Sukkwan Island, de David Vann

Sukkwan Island, de David Vann

 

Sukkwan Island es una remota y salvaje isla deshabitada de Alaska donde David Vann desarrolla la tragedia. A ella se dirigen Roy, un muchacho de apenas trece años y su progenitor, Jim. Este previamente ha vendido su clínica dental para poder comprar la citada isla, convenciendo a la madre del chico para embarcarse junto a él a lo largo de un año en esta insólita aventura. Durante el curso escolar se ausentará del colegio y perderá el contacto con el resto de familiares y amigos. La excepción serán sus contadas visitas a la ciudad para verlos, como por ejemplo en Navidad.

Disponen de una cabaña y variados utensilios y víveres con los que en dicho periodo tendrán que abastecerse. Sin embargo su intención también es valerse de sus habilidades en la pesca y la caza para su manutención. Igualmente tienen la idea de cultivar un huerto y hacer una serie de mejoras en su futuro hogar, que serán necesarias si quieren resistir el duro invierno de Alaska. Su único contacto con el exterior será una radio y el piloto del hidroavión que les trasladó a Sukkwan.

Ubicados al pie de una montaña y con vistas al lago, los primeros días transcurren con algún que otro contratiempo: un oso entra en la cabaña en su ausencia destrozándolo todo y comiéndose parte de sus provisiones. Ante semejante imprevisto y en un arrebato, el padre persigue al animal para darle caza dejando solo a su hijo. Este comportamiento irracional y los sollozos nocturnos a los que tiene acostumbrado a Roy (el cual escuchándolo desde su cama en la oscuridad calla temeroso),  denotan ya de por sí un problema de fondo.

Según avanza la historia, su padre prosigue con sus lamentaciones nocturnas. Entre lágrimas comienza a confesar al chico sus infidelidades, algo que provoca en Roy odio y temor a partes iguales. Acaba de comenzar el verano y su progenitor sigue embarcado en su particular calvario, alentando al chaval en su deseo de que termine cuanto antes su periplo en la isla. Se arrepiente de haber accedido a acompañar a su padre en semejante locura.

Este es un comportamiento que por un lado nos muestra la necesidad de desahogarse que tiene Jim, hasta el punto de descargar su sentimiento de culpabilidad a través de su hijo, y por otro la de haber llegado a un punto de no retorno, en el que todo le da igual. La elección de la remota isla para la expiación de sus pecados agravan ya de por sí su estado mental y la estabilidad de su joven primogénito.

El ambiente en el que sobreviven se transforma en un mundo claustrofóbico y desalentador. Las primeras dificultades con las que han tenido que enfrentarse y principalmente el progresivo deterioro mental que sufre el padre, indican que en cualquier momento puede suceder alguna desgracia.

Roy solo encuentra momentos de paz en sus actividades diarias: pescar salmones (aquí el autor demuestra su profundo conocimiento de la pesca a través del detallado desglose de términos relacionados con ella), o cortar leña para construir un ahumador y otras edificaciones anexas a la vivienda.

Al poco tiempo y tras un supuesto intento de suicidio de su padre al caer por un barranco, los acontecimientos darán un giro totalmente inesperado. Jim sobrevive, pero nada volverá a ser igual. Una pistola y el destino harán que David Vann, el autor, nos sorprenda por completo. Llegado a este punto prefiero no desvelar que sucede, pero si me gustaría apuntar que la novela gana en enteros. Uno de los dos (continúo sin desvelar nada), se embarcará y nunca mejor dicho, en una huida de si mismo que finalmente le hará enfrentarse a sus propios fantasmas y comprenderlo todo.

Rocambolescas situaciones y un final de los que gustan, al menos a mí como lector, ponen la guinda a una novela de marcado perfil psicológico pero plagada de aventuras por tierra y por mar. Recomendable.

Aprovecharé el final de esta reseña para comentar dos cuestiones que aparecen en la historia y que están relacionadas con la Naturaleza. Y digo Naturaleza con mayúscula porque en esta aventura cobra vital importancia dado el protagonismo que posee al ser el contexto en el que se desarrolla. Alaska y la Isla de Sukkwan en concreto son un paraje salvaje en el que los dos protagonistas para sobrevivir matarán osos, cabras autóctonas, alces y otras especies animales. Este es un tema que puede ser controvertido, toda vez que su caza es innecesaria si nos planteamos los motivos en profundidad.

La segunda cuestión de la que me gustaría hablar aprovechando la ubicación geográfica de la isla  y según los últimos resultados de la comunidad científica internacional, es la disminución que se está produciendo de los territorios helados del planeta como el Ártico y por ende Alaska.

El ser humano es el responsable del cambio climático que se está produciendo, hasta tal punto que datos recientes ofrecen una realidad más que preocupante: entre 2011 y 2014 se perdió más de un billón de toneladas de hielo en Groenlandia, casi el doble de volumen que en las dos décadas anteriores (datos de la Agencia Espacial Europea). Fenómenos climáticos como El Niño ( que se produce en el Pacífico tropical provocando cambios en la velocidad y dirección de los vientos que producen tanto devastadoras precipitaciones como sequías y huracanes), son los causantes de estos desastres naturales que asolan el planeta y producen un nuevo tipo de migraciones. Los refugiados climáticos, que así se les denomina, se ven forzados a abandonar sus hogares en busca de un nuevo lugar donde poder vivir. Sirvan de ejemplo los habitantes del archipiélago de Tuvalu en el Pacífico (migraciones por el aumento del nivel de las aguas), y los de Senegal (migraciones debidas a las mortíferas sequías).

Resumiendo, todo ello es algo a tener en cuenta cuando nos sumergimos en los bellos y salvajes paisajes de Alaska descritos en la novela. Por lo tanto, reflexionemos…

One comment

  • Frescos, refrescantes parajes nos trae para degustación y recreo Javier Ubach en su reseña. En una pequeña novela a través de la novela original, Ubach nos muestra los caracteres y paisajes que encuadran y definen a esta historia.

    A tener muy en cuenta la relación del hombre con la Naturaleza, tanto en lo referente a su mera supervivencia como a los estragos que aquel puede provocar en esta por sus permanentes desafueros.

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