Taller DanceForms en Naves Matadero: azar, arte y movimiento

Taller DanceForms en Naves Matadero: azar, arte y movimiento

Fue por casualidad. Y sin embargo un azar totalmente pertinente. Me explico: hace unos días estaba revisando el calendario de eventos culturales de Madrid, para el segundo fin de semana de mayo. Navegando en la web de Naves Matadero me topé con un curso de danza. Debo admitir que en un primer momento iba a pasar página. Básicamente porque yo era uno de esos alumnos que presentaba siempre el justificante médico al profesor, para eludir la asignatura de educación física. La noche anterior a la clase de gimnasia tenía una pesadilla en la cual la espaldera sueca se cerraba sobre mi costado y no me dejaba bajar al suelo, mientras veía, desde la cima de la maléfica escalera, a los demás riéndose estrepitosamente de mí. Pero lo que me convenció a participar en el taller DanceForms, impartido por Trevor Carlson y Ferran Carvajal, fue esa frase que anunciaba algo como “no hace falta ningún conocimiento previo de baile”. Y el precio, prácticamente simbólico: 10 Euros (considerando la duración total de ocho horas, repartidas en dos días). Pues dije, voy a ver de qué va esto. Seguro que habrá por lo menos algún bailarín guapo.

Trevor Carlson fue la mano derecha del mítico bailarín y coreógrafo Merce Cunningham. Un artista, éste último, conocido por ser un ilustre visionario de la danza contemporánea, a la vez que un maestro estricto y férreo con su equipo. DanceForms es un software de animación para danza que Cunningham utilizó como herramienta coreográfica y sería nuestro punto de partida, para elaborar el ballet que íbamos a presentar al final del segundo día de curso. Eran las diez de la mañana y estaba sentado en el plató de una sala de teatro (la última vez que pisé un escenario fue en Primaria, cuando hice de “árbol 3” en el recital de Navidad), concretamente en la Nave 10 – Sala Max Aub. Trevor nos divide en pequeños grupos y empezamos a trastear con el software. A mi lado están Paula, que estudia en el Centro de Tecnología del Espectáculo y Mar, que está haciendo una residencia artística en el propio Matadero (dentro del programa El Ranchito, que cuenta, en esta edición, con Sudáfrica y Nigeria como países invitados).

Cartel que nos indica el accesso a la Nave 10 – Sala Max Aub (Matadero Madrid).

“No os preocupéis si el maniquí digital gira la cabeza 360 grados o si levanta las piernas a la vez o si da un salto de espaldas…todo eso Cunningham lo resolvía introduciendo a otros bailarines y, conforme se desarrollaban las situaciones, iban surgiendo también los movimientos”. Así nos tranquilizaba Trevor cuando nuestros muñecos virtuales parecían haber sufrido un espasmo, en medio del fondo negro de la pantalla del ordenador. Nada más acabar la frase nos acerca unos dados de color rojo. “¿Qué hacemos con éstos?”, pregunto. “Dejaos llevar por el azar”. ¡Anda! Está de vuelta la casualidad de la que hablábamos al principio.

Merce solía tomar sus decisiones empleando monedas, pero principalmente los dados. Supongamos que tuviese a su disposición a doce bailarines. Tira los dados y sale un ocho. Ese será el número de artistas con el que va a empezar el primer movimiento. Luego hay que decidir si se van a desplazar hacia adelante o atrás en el escenario: de uno a tres será adelante y de cuatro a seis atrás. Y así con toda la secuencia de acciones que componen la obra.

Mis compañeras Paula y Mar, configurando el software DanceForms.

Bien, pues ya tengo mi pequeña coreografía. La voy a titular “Ceguera”. Trevor nos vuelve a separar. Me mira y dice “rojo”, luego sigue con mis compañeros “verde, rojo, verde, rojo…”. Estamos repartidos en dos grupos. Cada uno de nosotros tendrá que ejercer el doble papel de coreógrafo y bailarín. El destino quiso que mi pieza fuera un solo, pero también hay dúos, tríos, cuartetos y hasta uno grupal. Sigue una reunión del equipo para aclarar quién hace qué…yo intento usar mis artimañas de niño torpe y dejar el protagonismo escénico a los otros miembros del red team. Aun así me toca un baile en solitario…empiezo a sudar…pero admito que lo estoy pasando bien y, además, sí que hay bailarines guapos (de los veinte participantes la mayoría se dedican a la danza, a nivel profesional, otros somos artistas plásticos).

Se está acabando el primer día del taller DanceForms y ha germinado en mí una devoción absoluta hacia este nuevo papel de bailador moderno: tengo que levantar una pierna y, con la otra, dar cuatro saltos a la derecha, moviendo simultáneamente un brazo arriba y otro abajo. La cabeza se inclina hacia mi hombro izquierdo y luego doy otros ocho pasitos, con redundante ligereza (¡todo un reto!). Algo parecido a la escena de Kill Bill vol. 1, cuando O-Ren Ishii (interpretada por la actriz Lucy Liu) empieza a correr encima de la mesa y, de repente, le corta la cabeza al boss Tanaka. Mañana a la misma hora se me habrá olvidado casi todo, pero bueno, eso no quita que por un instante, como una minúscula gota reluciente que sobresale de una catarata de aplausos imaginarios, me haya sentido una especie de Roberto Bolle de Legazpi. Raúl, mi coreógrafo/mentor, me incita a hacer hincapié en la celeridad delicada de la acción. Yo asiento, con la cabeza aún torcida y los brazos moviéndose en el espacio, como si estuviera dirigiendo el tráfico en la Gran Vía. Son las 14:00h. Se acabó por hoy.

