24 hores de la vida d´una dona en el Condal.

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Por NACHO CABANA

Llega al Teatro Condal de Barcelona (felizmente reorientado hacia el musical y rebautizado como Onyric) 24 hores de la vida d´una dona, versión catalana de 24 horas en la vida de una mujer con la que la compañía de Silvia Marsó lleva triunfando desde su estreno en el Teatro de la Abadía de Madrid en diciembre del pasado año. El espectáculo recientemente ganó, por votación del público, el premio al mejor espectáculo musical de 2018 que otorga la versión española de la web especializada Broadway world.

Se trata de una adaptación de la célebre novela corta de Stefan Zweig que la actriz y productora Silvia Marsó vio en París en formato de recital y que se ha convertido en un musical dramático de pequeño formato, es decir, algo muy raro de ver en nuestros escenarios.

Hay en la novela que le sirve de punto de partida al musical un concepto muy claro a partir del cual se elabora todo lo demás: ¿hasta qué punto un acontecimiento puntual en nuestras vidas puede condicionar nuestra existencia? El mismo Zweig ya había desarrollado la misma idea en Carta de una desconocida siete años antes (1922) de la publicación de 24 horas en la vida de una mujer (1929). Y antes que él, James Joyce en Los muertos, relato sito dentro de Dublineses en 1914.

El primer gran acierto de la adaptación y dirección de Ignacio García (y la dramaturgia previa de Christine Khandjian y Stéphane Ly-Cuongk que estuvieron presentes en el estreno barcelonés) es poner todos los elementos teatrales al servicio de esa idea central con la que el argumento conforma el retrato de su protagonista. Porque es el dibujo de esta mujer a la que una noche de pasión con un joven al que cree salvar de la ruina primero y la ludopatía después, la meta final del show.


De esta forma, Ignacio García busca desde el primero momento crear una atmósfera entre desesperada y oscura que será rota con los momentos de fugaz enamoramiento del personaje central. Y lo hace con una dirección de escena que subraya los claroscuros del texto mediante la iluminación de Juanjo Llorens y el vestuario de Ana Garay. Es precisamente este último elemento otro de los grandes aciertos de 24 horas en la vida de una mujer al convertirse en la correa de trasmisión de la evolución del personaje central. El pesado abrigo que porta Silvia Marsó en el inicio de la obra nos coloca en su vejez para después volver a los años elegantes con estupendos vestido y body negros para, tras la noche de amor, interrumpir la penumbra con un vestido rojo que rasga al moverse la nostalgia del recuerdo.


La música es también un elemento clave. Las canciones de Sergei Dreznin son portadoras de diálogos y argumento (qué bien resuelven Silvia Marsó y Marc Parejo los siempre complicados duetos) hasta el extremo de que toda la obra podría ser perfectamente cantada sin que se echara en falta recitado alguno. La formación elegida para interpretar en directo la partitura (trío de piano, violín y violonchelo) contribuye a que cierto fatalismo permanezca latente en todo momento. Acorde con la dirección escénica de García está la coreografía de Helena Martín.

Nada de esto serviría de nada si el eje alrededor del cual pivota todo fallara. Y Silvia Marsó ejecuta en escena lo que probablemente sea su mejor trabajo en años. Dramáticamente ya había demostrado en Yerma o en El zoo de cristal que es capaz de trasmitir todo el dolor y desamparo de ambos textos, pero ahora a ésta calidad actoral le añade un trabajo vocal de primer orden. Dicho de otra manera, hay pocas actrices en España de su generación capaces de aunar así interpretación dramática y musical.


La versión catalana de Roser Batalla es impecable en la adaptación de texto y canciones. Han cambiado los dos actores que acompañaron a la Marsó en la capital del estado español. Junto al ya mencionado, Parejo brilla Germán Torres como el narrador acometiendo el personaje desde una mayor contención que su antecesor en el personaje.

No se pierdan 24 hores a la vida d´una dona. Solo hasta el 25 de noviembre.

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Nacho Cabana

NACHO CABANA (Madrid, 1968) es guionista de cine y televisión y escritor. Desde “Colegio Mayor” (1993) a “Matadero” (2018) pasando por “Policías en el corazón de la calle”, “Médico de familia”, “Compañeros”, “U.C.O” numerosas series de TV llevan su sello . Así mismo es el coguionista de dos largometrajes de ficción, “No debes estar aquí” (2002) y “Proyecto Dos” (2008) y los documentales “Arizmendiarreta, el hombre cooperativo” (2019) y “Aute retrato” (2020) que fue nominado al Goya. También es el responsable de “Tres caídas” (2006), documental sobre lucha libre mexicana presentado en el Sitges Film Festival y otros certámenes internacionales. Como escritor ganó en L´H Confidencial 2014 con “La chica que llevaba una pistola en el tanga” (Roca editorial), el “Ciudad de Irún” de novela en 2004 con “Momentos robados” y el de cuento en el mismo certamen con “Los que comen sopa” (1993). “Verano de Kalashnikovs” (Harper Collins, México) es su última novela. Actualmente es tutor del módulo de ficción televisiva del Máster de Guion de The MediaPro Studios con la ESCAC y escribe críticas de cine, teatro y música en la revista cultural on line “Tarántula”. Viaja todo lo que puede y escribe aunque no pueda.

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