Años de hotel, Joseph Roth

Años de hotel, Joseph Roth

En el vestíbulo del hotel se ofrece desde cocaína y azúcar hasta sistemas políticos, golpes de Estado y mujeres. Un príncipe ruso considera la conquista de Kronstadt. Un comerciante de alfombras negocia entregas con un individuo que se ha convertido en <<señor>> recientemente. Un abogado recibe media docena de pasaportes de una familia rusa. <<Lo lograremos>>, parece querer decir con un parpadeo. Se ajusta los quevedos a la nariz y cierra con súbita decisión la cartera. Se inclina tres veces, alejándose de cara al patriarca ruso, que lo despide paternalmente.

En cualquier caso la mujer, que había salido ilesa, lloró la pérdida del paraguas sin alegrarse de haber tenido la suerte de conservar los miembros. Como pude verse, hay dos tipos de personas: malvadas o estúpidas.

Las ciudades, las gentes, la metáfora de los objetos y las consecuentes personas malvadas y estúpidas, el humo, la naturaleza, la tiranía,  la política, son temas recurrentes en el libro, los lugares donde se desarrolla la vida, las secuelas de la guerra, el mundo rural, campesino o industrial, todo despierta inquietud, a veces con visos de melancolía pero sobre todo con tragedia.

Un drama que surge no por lo que se ha perdido, sino por lo que se adivina que ya no va a poder ser. Es por tanto Joseph Roth un autor no tan preocupado por la pura guerra, es decir las balas, los cañones, la Parabellum MG 14 y las granadas, sino por la periferia, lo precedente y la posteridad, para acreditar la verdad de una época, con toda su poesía, su tragedia y su costumbrismo, la semblanza del tirano, del burgués, del artesano, de la delincuencia, del hambre, del amor. Inabarcable. El destino:

Cuando Annette cumplió veintiocho años sin haber encontrado todavía marido, fue a uno de esos joyeros de rue de la Providence en cuyos escaparates las alianzas de oro, plata y chapadas se amontonaban a docenas en conos de terciopelo que parecían los monumentos brillantes y diminutos a la monogamia. Compró la alianza de plata y se la puso en el anular izquierdo, como dicta la costumbre en su país. Quizá en lo más profundo de su alma confiaba en que un día aparecería un hombre que se convertiría en su marido y entonces podría cambiar el anillo de plata por uno de oro.

El libro nos solo nos muestra la belleza y la miseria sino que nos revela que ambas cosas forman parte  de la misma pirámide narrativa, de manera que es una literatura con ciudades, aldeas y personas buscándose la vida, con o sin moral,  casi siempre temiendo la muerte y aspirando a la supervivencia desde su retrato colectivo o individual basado en episodios que provocan tanto el esplendor de la vida, como la hilaridad  y la tragedia,  con una estructura de artículos y cartas tan enérgica y resolutiva como elegante, cual si fuera este libro una carrera de relevos donde el relevo es la crónica de una época y el corredor, un hombre o una mujer cualquiera, posiblemente enterrados en un cementerio polaco o alemán.

Literatura costumbrista de la Europa de entreguerras, desde la perspectiva del viajero que observa las calles, las personas y los oficios, los poderosos y los más pobres que las ratas, con independencia de todo conflicto bélico. O de otra manera, como si la guerra fuera la sangre en la batalla, y las consecuencias, la vida de la gente y las ciudades.

A veces habla de aquellos tiempos, y siempre que lo hace añade: <<Los oficiales de mi Estado Mayor comían mejor que combatían>>. Es el único aforismo que se le ha ocurrido y se le ocurrirá jamás, y no encierra un reproche, sino un elogio.

En Años de hotel, literariamente también se come mucho mejor que se combate. Una alabanza a la literatura.

Un rayo de sol baña el tintero violeta que hay encima de mi escritorio, y la joven de bronce se protege los pechos de la cálida luz, como si quisiera evitar que le oscurezca la piel. En el patio suena un organillo; las notas brotan, liberadas, y se funden en el aire.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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