Critica de la serie “Amar, perder” de Netflix

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İbrahim Çelikkol como Kemal y Emine Meyrem como Afife en una escena de la serie turca Amar, perder de Netflix
Emine Meyrem -Afife- İbrahim Çelikkol -Kemal- y Yasemin Kay Allen -Neslihan- el trio de “Amar, perder” Netflix

Amar, perder llega a Netflix creada y escrita por Yavuz Turgul, uno de los nombres más reconocidos de la industria audiovisual turca, y dirigida por Selim Demirdelen y Kurtcebe Turgul. La puesta en escena es ágil, pensada para verse sin esfuerzo, apoyada en escenarios y una estética muy cuidados.

En principio, la serie se plantea como una fábula moral, aunque pronto esa intención queda eclipsada por la historia de amor entre Afife, una guionista que acaba haciéndose cargo de un restaurante en ruinas tras un préstamo usurario que ha pedido su madre, y Kemal, el encargado de cobrar esa deuda, que se instala a diario en el local para llevarse la caja.

İbrahim Çelikkol, el galán tuco por excelencia, interpreta a Kemal, heredero del negocio familiar de préstamos. El personaje está construido desde la contradicción entre la dureza del oficio y una bondad esencial que la serie se empeña en subrayar. Su presencia física y su registro contenido refuerzan la imagen del hombre taciturno, marcado por el deber y la lealtad familiar. Emine Meyrem da vida a Afife, atrapada en un conflicto económico que no ha provocado; su personaje funciona como eje moral del relato y como alter ego evidente de la historia que ella misma intenta escribir. Yasemin Kay Allen encarna a la prometida de Kemal, una figura aparentemente angelical, atractiva y elegante, pero plenamente integrada en el engranaje del negocio familiar: es ella quien lleva las cuentas y extorsiona con mano de hierro, aportando una ambigüedad muy reveladora.

Ibrahim Celikkol, es el actor galán por excelencia en Turquía, es el protagonista de la serie Amar, perder

En Amar, perder todo es deliberadamente hiperbólico. Los buenos lo son sin mácula, y los malos, cuando aparecen, encarnan una maldad casi de fábula. Kemal, por ejemplo, extorsiona y forma parte de un negocio de usura, pero la narración se esfuerza en justificar cada uno de sus actos: siempre hay una razón, siempre una herida previa. En el fondo, se nos dice, es “un pedazo de pan”.

Algo parecido ocurre con la madre de Afife. Pide un préstamo para comprar acciones -una decisión grave e imprudente-, pero la serie no se detiene a explorar responsabilidades ni consecuencias. Afife no le pide explicaciones; en su lugar, arremete contra Kemal, que acaba funcionando como chivo expiatorio de un conflicto económico que la ficción prefiere simplificar.

El tono se vuelve aún mas entrañable con el padre de Kemal. Internado en una residencia donde le tratan mal incluso le golpean, y dado por prácticamente perdido por los médicos a los que acuden, recupera el habla y la vitalidad cuando su hijo lo saca de allí y lo lleva al restaurante, donde incluso termina trabajando como cocinero. La explicación es simbólica, casi mágica: el restaurante es un lugar vivo, lleno de plantas, animales y afecto, y eso parece bastar para sanar el deterioro de una edad avanzada.

En el restaurante de izquierda a derecha.cocinan la felicidad, el padre de Kemal –Menderes Samancılar-, junto a la madre de Afife –Asuman Çakır-, su hermano, su novia, todos son bienvenidos

Kemal, en su segunda visita reconoce a Afife la conoció en la cárcel, donde ella imparte cursos de guion; más adelante sabremos que él estuvo allí para evitar que su padre y su tío cargaran con la culpa. Sitiada por Kemal, bloqueada en su creatividad y rechazada por la productora, Afife encuentra de pronto una salida: escribir la historia de una familia con un restaurante acosado por prestamistas. El paralelismo con su propia vida es tan evidente como deliberado. Para desarrollar el guion, recurre al propio Kemal en busca de detalles, y él acepta, olvidando quién es y que está comprometido, porque ha encontrado en el restaurante un refugio para él y para su padre. A partir de ahí, realidad y ficción comienzan a solaparse.

La abuela lo llama al orden y le recuerda su compromiso; el tío observa con inquietud cómo Kemal se ablanda. La serie sitúa con claridad dónde reside la verdadera maldad: en el tío y en su hijo. Cuando Kemal concede un plazo a un deudor, su primo que le pilla jugando a las cartas, lo asesina para que el mensaje sea inequívoco, para su primo y para otros deudores.

Emine Meyrem y İbrahim Çelikkol son Afife y Kemal, en principio un amor imposible en Amar, perder Netflix

Y, sin embargo, casi nada parece tener consecuencias duraderas. En el restaurante se vive como en una comedia: una madre excéntrica que eligió ser artista en lugar de quedarse en la mansión de sus padres millonarios; un mundo donde casi todo responde a elecciones personales y los conflictos se resuelven con una lógica emocional cercana a la adolescencia. Frente a esto, el universo oscuro de Kemal -construido sobre la extorsión, la usura y los negocios sucios— convive con una policía sorprendentemente justa y legal.

La serie de la que se han estrenado únicamente ocho capítulos deja abierto el desenlace de la relación central, sin aclarar cómo se materializará la unión o la separación de la pareja, evitando el spoiler y reforzando su carácter de fábula romántica. Contada de forma ágil, con intérpretes atractivos y una puesta en escena cuidada, Amar, perder no aspira a una gran complejidad moral, pero sí a la eficacia emocional. Sin duda, gustará a quienes busquen pasar un rato entretenido y disfruten de las historias de amor con conflictos claros y sentimientos intensos.

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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