Abril Zamora como Emcee, el latido del Kit Kat Klub de Cabaret

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Abril Zamora como Emcee, la bisagra de Cabaret. El musical en el Kit Kat Klub. © Fabián Morassut

Cabaret. El Musical en el Kit Kat Klub es un espectáculo que desarma y sobrecoge por la contundencia con que se hace cargo de su propia herencia. La escenografía y el vestuario de Felype de Lima, la iluminación de Valerio Tiberi y la coreografía de Gillian Bruce construyen, junto a un reparto sólido -con interpretaciones destacadas como las de Amanda Digón, Pepe Nufrio y la extraordinaria Carmen Conesa y un cuero de baile de vértigo una experiencia inmersiva, sombría y políticamente afilada. En el centro de ese engranaje escénico, el Maestro de Ceremonias adquiere un peso decisivo.

Resaltar la actuación de Abril Zamora en Kit Kat Klub Cabaret no es un acto de calibrar cualidades, sino de una lectura atenta del hecho escénico. Su trabajo funciona como una auténtica bisagra: sin esa presencia, el mecanismo del espectáculo sencillamente no funcionaria del mismo modo. Quien espere una interpretación clásica, virtuosa en el sentido académico del musical anglosajón, sencillamente no ha entendido la propuesta del cabaret ni el lugar que Zamora ocupa dentro de él.

“Abril Zamora como Maestro de Ceremonias” es el pulso del Kit Kat Klub Cabaret y de la toma de Berlín por los nazis

Abril Zamora no entra en escena para lucirse: entra para desestabilizar. Su trabajo se apoya en una cualidad que el teatro contemporáneo valora enormemente y que rara vez se reconoce en el musical comercial: la presencia significante. Cada aparición suya está cargada de intención política, de una mirada consciente sobre el género, el cuerpo y el espacio. No actúa “desde fuera” del cabaret; es cabaret, en su vertiente más incómoda y necesaria.

Su voz —a menudo cuestionada por quienes miden el musical con regla de conservatorio— funciona aquí como herramienta dramática, no como exhibición técnica. El quiebro, la aspereza, incluso cierta fragilidad vocal, no son carencias, sino decisiones expresivas que dialogan con el espíritu decadente, ambiguo y moralmente erosionado del Kit Kat Klub. Cabaret no trata de perfección: trata de fisuras.

El Kit Kat Klub, es un oasis donde nada es transgresor, porque todo está permitido para lograr todos los gozos…
El Kit Kat Klub, es un oasis donde nada es transgresor, porque todo está permitido para lograr todos los gozos… de frente en la imagen Alejandro Fernandez, Abril Zamora  y Gerard Mínguez ©Julia Marangoni

Zamora entiende además algo fundamental: el cabaret es un espacio de provocación directa al espectador. Su actuación no busca agradar; busca incomodar, seducir y luego retirar el suelo bajo los pies. Hay una inteligencia escénica notable en cómo maneja el silencio, la pausa y la mirada frontal, rompiendo constantemente la cuarta pared con una naturalidad que muchos intérpretes técnicamente impecables no logran.

Conviene recordar, además, la naturaleza misma del Kit Kat Klub. En su origen es un espacio de suspensión: un lugar donde las chicas son hermosas, los chicos son hermosos y donde todo parece permitido. El cabaret convive en paralelo con la vida cotidiana, como si pudiera mantenerse al margen de la historia, como si el gozo sin tasa fuese un refugio suficiente frente a lo que ocurre fuera. Pero esa ilusión es frágil. Cuando el hecho político irrumpe, no solo detona la vida exterior: arrasa también el gueto festivo que creyó poder protegerse del mundo.

La escenografía y el vestuario de Felype de Lima, la iluminación de Valerio Tiberi y la coreografía de Gillian Bruce ©JuliaMarangoni 
La escenografía y el vestuario de Felype de Lima, la iluminación de Valerio Tiberi y la coreografía de Gillian Bruce ©Fabian Morassutal

El final de la función es, en ese sentido, demoledor. Desaparecen la música y el color; el espacio se vacía de artificio y se transforma en una cámara de gas. No hay excepciones ni jerarquías: todos los cuerpos son gaseados, incluida la maestra de ceremonias. La escena es breve, pero devastadora. Los intérpretes aparecen desnudos, privados de toda dignidad, y sus cuerpos se difuminan en el gas hasta desaparecer. El cabaret, que se creyó inmune, comparte el mismo destino que la calle. Y el silencio que queda es absoluto.

Criticar la actuación de Abril Zamora desde parámetros tradicionales es legítimo; negar su potencia escénica es miope. Porque el teatro no es solo técnica: es riesgo, verdad y posición. Y enKit Kat Klub Cabaret, Abril Zamora no solo actúa:toma partido.

El final de la función es, en ese sentido, demoledor. Desaparecen la música y el color; el espacio se vacía de artificio y se transforma en una cámara de gas

Cabaret. El Musical en el Kit Kat Klub está programado en el UMusic Hotel Teatro Albéniz mas información AQUI

Con libreto original de Joe Masteroff, música de John Kander y letras de Fred Ebb, Cabaret, el Musical está basado en la obra de teatro I Am a Camera de John Van Druten en 1951, que a su vez es una adaptación de la novela Goodbye to Berlin de Christopher Isherwood publicada en 1931. Una producción de LETSGO por acuerdo especial con Concord Theatricals, en coproducción con Marianna en Viu y con la colaboración de UMusic Hotel

Reparto Amanda Digón (Sally Bowles), Abril Zamora (Maestro de Ceremonias), Pepe Nufrio (Clifford), Carmen Conesa (Fräulein Schneider), Pepa Lucas (Fräulein Kost), Gonzalo Ramos (Ernst Ludwig) y Tony River (Herr Schultz).

Julio Awad (dirección musical), Romeo Urbano (dirección residente), Valerio Tiberi(iluminación), Poti Martin (sonido), Gillian Bruce (coreografía) y Felype de Lima(escenografía y vestuario).

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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