SÓNAR 2019: Límites y limitaciones de la perfomance.

SÓNAR 2019: Límites y limitaciones de la perfomance.

Por NACHO CABANA

Back Symphony de Quiet Ensemble presentada en el Sónar Complex (auditorio reservado a las propuestas más tranquilas y teatrales) es una perfomance con un componente sonoro importante pero mucho menos que el lumínico donde los focos se erigen en protagonistas absolutos de un evento que incorpora a su desarrollo su propio proceso de preparación (ese que se suele hacer antes de que el público entre al recinto). Esto provoca un inicio bastante aburrido al no tener el espectador datos ni expectativas algunas acerca de lo que va a venir después.

Hasta que los proyectores de luz se alinean y comienzan a emitir haces coronados con diferentes formas creando un espacio visual donde no lo había, en el techo del teatro primero y por toda la sala después, simulando (en coordinación con el audio que deviene atronador) el bombardeo sobre una ciudad en guerra. Bernardo Vercelli y Fabio Di Salvo modifican las intensidades de cada chorro de luz al tiempo que coordinan el movimiento de los focos para crear en el aire unas imágenes fantasmagóricas que fueron aplaudidas en pie por el respetable.

También incorpora el proceso de creación a su perfomance la sobrevalorada Arca en su perfomance Sal de mi cuerpo. La larga espera para verla en la entrada del Sonar Hall y el entusiasmo crítico consiguiente, le aseguran a la artista venezolana afincada en Barcelona poder vivir muchos años más de haber coproducido un disco con Bjork. Porque ella y su show no son más que un egotrip, un hype retroalimentado.

Arca tiene una buena voz que usa de manera muy parecida a la de Anohni pero, a diferencia de ésta, ni sus canciones ni su desempeño en el escenario llegan a ningún sitio. Es más, da la impresión de que Arca está tan convencida de su genialidad que hace en cada momento lo que se le va ocurriendo: se pasa reptando por una pasarela sus buenos diez minutos (provocando que nadie vea nada), se besa con un espectador; se cambia interminablemente de vestuario delante del público; sale del Sónar Hall a la zona común, entra a los lavabos portátiles, sale de ellos, se sube a una de las barras, tira una cerveza; se vuelve a subir al escenario… y para cuando comienza el tramo final de su intervención buena parte del público que ha hecho cola para entrar ya se ha ido en busca de propuestas más coherentes.

Hay también unas buenas dosis de pretenciosidad en lo que fuera que ejecutó María Forqué con el nombre de Virgen María sobre el siempre sorprendente escenario Sónar XS. Cuando entré a este, la hija de Verónica Forqué estaba ya sentada sobre su mesa de maquinitas en ropa interior y cantando sobre unas secuencias no excesivamente brillantes. Sobre la cabeza, una especie de corona de luz verde con el alimentador colgando sobre su nuca y lágrimas de sangre pintadas bajo los ojos. Una barra de strippers la esperaba a un lado… y justo a mitad de la actuación deja sonando solos sus ritmos y se marca unas acrobacias que no desentonarían en el más acrobático club privado de Las Vegas.

Ya completamente desnuda y calzando zapatos con luces de colores dentro de los tacones, se volvió a subir a la mesa de mezclas y acabó su actuación pinchando temas de Daddy Yankee y Nicky Jam a los que había añadido bases más duras. Insólita propuesta, aunque hace años recuerdo haber visto en la discoteca La Paloma a un dúo de Dj´s que alternaban también los platos con la barra vertical.

En el Sónar+D destacó LedPulse Dragon, una pantalla tridimensional de LED formada por miles de pixels. Básicamente se trata de una serie vertical de tiras distribuidas en varios planos entre dos plataformas distantes aproximadamente dos metros en vertical que van formando imágenes similares a las holográficas pero mucho más manipulables y cambiables.

Algo parecido propone Nueveojos que también busca la tridimensionalidad sin gafas pero esta vez con proyecciones sincronizadas en diferentes capas ante el espectador. El resultado se acerca algo a una versión digital de un teatro diorama.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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