Xavier Ariza dirige «La mujer y el debutante», de Josep María Miró

Xavier Ariza dirige «La mujer y el debutante», de Josep María Miró

Un escenario es como un ara en donde se ha de ofrecer algo, una ofrenda que llegue o aburra al público, lo nutra, irrite o desazone. Es un riesgo que se corre, pero hoy por hoy no es más que un experimento con gaseosa, porque excepto en el estreno de «Oye patria mi aflicción«, de Fernando Arrabal, no he oído ninguna algarada en el patio de butacas de ningún teatro, ni la mínima señal de protesta de un público en general sumiso y silente.

Si lo anteriormente dicho es un garante para la integridad de directores e intérpretes, otra lectura menos conformista es la que muestra la realidad de que el teatro no es el acicate de emociones que debería ser. Estoy seguro que los hombres como Xavier Ariza echan de menos ese fluir de sentimientos que deberían ser vaso comunicante entre escenario y patio de butacas.

ciervoXavier Ariza ha querido presentar una obra amable, «La mujer y el debutante«, de Josep María Miró, que juega desde el minuto cero al cuarenta con un goteo bien medido de situaciones que no se cierran y pasa a proponer otra nueva.

Para ver la «La mujer y el debutante» hay que dejarse llevar hasta el abandono, al final de la función te quedará claro que la historia es exactamente lo que parece: un juego teatral.

En la función se toca la insatisfacción artística, también la amorosa, los personajes han decidido salirse del libreto marcado y acomodan su rol. Ángela, la mujer, ha sido una esposa que no se resigna al contratiempo de no ser ella la deseada, y ofrece la caza que él con más gusto paladea. El marido flota toda la función en el aire, aunque no sale es protagonista y actor y le devuelve el amor generoso amor con que le ha tratado su mujer.

La dama insiste que son observados y ciertamente lo son, porque están en un teatro, juega con lo que somos y lo que representamos ser, quedando dolorosamente claro que nos preocupa menos ser coherentes con nosotros mismos, que controlar la imagen que ofrecemos ahogándolo si es preciso nuestro ser natural.

La escenografía es realmente apabullante, parece un set de televisión en los que se filmaba teatro en directo, una reproducción minuciosa de una sala, un decorado perfecto con un orificio producido por un impacto del que surgen unas grietas bien trazadas  y del que parece brotar algo, algo que no se define pero que es sin duda el punto flaco de esa mujer que ha decidido aislarse, y por ahí se le cuela el exterior su pasado o ella misma.

Y si la escenografía es impactante, el vestuario de la mujer es una policromía de cachemir brillante en rojos y lame negro llamativo, la dama no es otra que Mamen García, decir de su voz y su movimiento es teatro en estado puro no sería más que repetir lo sabido, pero hay en ella algo que fascina olvidando cualquier canon lógico porque desde el escenario imanta la atención como una diva del Hollywood mítico.

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A David Matarín le he visto interpretar papeles muy variados y siempre ha salido airoso de su cometido, pero este era un reto difícil, tarda en definirse cual es la verdadera relación con la mujer, se puede pensar que es un amante por horas, un autor en busca de una actriz que mitifica. Josep Maria Miró y el director Xavier Ariza, plantean el juego y van dando pistas y hasta el final no se sabe quién es realmente el joven ni cual es el verdadero carácter de su relación.

David Matarín cumple todos sus cometido con un minucioso trabajo, y cuando el velo se descubre aprecias con mas claridad los ricos matices de su personaje.

«La mujer y el debutante» cuenta con un buen texto de Josep Maria Miró, que intriga, un montaje con una factura que sorprende: decorado, vestuario y luces, están cuidadas con mimo por Xavier Ariza, y la interpretación de Mamen Gracia y David Matarín es excelente.

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La interpretación de Mamen Gracia y David Matarín es excelente.

Título: «La mujer y el debutante» / Autor: Josep Maria Miró /  Traducción: Miguel García / Dirección: Xavier Ariza /  Intérpretes: Ángela es Mamen García y Alberto es David Matarín / Escenografía: Mitxel C. Oliver / Vestuario: Ropita de Ultramar para Lola Queipo / Iluminación: Nerea Castresana / Maquillaje: Quica Belda / Espacio Sonoro: Frank Dushanbe / Construcción Escenografía: Hipérbole Decorados / Fotografía: Anne Altuna / Cartel: Antonio Gómez / Producción Artística: Blubalum Films / Una producción de Los Unos y Los Otros.

Umbral de la primavera

Sábados de marzo a las 20:00 horas

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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