“Adela” a partir de la La casa de Bernarda Alba, de García Lorca

“Adela” a partir de la La casa de Bernarda Alba, de García Lorca

20140410090800Para hablar de Adela, la obra de Rosel Murillo Lechuga, hay que decir que esta Adela se recrea en el personaje que lleva el mismo nombre que la hija pequeña de la Bernarda, que da nombre a la obra teatral de García Lorca: La casa de Bernarda Alba, un texto cargado de símbolos en el que se nos cuenta el cotidiano de Bernarda, sus hijas y sus criadas. Un mundo axfisiante de mujeres en que la presencia del “hombre” está prohibida, y a su vez es la única esperanza de salir de una casa controlada con mano de hierro por Bernarda.

La acción comienza en el momento que Bernarda se queda viuda, y la imposición de vivir ocho largos años de riguroso luto, que será para sus hijas una condena sin redención y les obligará a hacerse viejas entre esas paredes sin opción de conocer la vida, ni varón. Al mismo tiempo de su condena, se anuncia la boda de Martirio, la hermana mayor que no está obligada al luto por ser hija de un matrimonio anterior de Bernarda, con Pepe el Romano. Pepe el Romano se convertirá en un símbolo de libertad y claro motivo del deseo para todas las hermanas, que parecen resignarse a su suerte. Adela, la pequeña, no.

Pocas figuras representan al macho por excelencia como el Pepe el Romano de la La casa de Bernarda Alba. Un personaje que es pura esencia, al que no se ve, pero gravita sobre el escenario y domina sin tregua obsesivamente el pensamiento y las pasiones del mosaico de las mujeres que viven encerradas por su madre, mero brazo ejecutor de una usanza opresiva.

Era todo un reto poner cara y hechuras a Pepe el Romano, y no solo porque es la figura del deseo, va  mas allá de lo carnal, significa una puerta para la libertad, el placer del sexo, engendrar hijos, un soplo de aire fesco y una promesa de vida.

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Lucia Astigarraga y Victor Agra la “Adela” y Pepe el Romano de Rosel Murillo Lechuga

La función que firma Rosel Murillo Lechuga, modifica el final de Adela, que en la obra de Lorca se ahorca cumpliendo su trágico destino, para que su madre pueda decretar:Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! ¡A callar he dicho! Las lágrimas cuando estés sola. ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!”

García Lorca adora a la mujer y lo femenino. Las mujeres de su teatro son claras y directas, aunque estén equivocadas, por lo que choca esta Adela de Murillo Lechuga, que en una pirueta de imaginación no se quita la vida, si no que huye con el Romano. Esta Adela fabulada, ni añora la libertad, ni está enamorada de el Romano. No le mueve el amor, ni el deseo de hombre tan siquiera, si no el odio a su madre, y lo que significa, y es lo que  le incita a una rebeldía que le atenaza y no le permite gozar de su libertad, porque no es lo que busca, su motor es la venganza y es este sentimiento es tan insensato que suele conducir a la autodestrucción mientras se ejecuta y nunca se sacia. Pepe el Romano en la función de Murillo Lechuga, no es más que el arma para que Adela se posicione frente a Bernarda.

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Lucia Astigarraga es “Adela” de Rosel Murillo Lechuga

Adela, todo un símbolo de libertad en la obra de García Lorca, en esta función no es ni alegre ni todo corazón, es todo odio y egoísmo. El texto hace paralelos, imagino que para contemporizar la historia, pero esa pareja no puede ser espejo de nada. Son dos señoritos andaluces anacrónicos, que jamás han tocado tierra y ni Pepe trabajaría por amor a Adela, ni ella cocinaría para él, porque la obra de García Lorca es un ejercicio de símbolos y totalmente vigente como ejemplo de dominio y poder, pero difícil de aplicar a la vida cotidiana, porque Bernarda y Adela, eran y son una metáfora, tanto en 2014  como cuando la escribió el poeta granadino en 1936.

Se me escapa la intención de la autora Rosel Murillo Lechuga, para haber hecho hablar a la Adela de Lorca, que solo pretende una libertad legítima, y dotado de carne mortal a Pepe. Murillo Lechuga también firma la dirección con Antonio Domínguez, y si olvidamos su precedente Lorquiano, la opaca conclusión del texto y que tampoco engancha como función aislada, la obra tiene una puesta en escena correcta, iluminada por Pau Ferrer de una manera impecable, la escenográfica de Andrés Murillo y M. Ángel Potenciano es tan sencilla como eficaz, y el que escarben y encuentren objetos en el suelo del escenario es un acierto simbólico como el que busca un recuerdo perdido en la memoria. Lucia Astigarraga compone una Adela de mirada torva y movimientos sinuosos y esquinados, que imagino será como se lo habrán marcado, y así lo hace sacando adelante el papel con garbo, igual que Victor Agra, que maneja la voz y la mirada con suficiente peso, los dos actores hacen alarde de una estupenda expresión corporal, aunque no se adivine en Agra ni resto de Pepe el Romano, pero de eso el actor no tiene responsabilidad alguna.

Título: Adela/ A partir del texto La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca / Dramaturgia: Rosel Murillo Lechuga/ Dirección: Antonio Domínguez y Rosel Murillo Lechuga/ Intérpretes: Lucía Astigarraga, Victor Algra/ Diseño de iluminación: Pau Ferrer / Realización de escenografía: Andrés Murillo y M. Ángel Potenciano / Música: Armand Aamar / Vestuario: Azucena Calzada.

Teatro Fernán Gómez   Plaza de Colón, 4, Madrid

Fechas de 7 de mayo al 1 de junio

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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