The Grandmaster de Wong Kar-wai

The Grandmaster de Wong Kar-wai

Resulta terriblemente complicado para el que esto escribe enfrentarse a The Grandmaster, la nueva película de Wong Kar-wai después de la insólita incursión estadounidense que supuso My blueberry nights hace ya 6 años. Y lo es porque su autor mezcla en el título que nos ocupa tres universos de los que dos de ellos son ajenos al espectador occidental en general y a mi interés personal en particular.

El primero de estos universos es el del kung-fu con dos de sus principales variantes:  el “wing chun” y el “ba gua” así como los movimientos, filosofía y ubicaciones geográficas de cada una de ellas. El segundo “corpus teórico” convocado en el metraje es la historia de China y Hong Kong a lo largo del siglo XX mientras que la tercera línea narrativa es el itinerario personal de Ip Man un personaje histórico que fue maestro de Bruce Lee; su historia de amor y sus rivalidades personales.

Todo lo referente a las artes marciales y a la historiografía oriental está manejado por Wong Kar-wai pensando en un espectador con nociones suficientes de ambas como para no perderse en el entramado de nombres y hechos que presenta. Es decir, en un espectador chino. Y por mucho que haya montado tres versiones diferentes de la película (progresivamente más cortas) para los mercados oriental, europeo y estadounidense la verdad es que el conjunto no deja de resultar bastante confuso y, al menos para mí, irritante.

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Tony Leung en «The Grandmaster» de Wong Kar-wai

Irritante, básicamente, porque la historia de amor del maestro de kung-fu y sus rivalidades personales (es decir, el territorio donde más suele brillar el talento visual del director) aparece diluida entre imágenes de noticieros de la época  que intentan contextualizar los hechos (tarea condenada de antemano al fracaso al no ser lineal la temporalidad convocada) y, sobre todo, perdida entre diálogos sobre artes marciales aptos sólo para iniciados.

Hay, por supuesto (se trata de una peli de gran presupuesto) varias escenas de lucha primorosamente coreografiadas y rodadas intentando desesperadamente que se note la mano de su autor detrás de cada golpe, de cada caída, de cada patada. Lo que da como resultado que incluso las secuencias de acción se hagan paradójicamente lentas al combinarse planos a velocidad normal con otros en los que los 1000 fps de que es capaz la cámara “Phantom” resulten trepidantes al lado del “slow motion” usado por Kar-wai.

No se deje llevar, por tanto, el amigo lector por la publicidad desplegada. La presencia de Bruce Lee en el metraje se reduce a un puñado de planos al final del metraje. No hay en The Grandmaster nada sobre la industria del cine que tuvo a Lee en su principal embajador internacional ni tampoco sobre cómo aprendió éste su arte marcial siendo un niño.

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Ziyo Zhang en The Grandmaster, de Wong Kar-wai

En el apartado actoral brilla especialmente Ziyo Zhang que le da algo más que la réplica a Tony Leung que se defiende igualmente bien tanto en las secuencias de lucha como en las dramáticas.

La fotografía de Philippe Le Sourd es espléndida así como muy interesante el trabajo de sampleado presente en la banda sonora con temas originalmente compuestos para, entre otras, Érase una vez en América (1984) de Sergio Leone o Los ríos de color púrpura (2000) de M. Kassovitz.

The Grandmaster será probablemente amada por una parte de la crítica y objeto de sesudos estudios que no desmerecerán de los desarrollados a partir de la obra anterior de Wong Kar-wai. No sé si Harvey Weinstein logrará vender de cara a los Óscars la versión de 100 minutos como el nuevo Tigre y dragón (2000) de Ang Lee pero lo que sí advierto al amigo lector es que si quiere entretenerse con una película acción acuda a cualquiera de las al menos cuatro películas existentes acerca del personaje de IP Man

Porque The Grandmaster ha sido para mí la experiencia más soporífera que he tenido en una sala de cine desde Lincoln (2012) de Steven Spielberg.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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