AMERICANA 2022: Duelos, strippers y premios.

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Por NACHO CABANA

¿Cómo vive el duelo una adolescente en pleno despertar sexual? ¿Cómo influye lo primero en lo segundo? ¿Es posible discernir uno de otro cuando se tienen 15 años? 

Esta es la pregunta que Jessie Barr se dedica responder en su película Sophie Jones, Premio del Jurado Joven en este Americana 2022 que, tras su paso por las pantallas de los cines Girona de Barcelona, continúa su andadura en Madrid (del jueves 24 de marzo al domingo 27), en Filmin (hasta el 27) y en la Filmoteca de Catalunya (la retrospectiva de Tim Hutton).

Acierta la joven directora en comenzar su película una vez que ya se ha producido el deceso materno, en concreto, con la protagonista probando a qué saben las cenizas de su progenitora y acabarla con el momento en que estas se esparcen en un lago.

Entre medias, Barr huye de los lugares comunes cuando del tema de la muerte se habla (aunque sí se caiga en alguno en lo que a la vida estudiantil gringa se refiere) y sobre todo muestra y reinterpreta en clave de duelo lo que en otros relatos se puede achacar a un desajuste hormonal propio de la edad; esas reacciones bruscas y repentinas, aparentemente sin causa, que vuelven locos al entorno de quien las sufre y que la protagonista (bastante bien encarnada por Natalie Shershow) tampoco sabe racionalizar (o no al menos hasta pasado un tiempo de sus brotes y con las consecuencias de estos ya asumidas por los demás). 

Barr se esfuerza en ser realista, en retratar a los adolescentes de hoy en día poniéndose a su misma altura sin que ello suponga llenar la pantalla de mensajes de texto e emoticonos. No juzga y mezcla duelo y fiesta tanto como lo están en la mente de la recién huérfana. 

No tiene, por el contrario, la más mínima pretensión de realismo Edson Oda en Nueve días, la película encargada de clausurar la edición barcelonesa de este Americana 2022. Una abstracción de principio a fin que le exige al espectador comulgar con una suerte de religiosidad laica, con un limbo reinterpretado en clave “feel good” (“new age” habríamos dicho en otra época) donde los mecanismos de su funcionamiento son expuestos con relativa claridad. Utiliza el ¿ángel? responsable de dar una segunda oportunidad a las personas fallecidas recientemente que llegan hasta su cabaña tecnología de los años 90 que hoy ya es vintage apostando finalmente Oda por un canto final a las pequeñas cosas. 

Nueve días puede resultar emocionante si entras en su juego. Pero si no lo haces, la cosa no pasa de ser una versión “suequizada” (a los que no sepan qué supone este término, les remito a esa obra maestra que es Rebobine, por favor de Michel Gondry) de las películas de Terrence Malick. 

Mucho más entretenida es  Zola de Janicza Bravo. Nacida de una serie de tweets de una de las protagonistas de los eventos supuestamente reales que se narran, su directora consigue que el irreflexivo pensamiento de sus criaturas (convenientemente graduado, no todos son igual de descerebrados, aunque ninguno sería admitido en Harvard) se traslade a su película sin caer, felizmente, en la tentación tarantiniana (aunque está a punto de ello al hacer su aparición las armas) y graduando con oficio el tránsito de la luz a la oscuridad, del club de strippers al gang bang con cholos. 

Lamentablemente, la directora afroamericana quiere ser más moderna que ninguna y boicotea el que hubiera tenido que ser el clímax de su relato con una nada afortunada vuelta atrás, un “what if” que rompe el tercer acto y del que Zola no logra recuperarse del todo antes de dar por acabado su metraje. 

Con todo tiene brillantes ideas de realización, como esa adaptación / perversión de la estética TikTok en la secuencia en la que el personaje interpretado por Riley Keough, (una actriz a la que cuesta reconocer de una película a otra) se prostituye con no menos de diez hombres en una sola noche. 

Los premios

Premio del público al mejor cortometraje

Like the Ones I Used to Know de Annie St-Pierre.

Premio del público al mejor largometraje de ficción

Mass de Fran Kranz

Premio del público al mejor largometraje documental

Try Harder! de Debbie Lum

Premio a la mejor traducción en subtítulos (Atrae)

Zola de Janicza Bravo

Premio del jurado joven (La Casa del Cine)

Sophie Jones de Jessie Barr

Premio del jurado de la crítica (ACCEC)

Mass de Fran Kranz

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Nacho Cabana

NACHO CABANA (Madrid, 1968) es guionista de cine y televisión y escritor. Desde “Colegio Mayor” (1993) a “Matadero” (2018) pasando por “Policías en el corazón de la calle”, “Médico de familia”, “Compañeros”, “U.C.O” numerosas series de TV llevan su sello . Así mismo es el coguionista de dos largometrajes de ficción, “No debes estar aquí” (2002) y “Proyecto Dos” (2008) y los documentales “Arizmendiarreta, el hombre cooperativo” (2019) y “Aute retrato” (2020) que fue nominado al Goya. También es el responsable de “Tres caídas” (2006), documental sobre lucha libre mexicana presentado en el Sitges Film Festival y otros certámenes internacionales. Como escritor ganó en L´H Confidencial 2014 con “La chica que llevaba una pistola en el tanga” (Roca editorial), el “Ciudad de Irún” de novela en 2004 con “Momentos robados” y el de cuento en el mismo certamen con “Los que comen sopa” (1993). “Verano de Kalashnikovs” (Harper Collins, México) es su última novela. Actualmente es tutor del módulo de ficción televisiva del Máster de Guion de The MediaPro Studios con la ESCAC y escribe críticas de cine, teatro y música en la revista cultural on line “Tarántula”. Viaja todo lo que puede y escribe aunque no pueda.

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