SOPA DE POLLASTRE AMB ORDI de Arnold Wesker.

SOPA DE POLLASTRE AMB ORDI de Arnold Wesker.

Por NACHO CABANA.

Los objetos. El atrezzo no está presente de manera corpórea durante las primeras escenas de Sopa de pollastre amb ordi (Sopa de pollo con cebada). Bueno, hay un objeto que sí lo está: el rodillo de amasar harina que Sara, la matriarca de los Kahn, se lleva a la manifestación antifascista de Cable Street. Estamos en el Londres de 1936. Acabada la Segunda Guerra Mundial, cada miembro de la familia protagonista llevará una vida diferente y aplastada por los poderes dominantes. Unas vidas en las que no tienen cabida los ideales comunistas que su madre les inculcó en la infancia y juventud. Porque la realidad se ha impuesto a estos; porque la propia izquierda se ha cavado una y otra vez su propia fosa peleándose unos con otros, reprimiéndose entre sí como hicieron los fascistas con la clase obrera; porque no se puede estar siempre hablando de cómo vivir en lugar de viviendo; porque no tiene sentido estar permanentemente a las puertas de algo grande que nunca llega.

Todos los miembros de la familia Kahn se abandonan al erosionador, destructivo e inevitable paso del tiempo. Pero la madre, no. La misma madre que agarró el rodillo de la casa para acudir a la manifestación en el East End que frenó el fascismo en Inglaterra sabe que no se puede conformar con tener una casa y una televisión. Que hay que seguir preocupándose por las cosas y la vida aunque todo se derrumbe a tu alrededor. Porque no hacerlo es morir.

El atrezzo aparece poco a poco a partir de la mitad de la representación. Los actores dejan la mímica y ya manejan tazas, sillas, mesas, libros… Hasta que el escenario se llena de cosas como se llenan las casas en las que uno vive mucho tiempo, objetos bellos o útiles destinados a que el tiempo y el uso los conviertan en basura. Por eso, como ocurre a mitad de la (sobrecogedora, bestial) última escena de Sopa de pollastre amb ordi, lo mejor es llevarlos de vuelta al pasado, al momento de la felicidad y las ilusiones que es a donde pertenecen, donde hacen falta, donde siempre permanecerán nuevos, como las banderas rojas ondeadas una tarde de triunfo. Alejarlos definitivamente del hall del teatro donde permanecen amontonados y esperando el fuego cuando acaba la representación.

Los objetos escamoteados en 1936 son las piezas robadas 20 años más tarde por los fantasmas de la felicidad para que de esta forma, el puzle esté al fin completo.

Ferrán Utzet dirige el texto de Wesker (el primero de una trilogía que se complementa con Raíces y Estamos hablando de Jerusalén) teniendo siempre presente las ideas centrales del autor, convirtiendo el entusiasmo inicial de la famila Kahn en movimiento, y la desolación final en quietud. La coreografía de sus siete actores entrando y saliendo del rectángulo iluminado que constituye el escenario es tan precisa como la caracterización de cada uno de ellos.

Màrcia Cisteró interpretando a Sarah Kahn se lleva la función. Primero porque su personaje podría ser el un estereotipo de madre coraje comunista pero no lo es porque Utzet da el mismo peso a ello que a su lado insoportable: “todo no se puede solucionar comiendo y durmiendo” le dicen. Sarah es claramente injusta con su marido, un pusilánime noqueado por sucesivos ictus, y Cisteró clava cómo la fuerza del personaje potencia y dinamita a la vez a sus seres queridos. Un personaje que piensa que solo se puede ser feliz a la manera en que ella lo es.

Lluís Villanueva como el esposo, Harry Kahn, marca la decadencia de su personaje principalmente con la expresión corporal, consiguiendo con el espectador la empatía que no despierta en su mujer.

Por su parte, Pol López, el extraño actor que sorprendió a todos en El curioso incidente del perro a medianoche, brega con el personaje que más evoluciona (o que lo hace de manera más radicalmente) de todo el texto. Desde el niño que es en la segunda escena al joven aterrorizado que regresa de París y al que, quizás (solo quizás) rescate del auto olvido la canción que nos había parecido una salida de todo para marcar la mitad de la función y que, al acabar ésta, se revela tan fundamental como esa sopa de pollo con cebada, extraño título cuyo significado se explica también en el desenlace.

María Rodríguez como Ada y Josep Sobrevals como su marido, , modulan su texto y expresividad sin dejar de tener en cuenta a quiénes tienen delante y en qué momento de la evolución dramática están todos ellos. Mírian Alamany como la tieta y Ricard Farré como Monty manejan con profesionalidad los personajes más funcionales del texto.

Un espectáculo excelente y demoledor que funciona por sí mismo o en función del reflejo que cada espectador quiera ver en la actualidad.

Hasta el 15 de Abril en el Fins Teatre Biblioteca de Catalunya, Barcelona.

Más información y entradas aquí.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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