Addio del passato, de Julio Bravo, emociona.

Addio del passato, de Julio Bravo, emociona.

Por Luis Muñoz Díez

Addio del passato es el debut de Julio Bravo como autor dramático, con el precedente de una pieza para microteatro estrenada en 2011, que llevaba por título “Oficina de patentes“, y que puso en escena Juan Carlos Pérez de la Fuente.

El autor define su obra como un melodrama, y no podría ser de otra forma, porque está inspirada en la ópera de Verdi “La Traviata“, que a su vez es una adaptación del dramón de Dumas, La dama de las camelias.

La historia básica la conocemos: a una cantante de ópera -después de cantar la Traviata- su médico le confirma que está herida de muerte por una enfermedad.  Una conversación previa a recibir la noticia, que mantiene Margarita con su mejor amiga, nos pone al corriente de que el amor para ella y su compañero es poco más que un reto de halagos, un juego de egos. La diva, aguanta la infidelidad porque no es tal, si no una moneda de cambio en una relación de cara al exterior. Cuando parece que su vida está cerrada, conoce el verdadero amor, y por amor renunciará al propio amor.

Julio Bravo ha tomado los datos que conocíamos como referente, pero a partir de ahí ha escrito un texto propio con total libertad. Con fidelidad de enamorado a su esencia, nos presenta en cuatro cuadros un texto que se pude definir como precioso, y lo es porque suena con la cadencia de la música, y porque ha concedido a cada personaje un lenguaje propio.

La Traviata es una sublimación del amor domado con la fuerza de la voluntad, y la fuerza quien la tiene es Margarita, que es una mujer. Sin duda, Julio Bravo ama el precedente que inspira Addio del passato, y en su obra sigue depositando la fortaleza en su protagonista femenina. Al resto de los personajes los veremos bajo su mirada, en especial a Armando, al ser el objeto de amor y deseo de Margarita lo veremos sublimado como objeto de amor y deseo más que como sujeto.

ada 3Otro debut es el de Blanca Oteyza, en su caso como directora, y si Julio Bravo es fiel a la esencia de su inspiración, Blanca es fiel a la mirada del autor. Su puesta en escena, para mí tiene un aliciente de partida, y es que si a los personajes del drama los percibimos a través de los sentimientos de una mujer, el que la obra esté dirigida por otra mujer respeta esa mirada y al tiempo reafirma el texto de Bravo.

El texto y la dirección indagan por los caminos de  lo emotivo, como requiere un buen melodrama, y Addio del passato lo es. Blanca mueve a los actores con la sobriedad precisa de un valette, y para los tránsitos o para reafirmar situaciones incómodas recurre con éxito a técnicas del cine mudo, como son los fundidos en negro y el congelado, en este caso de los personajes.

La puesta en escena ha contado con la dirección artística y el vestuario de Pier Paolo Álvaro, y el concepto escenográfico de Roger Portal. No he visto ningún trabajo de Álvaro y Portal que no me haya entusiasmado, y en esta ocasión se crecen porque Addio del passato se desarrolla en cuatro decorados diferentes. La dirección artística es sobria y certera, e impacta su limpieza, con un objeto marca el ambiente, sólo el vestuario daría para un largo artículo completo.

El papel de Margarita lo interpreta Lola Baldrich, que encarna y recrea una Margarita rápida, sensual y dueña de su destino en todo momento, encarando la adversidad de su renuncia de una manera que emociona.

Fran Calvo da vida a Armando, la directora ha administrado muy bien el tamaño y la apostura del actor, para que Lola Baldrich reafirme su amor y su feminidad, tienen una química extraordinaria los dos actores cuando están juntos. Fran afronta el reto de componer uno de los personajes más emblemáticos de la ficción romántica, y como es un actor excelente, al acabar la función si piensas en Armando, ves a Fran Calvo y si a su lado hay una Margarita esta no es otra que Lola Baldrich.

Noemí Rodríguez interpreta a la amiga de la diva, es un soplo de frivolidad en la obra, resta hierro al drama y lo provoca con su afilada lengua. Efervescente, amoral, no duda en contar lo que no debe, ni en preguntar algo si lo ignora, o poner la cara en vergüenza al doctor en público, empeñada por su mero capricho en que confiese su homosexualidad. Un personaje cierto, de carne y hueso al que Noemí compone con  acierto y le aporta vitalidad, frescura y belleza.

Orencio Ortega es el médico, una especie de ángel custodio que está al lado de la diva, de alguna forma vive su vida a través de ella. Orencio Ortega realiza un trabajo minucioso con un personaje callado y discreto en todo momento, con una riqueza añadida que sirve para caldear los ánimos antes de una violenta irrupción de Armando, en que el personaje es incomodado con una agresiva frivolidad por su condición de homosexual.

José Emilio Vera compone al personaje con el que se puede sentir menor empatía de toda la función, que es el particular novio de Margarita. Un vividor, infiel, machista y orgulloso que no sabe valorar a la diva. Una pareja de pura conveniencia, aunque el valor del personaje reside en ser marca y diferencia con Armado, sin un personaje no existirá el otro, y José Emilio Vera lo recrea muy bien.

Carolina Herrera interpreta a la hermana pequeña de Armando, una mujer consciente de la clase social a la que pertenece. Se encuentra con derecho a pedir, y a que no se le niegue lo solicitado, en este caso lo logra por la generosidad de Margarita. Carolina Herrera tiene una única escena, pero clave para la historia, y es el encuentro entre la amante y la hermana de Armando; como ya he apuntado antes en esta función las decisiones tienen nombre de mujer

Carolina Herrera y Lola Baldrich dan altura a una escena que vuelve a rozar el clásico, porque es un encuentro en la cumbre de unos sentimientos encontrados, en esta obra mestiza en que está presente la ópera, la danza, el cine y una protagonista -suene o no- que es la música. Carolina está deliciosa, precisa vestida por Pier Paolo Álvaro, en un registro que era nuevo para la actriz, que le supone otro paso adelante en su carrera.

La música está presente en toda la función, aún en los silencios. Ruth Rubio dobla su función de ayudante de dirección, y en determinados momentos toca el violín, con el que se puntualiza la función.

Addio del passato está trabajada desde el sentimiento, es una obra con vocación clásica por su estructura, con una puesta en escena elegante. La función está montada con un estética austera y limpia, y su grandeza es que todo fluye con facilidad, no se rasga ninguna costura que ponga en evidencia el gran esfuerzo que supone en teatro, que texto dirección, actores y ambientación se unan y sean un mero vehículo para adentrase en el abstracto mundo de la emoción del espectador.

No hace falta tener una bola de cristal para afirmar que esta obra dará mucho que hablar y tendrá un largo recorrido.

Los acores Fran Calvo y Lola Baldrich, una pareja con química, son Armando y Margarita en "Addio del passato" de Julio Bravo

Los acores Fran Calvo y Lola Baldrich, una pareja con química, son Armando y Margarita en “Addio del passato” de Julio Bravo

 

Título Addio del passato / Texto: Julio Bravo / Director: Blanca Oteyza / Intérpretes: Lola Baldrich, Noemí Rodríguez, Orencio Ortega, Fran Calvo, José Emilio Vera, Carolina Herrera y Ruth Rubio / Dirección artística y vestuario de Pier Paolo Álvaro /Concepto escenográfico de Roger Portal

Addio del passato, de Julio Bravo, se estrenó el 3 de mayo de 2016 en La PENSIÓN de las PULGAS, donde se representa Martes y Miércoles 20:30h – 20€

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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