Alberto Ammann, habla de “Tesis sobre un homicidio” y del “misterio” del éxito.

Alberto Ammann, habla de “Tesis sobre un homicidio” y del “misterio” del éxito.

Alberto Ammann es el auténtico chico de oro del cine español, su filmografía es tan corta como exitosa. Debutó en el cine a los 31 años con Celda 211 (2009), de Daniel Monzón, uno de los éxitos de taquilla más importantes del cine español, con el que ganó el Goya al actor revelación, desde entonces enlaza títulos y éxitos de taquilla. Ha sido Lope de Verga en Lope (2010), de Andrucha Waddington, le encontramos en EVA (2011), de Kike Maillo, en Invasor (2012), de Daniel Calparsoro, único tropezón en taquilla, y ahora presenta Tesis sobre un homicidio (2013), de Henán Golfrid, donde mide sus fuerzas con Ricardo Darín, y aún tiene pendiente de estreno Combustión, de Daniel Calparsoro, y todo indica que se sacarán la espina de Invasor (2012).

Alberto Ammann es un hombre encantador, que no pierde la sonrisa en ningún momento, con él es grato conversar, porque se explica muy bien y tiene ese punto de humor necesario para que salte la chispa. No me ando con rodeos y de entrada más que preguntarle afirmo: “Alberto, eres un chico con suerte”

Es una mezcla a la que me cuesta llamar suerte, porque hay una parte que se corresponde con mi preparación como actor y con mucho trabajo, pero por otra parte pertenece un poco al misterio. A este hecho hay gente que lo llama suerte, hay quien dice que es estar en el sitio preciso en el momento indicado, pero todas estas frases hechas sólo ayudan a explicar algo que yo llamo “el misterio”.

“El misterio” del éxito llega cuando tienes 31 años cumplidos, ¿qué hacías mientras esperabas ese prodigio que llamas “el misterio”?

Estudié cuatro años y medio en el Seminario de Teatro Jolie Libois, que está en la provincia de Córdoba (Argentina), y continué la formación aquí con Juan Carlos Carozza, hasta el cuarto curso que ya no pude acabar porque me salió Lope. Y de repente es como que todo encaja y no sé, se alinea como una constelación astral.

-Alberto se calla por un momento, yo espero a que continué hablando de la alineación astral y ante mi silencio dice rotundo-  No lo habré hecho muy mal, ¿no?

No, Alberto, partimos de la base de que lo has hecho muy bien…

…es verdad que hay muy buenos actores, con mucho talento, que tienen una oportunidad, e incluso ganan un premio, y luego no los llaman, por eso digo que el éxito corresponde como a un misterio que yo no puedo explicar, porque puedo decir que es la suerte, que es el azar… pero sería por poner un nombre, porque tampoco sé muy bien ni tengo claro el por qué y por eso lo llamo “el misterio”.  Hay una parte que tiene que ver con mi preparación, mi trabajo y otra, lo inexplicable, que es que de repente haga una prueba y me den un protagonista junto a Luis Tosar.

Alberto Ammann y Luis Tosar en Celda 211

Y no sólo con Luis Tosar, sino en la Celda 211

Sí, en una película que iba a hacer historia en el cine de España…

Tampoco se sabía…

…claro, son esas cosas misteriosas, como ha sido abrir ahora la puerta en Argentina con un coprotagonista con Ricardo Darín. Estoy completamente ilusionado y muy agradecido también. Mi primer trabajo fue Celda 211, bueno, el primero fue una serie para T.V.E. titulado América y que no funcionó nada bien y en el segundo capítulo la quitaron.

Lo siento por los productores de América, pero Alberto, te hace más humano el haber sufrido ese pequeño revés. En Wikipedia se te atribuye que después de la Celda 211, en el año 2010, participaste en el rodaje de La princesa de Éboli.

Hay un problema en Wikipedia: han puesto que yo trabajé en La princesa de Éboli

Sí, ¿pero con qué trabajo lo confunden?  Si pinchas en ese enlace de tú filmografía te lleva a La princesa de Éboli dirigida por Terence Young en 1955 y protagonizada por Olivia de Havilland.

No lo sé, eso tuvo que ser en otra vida, si es que existe la reencarnación…-se ríe hasta la carcajada  de que la enciclopedia le vincule a la actriz de Hollywood y exclama- ¡Uff!, yo entonces no había ni nacido.

¿Cómo es Gonzalo, tú personaje en Tessis sobre un homicidio?

Es un chaval de muy buena familia, hijo de un diplomático argentino, que vive en España desde los 9 años. Básicamente, es una persona soberbia, competitiva, arrogante, petulante, bastante intransigente -vuelve reír-, bueno, tiene todas las cualidades que tenemos los seres humanos. ¡Ah! y se me olvidó nombrar la envidia.

