que se siente así alguna vez. Que lo ha razonado. Lo subsiguiente es odiarte por ello, luego, te perdonas. Y vuelta a comenzar.

Todo esto viene a cuento por un libro que acabo de releer. Sí, yo releo las antiguas novelas que han pasado años acompañándome en mi camino vivencial. Y con ésta, creo se me había escapado su correcta lectura. Su título: “Ni un pelo de tonto” de Richard Russo. Esta lectura ha sido la buena, igual que la formulación de preguntas y las respuestas que me ha suscitado su argumento. El personaje central gira y gira sobre una idea que no tiene por qué ser errónea, aunque en su planteamiento original lo sea: tratar siempre de hacer lo incorrecto, sin egoísmos, sin interés, apartándose de todas las responsabilidades: ser padre, marido, amante. Se diría que no quiere crecer, a mí me parece una definición demasiado simple para la complejidad de su mirada. La vida no basta para que se conduzca como los demás creen que debería, muy a su pesar, tratará y conseguirá ser el que lleva la contraria al sentido común y por extensión, a la gente que le podría querer. Por extraño que parezca, contará con afectos inamovibles que lucharán por irradiarle un poco de sensatez.

Paul Newman en Ni un pelo de tonto

Paul Newman es el viejo Donald Sullivan

 

El libro es brillante y simpático, con esa pátina de tristeza desgraciada que rezuman los que se sienten atorados en la vida, vejez y en el vacío de ilusiones.

Como guinda a tal experiencia, sabedora de la existencia de la película con el mismo título, protagonizada por Paul Newmam y dirigida por Robert Benton en el año 1994, la busqué con grandes expectativas. El protagonista tiene ese corte sarcástico y trágico con la vida, aumentado por la cerrazón de un pequeño pueblo que no consigue despegar hacia la fortuna de paraíso turístico. Su visión permanece hermética en la cinta, no muestra profundidades ni tormentos propios que en el texto lo hacen humano, ganándose la total simpatía del lector, que llevado por una afinidad (quién no se extraña de su comportamiento en ocasiones) le empuja a aconsejar al personaje de Sully “¡No, no, no! ¡No lo hagas! ¡Oh, vaya! ¿Por qué lo has hecho?”

Paul Newman, Melanie Griffith en Ni un pelo de tonto

Paul Newman y Melanie Griffith en Ni un pelo de tonto

Me encantaría poder decir que me entusiasmó el resto de personajes, pero no fue así. Excepción hecha para la actriz Jessica Tandy aunque su papel interpretativo es lastimosamente escaso, después de haberme introducido en su interior, sus pensamientos, su rebeldía frente a su hijo interesado, no en su cariño, sino en la posesión de su casa y arrastrado por su odio infantil contra su descuidado inquilino. Otra vez Sully. Debería de subrayar también la obra de otros actores del reparto conocidos: Bruce Willis o Melanie Griffith en sus ficciones de marido, aspirante a vividor y su esposa engañada.

El final es tan distinto a la línea de la novela que casi asusta. Tal vez se pensó que un final feliz satisfaría al público que asistiera a las taquillas. Un final dónde el abuelo adora al nieto y su propio hijo, banqueteado, abandonado en su infancia por un padre carente, le perdona. Aunque pierda a su amante y a su ex esposa le dé un brote más cercano a la esquizofrenia que a la cordura, al culparle de sus mil males. Dónde la chica hermosa de la que está enamorado, pese a la diferencia de edad busque refugio en los brazos de su propio hijo. Nada de esto se refleja en la película, otorgando un cambio de destino que sorprende.  Quizás solo se trató de dar esperanza sobre los fracasos de la vida, con una moral filosófica rescatadora de infortunios. Entonces, está bien. Pero no era “eso” lo que me enganchó al libro y a su “auto-saboteador” Sully Sullivan.

Y es que hace falta ser muy especial para pensar en el fracaso como en una recompensa. Y remontarse a él.

“Nobody’s Fool” (Ni un pelo de tonto) recibió los siguientes premios:

1994: 2 nominaciones al Oscar: Mejor actor (Paul Newman), guión adaptado

1994: Globos de Oro: Nominada al mejor principal drama (Paul Newman)

1995: Festival de Berlín: Oso de Plata – Mejor actor (Paul Newman)

1994: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor actor (Paul Newman)

1994: Chlotrudis Awards: Nominado Mejor Actor de Reparto (Bruce Willis)

Y fueron sus actores y actrices:

Paul Newman, Melanie Griffith, Jessica Tandy, Bruce Willis, Dylan Walsh, Gene Saks, Philip Bosco, Elizabeth Wilson, Alex Goodwin, Margo Martindale, Pruitt Taylor Vince, Catherine Dent, Philip Seymour Hoffman.

Con fotografía y música, respectivamente de: John Bailey y Howard Shore.

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