Madrid, Nebraska

Madrid, Nebraska

Madrid-Nebraska_BartlebyQue no, que el relato no es mercadería de bagatela. Tranqui. El cuento, el relato es la hostia, dice el cuentista. No, no, la poesía es superior, dice el poeta metido en su camiseta negra de  azaritsmos (Lo prometido es duda, Bolo),   mientras se coloca las gafas y juega con un moco seco, la máxima expresión de la libertad (la poesía) , tal como dijeron 1.597 poetas con anterioridad. La novela tiene más constancia, más trabajo, dice el gilipollas del novelista.

Vale, nada es un género menor. El relato tampoco.

Poe, Lovecraft, Raymond Carver, Cortázar, Bolaño, Chéjov, Kafka, Borges, Rulfo. Género menor, por los cojones. El cuento al lado del puto amo nunca discrimina. Ni la novela. La poesía es otro cantar.

Madrid, Nebraska tiene relatos cojonudos. Y en líneas generales no están estandarizados para ser presentados al premio de la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Plasencia. Es decir , de una madre coraje, de un ex-drogadicto que trabaja en Asuntos Sociales y de un homosexual de Chipiona que fue maltratado en el cole por el gordito de la clase y el Padre Tobías que era mucho más maricón que gay. Por eso, la voz de estos relatos es mucho más interesante que un premio de 2.500 euros y el segundo accésit consistente en un lienzo paisajístico de la hija tarada del alcalde.

De qué van estos relatos: de una loca del coño que echa espumilla por los labios y vive en Zaragoza y le abre una brecha en la frente a una tía que se casa con un norteamericano de Hudson, de un veterano del Vietnam que se va a vivir a Bloomington y le compra un Ford Mustang del 65 al hijo de su compañero muerto, de la road movie, del póquer , unas americanas borrachas y la Barbíe Fantasía Tropical, de Arizona y sus paletos, de un magnífico personaje, Peter Parker,  (a este tipo me rindo) que trata de superar su crisis matrimonial entre Spiderman y el porno lésbico de checas, de bicicletas oxidadas y bragas grandes de señora,  de una carrera de carteros atletas en Chicago con temática de amor homosexual , celos y carga erótica, de un viaje a la luna y las metáforas, del amor idiota y la psicopatía, de western al modo noche de mierda y quiera Dios que ardas en el infierno, hijo de puta, de la muerte en la carretera, las margaritas, las flores del marañón y la mierda que son los tanatorios europeos  tan parecidos a la terminal de un aeropuerto o a un Burger King, del verdadero Norman Bates que era Edward Theodore Gein, la madre muerta y la inseguridad líquida del asesino (magnífico), y entre otras muchas cosas de Eloy Tizón y el cuento de la porcelana rota.

 

En líneas generales, y salvo cierta languidez en dos o tres de cuyo nombre no quiero rayarme , el libro le ha quedado muy bonito a Bartleby, a Sergi Bellver. Y aunque hay calidad innegable,  ni hay antología infalible, ni lector insuperable, pero sí es verdad que queda el sedimento de un panorama que se llama Norteamérica, con sus experimentos, su obscenidad, su parodia, su absurdo en el laboratorio de la literatura (¿extrañamiento?) , y su Fante, su Bukowski, su Carver, la épica del western, la atmósfera asfixiante de la novela negra, y el descojone de la comedia (negra) cuando ha lugar.

 

And The Winner Is Paula Lapido. Peter Parker y la Crisis de la Mediana Edad. Le dije que Spiderman volvería a aparecer si ella regresaba a mi lado. Me pareció que se aguantaba la risa. Luego me contestó: Peter, no puede ser. Ya lo hemos hablado, lo nuestro no funciona y no tiene arreglo. Pero te aprecio mucho, etc. 

Así que me enfundé en el traje, que me quedaba bastante más apretado después de tantos nachos con queso, y me pasé una semana saltando por los tejados y lanzando telarañas, en busca del psicópata. 

 

Cuando hacía de Spiderman nunca mostraba mi rostro. Ni siquiera a Mary Jane. Mi idiosincrasia  consistía en salvar al mundo sin que el mundo supiera quién le salvaba, y así, de paso, poder ir por la calle sin que la gente me aclamase, etc. Pero aquella noche lo sentía todo de una forma muy diferente. Así que me quité la capucha y sonreí.

 

Me too. Principalmente me parto la caja torácica con dos coyunturas,  sátira y exuberante chispa (quiero decir a todo tren). Como dicen los inglesitos en el facebook y sus casas de cartón de Harrow Weald cuando ven el vídeo de un perro con diarrea o un gordo cayéndose al agua, esto es Laugh out loud (lol). Pues por ahí, Paula. Bien, Bartleby.

En esta antología hay chavales y no tan chavales. Como prima la chavalería, hay muchos niños grandes que escriben sus primeras obras como si fueran Stevenson, es decir, como si estuvieran de vuelta de los fraudes de la vida y las evidencias de la literatura. Eso está muy bien. Salvo cuando es demasiado manifiesto. Estoy tirando la piedra y escondiendo la mano. Y a veces los años dan para mucho en estas faenas de escribir en pijama, y la vida juzga la tinta.

Madrid, Nebraska, VVAA, Bartleby, 2014. 

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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