Un chico muy completito

Pero tiene todas estas cualidades muy marcada y en un volumen al máximo.  ¿Por qué digo esto? Porque si Gonzalo, mi personaje, tiene una admiración enorme y casi desproporcionada por Bermúdez, que es el personaje que hace Ricardo Darín, es una admiración cargada de envidia. Un “lo admiro pero lo mataría para dejar de admirarlo”. Todo llevado a una obsesión neurótica.

Alberto Ammann, juega con Ricardo Darín

He hablado antes con Hernán, el director, de que encara la película desde la presentación de los dos personajes como rivales, nada más irrumpir en la clase del Máster que imparte el brillantísimo jurista Bermúdez se sabe que el incipiente abogado Gonzalo va a dar mucho juego.

Sí, se platea una especie de rivalidad desde el primer momento, y era difícil mantener la ambigüedad de amor y odio que siente Gonzalo por Bermúdez todo el tiempo. Estaba muy marcado en el guión, por ejemplo, el diálogo que mantiene con Bermúdez en la escena del bar se ve claro. Esto no lo puede decir más que una persona que no está en sus cabales o que está tratando de manipular de una forma muy concreta al otro.

Gonzalo sabe a que juega, pero Bermúdez se cree tan listo que no sabe que está juagando con él.

Gonzalo mantiene un juego manipulador constante, yo trabajé mucho con diálogos internos y cómo crear una cabeza, una manera de mentir muy concreta, que tiene que ver con un reto o una pregunta que se plantea. Yo soy un iluminado, y usted profesor Bermúdez es un hombre con mucho talento al quien yo admiro y puede verlo o no puede verlo. Si usted puede verlo, merece de mi admiración, y si no puede verlo es que me he equivocado.

¿Iluminado?

Sí, ese sería el nivel casi patológico de esta soberbia que tiene Gonzalo de creerse un elegido, y luego lo que dice tampoco es de tanta genialidad. Hay algo producto de su propia soberbia y que choca con la soberbia del propio personaje de Bermúdez, que también es otro soberbio arrogante. Entonces yo creo que son dos caracteres bastante cercanos el uno al otro, la única diferencia es que uno tiene el brote de psicosis desde el principio y al otro le va brotando… ¿no?… da la impresión de que Gonzalo llegara a la primera clase provocando, aunque intente quitar hierro al asunto y hace una broma, pero se siente con la excitación de que ya ha generado inquietud en Bermúdez.

Para Alberto Ammann, Gonzalo es el yerno que toda suegra quiere tener

Bermúdez está tan pagado de sí mismo, tan seguro de todo, que cuando llega Gonzalo…

… le moja la oreja.

Le mueves el suelo y consigues inquietarle, a él, que parece estar por encima del bien y del mal. Las maneras de este hombre tienen tanto de perversas como las de Gonzalo, y  por confirmar su duda le mete en la cama con la chica…

…sí, y con el detalle de la cadena vemos a un hombre que tiene un brote que lo lleva a la oscuridad directo. Un brote psicótico, un brote de un obsesivo absoluto, que pone en riesgo a personas y muchas cosas.

¿Cómo continuaría Gonzalo su vida?

¿Después de la película? Muy buena pregunta, delirábamos mucho Ricardo y yo y nos hemos reído mucho sobre un posible segundo final. Se acaba la película y empiezan los títulos de crédito y retoman al los dos personajes tiempo después, nos imaginamos que Bermúdez seguiría persiguiendo a Gonzalo, ahora de una forma cómica, y éste estaría enterado de que lo estaban siguiendo y seguiría haciendo de las suyas.

Claro, Bermúdez ya desnudo de toda dignidad y llevado por la mera obsesión pasaría a un registro cómico.

Nos lo imaginábamos calvo en una playa de la costa del Sol y a Gonzalo con menores de edad y con aire truculento. Lo perseguiría en un ciclomotor, porque ya no tiene un duro y está arruinado y totalmente poseído, Gonzalo seguiría haciendo cosas para joderlo hasta el final.

Gonzalo y Bermúde no caben los dos en el mundo.

Volvamos a la realidad de la película. No caben los dos en el mundo.

No, caben, porque posiblemente son más iguales de lo que se creen. A Bermúdez le hunde totalmente cuando su abogado le informa de que Gonzalo no va a presentar cargos contra él. La respuesta de Bermúdez es: ¡qué hijo de puta!

Magnánimo el bueno de Gonzalo ahora que está él por encima del bien y del mal.

