TRES SOMBREROS DE COPA de Miguel Mihura

TRES SOMBREROS DE COPA de Miguel Mihura

Por NACHO CABANA.

Hace dos años escribíamos en estas mismas páginas a propósito de Jardiel: un escritor de ida y vuelta (que mezclaba episodios de la vida del dramaturgo con la obra Un marido de ida y vuelta): ¿Qué problema tiene, pues, el espectáculo que nos ocupa? Pues el propio texto. No porque esté, ni de lejos, mal construido si no porque todo en él resulta terriblemente desfasado. (…) Las situaciones, las reacciones, los personajes pertenecen al teatro popular de otra época muy lejana y hoy en día carecen por completo de gracia. Hay ingenio, claro, pero éste no ha superado el paso del tiempo.

Las mismas frases serían aplicables casi en su totalidad al montaje de Natalia Menéndez de Tres sombreros de copa con el que el madrileño María Guerrero cierra su temporada 2018/2019. Miguel Mihura escribió este texto en 1932 a partir de una experiencia personal en la que, estando a punto de casarse, se enamoró de una bailarina que le deslumbró y reveló el mundo de la farándula. Y ese choque entre la sociedad bien pensante y conservadora y el mundo de la bohemia da mucho juego cómico y podría seguir haciendo reír hoy en día sí, digámoslo ya, los productores del espectáculo se hubieran atrevido a encargarle a un buen dialoguista una versión 2019 de los chistes de antaño. Y no lo digo por lo políticamente incorrecto que suena hoy en día la palabra “negro” y los chistes consiguientes respecto a un africano.

Porque los personajes funcionan, la estructura también y el final agridulce sigue sorprendiendo. Natalia Menéndez (que le dedica el espectáculo a su padre Juanjo que la estrenó en el papel principal veinte años después de su redacción) reafirma el tono onírico que Mihura quiso dar a toda la peripecia de Dionisio a través de unos acertados números musicales que funcionan primero como interludios y luego se integran en la acción gracias a un escenario al fondo del escenario que aparece cuando el mundo del burlesque hispano toma las riendas de los acontecimientos. Es muy inquietante y divertido el coro de hombres con las máscaras de anciano en la nuca y todo el traje igualmente al revés.

 

Brillante así mismo el decorado del hotel antes de que la vida de Dionisio se desmadre. Las enormes puertas que se abren para reducir cuando conviene el espacio escénico y son traslúcidas según se quiera ver o no lo que pase después, la lámpara del techo que se mueve en paralelo al proscenio y la luz a ratos fría que llega hasta el patio de butacas son inteligentes aportaciones al show pero no compensan del todo que, frecuentemente, los personajes nos parezcan demasiado infantiles incluso haciendo el esfuerzo mental de situarnos al principio de los años 30 (¡ese diálogo romántico sobre los castillos de arena en la playa!).

Es de valorar tanto el esfuerzo de producción que supone tener a 18 actores en escena tanto como la habilidad de Menéndez para moverlos de un lado a otro, dando acciones y coreografías a cada uno de los presentes sin que nadie resulte forzado. Como pasaba en el citado montaje de Jardiel Poncela, el estilo de interpretación se asimila al de la época en la que fue estrenado el libreto si bien aquí algunos de los actores (sobre todo Roger Álvarez como Don Rosario) mecaniza en exceso sus movimientos y el recitado de sus líneas.

Pablo Gómez-Pando está correcto en el papel protagónico y algo mejor Laia Manzanares como Paula; sabe la catalana darle al personaje cierto candor sin caer en la niñería. Bien, como siempre, Mariano Llorente en“el odioso señor” y María Besant como Fanny. De los demás integrantes del casting consigue Menéndez que estén en el mismo registro interpretativo lo que no es poco.

Ya hemos destacado la escenografía de Alfonso Barajas y la iluminación de Juan Gómez-Cornejo. A ellos habría que añadir el excelente vestuario de Mireia Llatge y las coreografías de Mónica Runde.

Como dijimos hace dos años por estas mismas fechas, habría que empezar a separar la importancia histórica de algunos dramaturgos españoles de su vigencia actual.

O atreverse a actualizarlos.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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