10.04, de Ben Lerner

10.04, de Ben Lerner

ben lernerPrimero: va de que te vas a morir y el planeta está hecho unos zorros.

Está muy bien que no vaya dirigida a Dios, ni a Obama, ni a Gandhi. Por tanto es una novela generacional (con toda la privacidad y el charme de un tío peculiar, no se le nota muy ternasco, ni pusilánime; vale, sí le cogería el móvil).

10:04 es un artefacto de especulación con el poema (y el arte que a veces se pone un poco meretriz de Lituania por las aspiraciones mercantiles), a veces épico y apocalíptico, a veces sarcástico y cómico, tan ocurrente como la propia introspección existencialista que aborda la chola de Ben. Nueva York, también Marfa – Texas – y esa constancia de la dantesca incertidumbre. Qué hay en el exterior, dónde está la puta enfermedad, qué seremos, qué quedará.

…el mundo se reordenaba a mi alrededor mientras yo procesaba palabras de una pantalla de cristal líquido. 

 

… un médico me había detectado de casualidad una dilatación de la raíz aórtica totalmente asintomática y potencialmente aneurismática que requería seguimiento y probablemente una intervención quirúrgica y cuya explicación más común a semejante edad era el síndrome de Marfan…

Y más: cada una de esas experiencias de recepción permanecían in situ, por así decirlo, de modo que cada vez que regresaban a una zona donde había recibido alguna noticia importante descubría que la noticia y un eco de su efecto seguían esperándote como una cortina de cuentas. 

Nota: la enfermedad le viene con ataque de autogestión de la conciencia. Qué somos, dónde vamos. La gravedad de la vida y en consecuencia, nivel introspectivo, trascendencia terrenal, en derivada de la tangente, frivolidad. Seamos fútiles.

Los pulpitos llegan vivos desde Portugal cada mañana y luego los masajean con sal gruesa lentamente pero sin descanso hasta que sus funciones biológicas se detienen; según la carta los masajean <<quinientas veces>>.

 

… ella me miraba con una indiferencia tan absoluta que me sentí como si fuera el ex celoso que quería evitar, un mojigato burgués incapaz de concebir  el erotismo fuera del léxico de la propiedad…

 

Las ganas de ser vulgar de Sharon superaban su vulgaridad. 

Asumamos que la destreza de Lerner es talento. Imaginen una prosa que se lee como una brisa de conciencia (no de darles el coñazo), la presencia del mundo, viendo las avenidas, los puentes, los restaurantes, las mujeres, con bucles de memoria que son pura littérature y la consecuente falta de confianza. Lloro pero soy brillante. Te voy a dar un existencialismo pero sin agobiar, sin brasa, porque me quiero desentender de una perspicacia de la hostia para que tú leas sin odiarme fuerte. El ego de los humildes. El flujo de la vida conviviendo con el acto de la escritura. Qué brillante puede ser el pulso tembloroso de la narrativa. Qué endiosamiento. Cómo lo agradecemos.

También , algunas risas de barbacoa con cuñados.


– Así que papá vio un vídeo en el que sodomizaban por dinero a unas jóvenes cuyas familias procedían del continente más poblado y vació su esperma en una taza y pagó a un puñado de personas para que lo limpiaran y se lo introdujeran a tu mamá mediante un tubo. 


En 10:04 se cuentan cosas de hoy, de ayer, de mañana con todo el crédito del soy un puto talento, a veces con unas tinieblas demasiado exploradas, pero ni empalaga ni molesta; la novela oxigena, se regenera en esos abismos que tanto le molan al colega de la complejidad de la memoria. De si pasa, está pasando, o no ha pasado porque te lo estoy contando. La pulcritud de la disposición narrativa tiene el suficiente charme para leer la novela a todo trapo.

Y por último una consideración teórico-práctica. La literatura y la no literatura, como propósito principal va de leer. Si la cosa funciona relativamente bien, pasamos a la acción. Compramos otra novelita. No obstante, cuántas veces llega lo ineludible: el autor deja de interesarnos, y mira qué era bueno, pero chico, hemos terminado un poco hasta las pelotas de los dealers que leen a Nietzsche y los niñatos con el Síndrome de Peter Pan; es inevitable. Fine. En el caso de Lerner, después de estas posteridades tan monas que parecen el Reloj Mundial de la Alexanderplatz, entiendo que estamos ante un runner de la literatura. Y tanto. Queremos más. Más planos, más tiempos, más acrobacias entre ficción y realidad, sarcasmo y apremio de la vida, escala existencialista y ganas de reventar la noche antes de tu funeral.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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