Wonder Wheel, de Woody Allen

Wonder Wheel, de Woody Allen

Woody Allen parece encontrarse cómodo revisando el pasado de Estados Unidos, especialmente el que coincide con su niñez o primera juventud. No resulta extraño, por tanto, que Wonder Wheel sea una mirada nostálgica a Coney Island en los años cincuenta, entonces un lugar de entretenimiento habitual para los neoyorquinos, y el teatro de Eugene O’Neill o Tennessee Williams, dos dramaturgos que eran muy respetados en aquella época.

La diversión y las atracciones de aquel antecedente de los parques temáticos contrasta con el drama de los personajes, que parecen sacados de una de las obras de los autores citados. De hecho, el narrador de la película, un salvavidas con ínfulas de autor teatral, parece exacerbar más si cabe el carácter trágico de los protagonistas a la manera de obras como Larga jornada hacia la noche o Un tranvía llamado deseo. En algún momento podemos pensar si lo que cuenta está manipulado para hacerlo más intenso.

No obstante, la trama, repleta de personajes fracasados e infelices, aborda un tema tan universal como humano: la capacidad que tenemos las personas para engañarnos a nosotros mismos y seguir adelante con opciones vitales que distan mucho de ser las ideales. Allen no esconde para mostrar las infidelidades y los engaños que ha ideado una película fuertemente teatral, donde los actores están dirigidos con menos mesura de lo habitual y los inmensos exteriores, gracias a la preciosista fotografía de colores saturados de Vitorio Storaro, adquieren un tono irreal, como si se tratara de un cuadro de un viejo anuncio.

El resultado es un largometraje de tono deliberadamente añejo que, a excepción de una escena de sexo, pretende captar la esencia del drama de calidad del Hollywood clásico. En algunos aspectos, la película puede recordar a Encuentro en la noche, una olvidada cinta de Fritz Lang que abordaba también los fracasos de sus protagonistas. A diferencia de Todd Haynes, que también ha tratado el género y la época con una estética parecida, la obra del neoyorquino no parece mostrarse demasiado crítico con el tiempo que retrata y prefiere ofrecer una obra que se recrea un tanto en las formas de aquella forma de hacer cine un tanto desaparecida.

El resultado es una obra menos humorística de lo que nos tiene acostumbrados el cineasta, pero más entonada que algunos de sus últimos trabajos. Como siempre, los diálogos y el excelente plantel de actores vuelven a ser lo mejor de la función. Kate Winslet borda a esa mujer madura y desesperada que encuentra su particular vía de escape en su romance con un joven salvavidas, mientras que James Belushi sorprende como ese marido cornudo y fracasado que se asemeja en alguna ocasión al mejor Karl Malden. No debemos olvidar tampoco a Juno Temple, adorable como esa mujer que huye de un marido mafioso, o un estupendo Justin Timberlake, que recuerda en muchos aspectos a los viejos galanes de Hollywood habituales en el tiempo que la película rememora.

Autor

Julio Vallejo Herán creció queriendo ser un héroe Marvel. Sin embargo, las películas, los libros y la música se cruzaron en su camino y, desde entonces, se fijó como meta escribir de asuntos más o menos culturales. Licenciado en Periodismo y Experto en Comunicación y Arte por la Universidad Complutense de Madrid, ha desarrollado su labor como comunicador y crítico en medios como Televisión Española, Europa Press Televisión, Lainformacion.com, Cine para leer, Tendencias Magazine, AB Magazine, Coveritmedia, Pasionporelcine.es, Freek Magazine, Verano Complutense, Supernovapop.com, Macguffin, Muchoruido.com, Basecine.net, Muzikalia.com, Cine 5 Estrellas (www.cine5x.com), Avant Press, Cinema Ad Hoc y Notasdecine.es.

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