Superman. El primer superhéroe

Superman. El primer superhéroe

Tras un símbolo inconfundible, su figura se ha convertido en uno de los iconos más conocidos -e imitados- de la cultura occidental. Sus historias son seguidas por millones de lectores de cómics. Superman es un auténtico mito. En 2013 celebramos sus 75 años de vida.

El 21 de junio se estrena en España la última adaptación cinematográfica de sus aventuras (Man of Steel) bajo la experimentada dirección de Zack Snyder, cuya recaudación ya ha superado -en su puesta de largo en otros países- los 200 millones de dólares… en sólo un fin de semana. Como indica el presidente de distribución de la Warner para EE. UU., Dan Fellman (EFE), el film presenta “la mezcla perfecta de un superhéroe que llega no sólo al público fan del personaje, sino también a un público familiar, con grandes resultados para ambos”.

Los seguidores de Superman estamos de enhorabuena. La editorial mallorquina Dolmen rinde su particular homenaje al Hombre de Acero publicando una obra monumental sobre él, en tapa dura y completamente ilustrada (225 páginas, 21,95 euros), escrita por dos reconocidos especialistas en el personaje y el mundo del cómic: Mariano Bayona y Diego Matos. En ella encontraremos un exhaustivo análisis del desarrollo del personaje que recorre, de manera amena y pormenorizada, los 75 años de historia del inmortal superhéroe.

Cuando se pensó en la idea de un héroe procedente de otro planeta con poderes que le ponían más allá del hombre normal apareció por vez primera la figura del “superhéroe”. Hasta el momento, los grandes del cómic eran seres excepcionales, como Tarzán o Flash Gordon, pero todos ellos, pese a las proezas que pudieran realizar, eran humanos.

El primer superhéroe, p. 21

Como leemos en el Prólogo de El primer superhéroe, “las aventuras de Superman comenzaron su andadura en Estados Unidos en 1938 y para 1958 ya había siete títulos que contenían historietas de Superman con diferentes logos en sus portadas y con distinto tipo de peripecias en su interior”. Desde muy pronto, Superman se convirtió en un fenómeno difícil de clasificar y asimilar. Sus andanzas llegaron a España de la mano de la Editorial Novaro, y supusieron todo un avance respecto a los tebeos hasta el momento publicados en territorio nacional: a diferencia de éstos, las historias de Kal-El eran a todo color, “tanto las portadas como las aventuras del interior, formato vertical y tenían 36 páginas”, en contraste con el bicolor blanco-negro y el formato apaisado de series nacionales como El Capitán Trueno o El Guerrero del Antifaz.

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Pero llegaron los años de la -estúpida- censura y del -ignorante- control. En 1961, como explican los autores de este irrenunciable volumen, comenzaron a faltar en los quioscos los números de Superman. Tres años más tarde, su presencia en la prensa desapareció por completo. “¿La causa? Simplemente que los políticos de la época, a través de la C.I.P.I.J. (Comisión de Información y Publicaciones Infantiles y Juveniles) prohibieron la entrada en el país de toda una serie de superhéroes del cómic”: a su juicio, los poderes de estos extraordinarios seres hacían frente a los de los dioses… y por aquel entonces, como es sabido, España “era oficialmente un país con una única religión que sólo aceptaba a un Dios verdadero”. Superman era pura competencia. Un dato que, con el paso del tiempo, sólo serviría para engrandecer la leyenda.

De la suma de las virtudes: valor, justicia y autodominio, surge una cualidad del héroe que es integradora, la prudencia; pero entendida como “sabiduría práctica”, más que como mera cautela.

El primer superhéroe, p. 193

Todos conocemos la historia de Superman. ¿Pero a qué podemos atribuir la pervivencia de su figura? El gran atractivo de este personaje reside en una de las ideas más acertadas de sus creadores (Jerry Siegel y Joe Shuster): dotar a este superhombre, proveniente del desaparecido planeta Kypton, de una personalidad humana, y más allá, presentar a Clark Kent (su alter ego) como un mortal más inmerso en una vida normal y privada que debe atender cuando no surca los cielos de Metrópolis.