Ensayos y organización de las coreografías en la Nave 10 – Sala Max Aub.

Día dos. Ensayos generales. El vestuario del equipo verde destaca entre las tonalidades antracitas de las paredes de la Nave 10 del Matadero: una combinación de camisetas de colores pasteles y pantalones negros. Sus pies se mueven por los senderos de la experiencia. Un adiestramiento que ha durado pocas horas. Lo suficiente para marcar las directrices de las micro-coreografías que dan vida al conjunto. Mi equipo también se lo ha tomado en serio, pero una baja nos obliga a replantear nuestra escaleta.

Empieza a llegar el público. ¡¿Público?! Pues sí. Toman asiento algunos amigos de los alumnos y, entre ellos, está Mateo Feijóo, director artístico de Naves Matadero. La luz de los focos recalca la tensión en los rostros de los participantes. Ésta no es una competición pero hay suspiros y miradas de entendimiento que delatan la intención de impresionar a los asistentes. Ferran nos invita a disfrutar de nuestros ejercicios, con su tono sosegado y  a la vez vehemente. Cierra el puño, aprieta una sonrisa y suelta una frase que cambia la perspectiva sobre el desarrollo de mis prestaciones en el escenario. “No os agobiéis porque nadie conoce vuestros pasos”. Una afirmación tan evidente como ajena a mis pensamientos. Acabo de exiliar el miedo y aproximarme a la libre interpretación. Salvo por un detalle bastante relevante: ¡aún no he ensayado mi solo con la bailarina!

Un momento de la coreografía del equipo “verde”.

Una vez más Trevor me rescata de la corriente de nervios que sumergen mi vocación al perfeccionismo. Con su voz complaciente, moderando el estrés con pequeñas oscilaciones de la mano, que recortan rítmicamente la distancia que nos separa, llega hasta mi posición y, con deslumbrante naturalidad, me dice: “hazlo sobre la marcha”. Estoy fascinado con esta sencillez con la que resuelve cada problema. Me la quiero llevar a casa, para practicar con ella, nada más salir de aquí. Ni tiempo para asimilar lo que me acaba de decir que ya empiezo a dirigir mi propia pieza (bueno, la que hicimos el software, los dados y yo). Saco la chuleta que tenía guardada en el bolsillo lateral de mis vaqueros. La abro. Me arrimo a la compañera, que no tiene ni idea de lo que le espera, salvo que va a empezar dando la espalda a los espectadores. Nuestros ojos se atraen en búsqueda de un vínculo que apacigüe el temblor neurótico de la incertidumbre. Las ganas de experimentar y el desafío a lo previamente establecido, laten en el desconcierto de nuestros cuerpos enfrentados. La planificación brilla por su ausencia. Desdoblo el papel y empiezo a leer:

  1. Levanta ambos brazos a la altura de los hombros.
  2. Baja el brazo izquierdo hacia la cadera.
  3. Mueve la cabeza 360 grados.
  4. Levanta la pierna izquierda flexionándola hacia abajo.
  5. Te dejas caer al suelo y te das la vuelta mirando al público de frente.
  6. Abre las piernas a 180 grados.
  7. Levanta el busto.
  8. Levanta el brazo izquierdo.
  9. Baja el brazo izquierdo y con la mano izquierda te tapas los ojos.

FIN

Otras acciones en el escenario de la Nave 10 – Sala Max Aub.

Vuelvo a guardar el folleto y desaparezco dietro le quinte. Espero a que acabe la siguiente acción hasta oír un chasquido de dedos. Esa es la señal con la que todos los de mi equipo empezamos a correr en círculo. Es una carrera liberadora, que centrifuga la angustia del factor sorpresa y nos deja flotar en un mar de emociones. Porque en este taller hemos vivido un sinfín heterogéneo y peculiar de experiencias, arrasando preconceptos y abriéndonos a la posibilidad de que azar, arte y movimiento sean los elementos para crear una nueva alquimia del espectáculo. Unas prácticas creativas diferentes, que sirven como cimientos -y no como límites- para seguir explorando la naturaleza de nuestros quehaceres artísticos, así como aquellos que conciernen con la liberadora sensación de dejarse sorprender.

Me tengo que ir ya, pero ¡que hambre! Del uno al tres me voy a comer una hamburguesa con patatas en el restaurante que queda enfrente de la Casa del Reloj. Del cuatro al seis me conformaré con la ensalada que comparte protagonismo con unas lonchas de jamón, en el gélido y vacío anfiteatro de cristal y plástico, que forman las estanterías de la nevera de mi casa. El dado se pierde en una esquina. Por fin lo encuentro. Cinco. Bueno, en fin…gracias  Mr. Cunningham por cuidar de mi cuerpo apolíneo. Me despido también de Trevor y Ferran con la promesa, y el deseo, de ver su espectáculo Not a moment too soon. ¡Hasta el domingo maestros!

Autor

Andrea Perissinotto
Andrea Perissinotto es un artista italiano y comisario independiente. Vive y trabaja en Madrid desde el 2007, donde ha realizado diferentes exposiciones tanto individuales como colectivas. Sus obras se encuentran en galerías de Madrid como en colecciones particulares y públicas de distintos países. Entre sus proyectos de comisariado destacan “Exposición N. 1 (acto primero)” en Matadero Madrid y “Day Use” para el proyecto de nuevos comisarios en ROOM ART FAIR #3.

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