Sí, parece decirle “ahora te voy a restregar el poder que tengo y que siempre he tenido”. Lo ha arruinado, y ahora que lo ha conseguido yo creo que Gonzalo se vuelve tranquilo a España, hasta que se brote de nuevo y haga otra locura, porque posiblemente seguirá haciendo destrozos, porque hay algo demasiado grande que es la soberbia.

¿Cómo compusiste el personaje?

Estudié el comportamiento de Ted Bundy en la película de Matthew Bright, que era un asesino en serie y que como era abogado se defendió a sí mismo. Me basé en bastantes  cosillas a nivel expresivo, desde la sonrisa a los gestos de la cara y del cuerpo, pero sobre todo en la mirada. Hay un momento en el juicio, que es como si se le saliera el loco y se disipa el paripé-máscara de “soy un tipo encantador, exitoso, guapo y sonriente”, de repente, ves cómo en la mirada aparece algo feo, oscuro, como muy sucio, tenebroso… y es un momento perla en esa filmación, porque ves al loco, le ves el brote y luego ves cómo desaparece y vuelve a hacer el paripé, pero te lo muestra.

El personaje está lleno de pequeños detalles, como la forma de comer los caramelitos.

Le pedía a Hernán que me diera todos esos detallitos, y va todo repeinadito, todo afeitadito, con unos kilitos de más para que me hicieran redondita la cara, para que fuera más infantil todavía. En la película, Gonzalo tiene 28 años, y yo mucho menos no podía dar. Lo ajustamos con esa edad porque se ha ido con 9 años, han pasado 19, y estaba bien, cuela, y yo no doy menos de veintiocho. Sí hubiera molado que fuera de veintitrés, porque yo decía que cuanto más joven mejor, cuanto más infantil, más niño o más cerca de la niñez, mejor.

Es que si la perversidad proviene de un niño o un adolescente da mucho más juego, porque es rara y choca.

…es mucho más truculento, claro, pero es que ya no daba -se ríe de una manera confortable y repite-, menos de 28 no daba. -bien puede reírse, sólo tiene 35 años.

Alberto Ammann, ha conseguido un gran cambio físico para ser Gonzalo. Foto Luis Muñoz Díez

Tampoco hacía falta que fuera más joven, Gonzalo con 28 años tiene una edad perfecta y está muy bien compuesto el personaje: tan limpio, tan antigüito, tan cuidadito, con ese perfeccionismo obsesivo que tienen los que sufren este tipo de trastornos.  

Sí, eso a mí me parecía muy interesante, porque se supone que debe generar seguridad y que parezca el chico que desea tener por yerno toda suegra o que da tan buena impresión en los negocios, y esos rasgos son, precisamente, los que más desagradable le hacen. Obviamente, es una imagen acompañada de cómo habla y cómo dice lo que dice. Pero hay algo en la imagen que acentúa eso y funciona muy bien, me parece que verlo tan arregladito, tan repeinadito, tan…

Muy perfectito.

…Ja,ja,ja dan ganas de abofetearlo.

Está muy pagado de sí mismo, va de sobrado.

Sí, totalmente, pero es un autoengaño, es un tío que vive mantenido por la familia, que son ricos y el piso y el máster no se lo paga él, lo que pasa, es que cara a la galería él muestra eso, pero no es verdad. Yo no necesito a nadie ni dependo de nadie.

Muestra eso porque se lo cree.

Pero si no se vale por sí mismo, si se lo pagan todo.

El dinero, teniéndolo, tampoco es algo en lo que se piensa ni se aprecia de donde viene. Si eres de una familia acomodada puedes pensar que eres autosuficiente y que gastas muy poco y sólo dispones de lo necesario: un apartamento maravilloso, un coche de marca y una tarjeta que cubra tus pequeños gastos, y se toma por natural.

Y no sabes que te lo pagan papa y mamá.

No, piensas que tienes un apartamento pequeño, un coche pequeño, las comparaciones son odiosas y hay mucha gente que no tiene nada, pero con quién tú tratas gasta mucho más.

Sí, eso que dices es verdad.

¿A qué proyectos vas a proporcionar ahora suerte? -Alberto se ríe antes de contestar. En ningún momento ha perdido la sonrisa.

De momento, tengo la promoción de la película Combustión, de Calparsoro, y casi, casi seguro que después me voy a rodar una película a Argentina.

Le pido a Alberto que pose y le hago unas fotos para ilustrar la crónica de este grato encuentro, le comento que no habíamos coincidido hasta ahora, y le digo que espero coincidir con él a partir de ahora muchas veces. Eso será buena señal para su trabajo y el mío. Acabados el posado, nos despedimos dos veces, primero me da la mano mientras me dice “Te llamas Luis, cómo mi padre”, deshacemos el gesto y nos damos un abrazo.

Un verdadero placer señor Ammann. 

 

 

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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