Superman es, ante todo, un héroe social. En su primera aventura protege a una mujer a la que maltrata su marido, prueba que un condenado a muerte es inocente y desenmascara a un senador corrupto. Aquellas historias, aún hoy, más de setenta y cinco años después de su primera publicación, siguen siendo plenamente actuales.

El primer superhéroe, p. 47

A diferencia de otros iconos de DC (como en el caso, por ejemplo, de Batman o Flash), la verdadera identidad de Superman es la que precisamente debe ocultar: la máscara de Kal-El es su apariencia humana, bajo la forma del tímido reportero del Daily Planet, Clark Kent. Una idea que ha servido a los lectores de los cómics del Hombre de Acero para identificarse con él. El propio Jerry Siegel señalaba, en una anécdota digna de mencionar, que

Clark Kent no surgió sólo de mi vida privada, sino también de la de Joe. Cuando estudiaba en el instituto, pensaba que algún día me convertiría en periodista, y me gustaban varias chicas atractivas que, o bien no sabían que yo existía o no les interesaba lo más mínimo mi existencia. Se me ocurrió: ¿qué pasaría si fuera realmente tremendo? ¿Y si hubiera algo especial en mí […]? Esa noche […] me vino el concepto de que Superman podía tener una identidad dual, y que en una de sus identidades sería dócil y bondadoso, como yo, y llevaría gafas, como yo. La heroína, que imaginé como una reportera, pensaría que él era una especie de gusano, pero al mismo tiempo estaría loca por el personaje de Superman, que podría hacer todo tipo de cosas fabulosas. En realidad, ella se moría de ganas de captar su atención… y la gran broma privada era que el tipo por el que estaba locamente enamorada también era el tipo que despreciaba.

Testimonio recogido en El primer superhéroe, p. 44

Vemos curiosamente cómo Superman surge, también en parte, como una especie de venganza por un amor no correspondido. Y ojalá toda historia de desamor terminara con un final tan feliz… ¿O no lo fue tanto? Siegel y Shuster, creadores del mito kryptoniano, acabarían años más tarde hartos de las multimillonarias ganancias de la editorial a costa de su trabajo (en 1940, tan sólo dos años después de su lanzamiento, los beneficios ascendían a la cantidad de 980.000 dólares). Como apuntan Mariano Bayona y Diego Matos, “los dos autores se sentían incómodos al ver que su personaje enriquecía a todo el mundo menos a ellos, hasta que en 1947 ya no pudieron más y llevarona  juicio a la editorial, que en 1945 había lanzado, por su cuenta y sin el consentimiento de Siegel, la figura de Superboy en la revista More Fun Comics“.

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Ambos fueron despedidos (llegaron a vivir épocas de dificultades económicas) e incluso se decretó que sus nombres desaparecieran de los cómics de Superman, negándoles así la paternidad del personaje. Aunque más tarde habría un acercamiento de las posturas, aún hoy, en pleno 2013, la disputa por los derechos sigue viva a través de los herederos de Siegel y Shuster. Como curiosidad, y gracias al generoso y encomiable trabajo historiográfico de los autores de El primer superhéroe, podemos leer las esquelas de sendos autores (aparecidas en las páginas de los cómics de DC):

Joe Shuster: 1914-1992. El mundo del comic-book ha perdido a un gran artista y a un auténtico pionero. Será profundamente recordado.

Jerry Siegel: 1914-1996. Miró al cielo. Se atrevió a soñar. Nos dio un icono. Y nos enseñó a volar.

No dudéis en leer El primer superhéroe de Mariano Bayona y Diego Matos que, en magnífica edición (cuidadísima, mimada al detalle), nos trae Dolmen en el año del 75º aniversario de Superman. Una figura que cobra más fuerza y vigencia  que nunca en estos temblorosos tiempos de crisis social y económica. Si sois lectores de las historias del Hombre del Mañana, el libro os asistirá como una pequeña enciclopedia a la que poder echar mano en cualquier momento; y si no lo sois… Si no lo sois no leáis este libro, porque os enganchará al primer superhéroe de tal manera que, a buen seguro, nunca podréis separaros de él. Por suerte.

dolmen

Autor

Licenciado en Filosofía, Máster en Estudios Avanzados en Filosofía y Máster en Psicología del Trabajo y de las Organizaciones. Editor y periodista especializado. Twitter: @Aspirar_al_uno

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