SITGES 03. Redenciones y zombis.

SITGES 03. Redenciones y zombis.

Por NACHO CABANA

El pasado viernes, mientras esperábamos pacientemente la cola de la sala Tramontana en el Festival de Sitges 2018 para entrar a ver la ya comentada en estas páginas Zoo, escuchamos una tremenda aclamación proveniente del interior del cine. Íbamos con bastante retraso y cuando las puertas se abrieron pudimos, desde el exterior, ver al público puesto en pie y aplaudiendo a rabiar a un grupo de japoneses que difícilmente cumplían los 30 e incluso, en algún caso, los 20.

Se trataba del equipo de la película japonesa One cut of the dead de Shinichiro Ueda, de momento y desde ya la película revelación del festival. Y es muy difícil hablar de ella sin arruinarla. Decir que es una comedia zombi sería quedarse corto sin faltar a la verdad; lo es, pero está lejos de la parodia. Podría tratarse de una narración en abismo o de un juego metalinguístico pero sonaría pretencioso y One cut of the dead está a años luz de eso. Pero tampoco es un canto de amor al cine de guerrilla, aunque algo hay. Dejémoslo en que se trata de un film que es a la vez su propio “making of”; un cruce entre La noche americana y la obra de teatro Noises off! de Michael Frayn pero con zombis. Es muy divertida y en su siguiente pase en el teatro Prado se llegó igualmente al delirio. Pregúntense antes de verla cómo se rueda un plano secuencia en una película de zombis.

También delirante pero en otro sentido es The night come for us de Timo Tjahjanto. Se trata de una producción indonesia que recuerda el cine del mejor John Woo y que convierte la vista aquí el año pasado, Brawl in cell block 99 de S. Craig Zahler en La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Mike Newell. Un arranque memorable, de sobrecogedora planificación, da pie a un argumento de redención (que importa poco pero no está mal ni es lioso) que enlaza una colección memorable de peleas, acuchillamientos, rotura y amputación de miembros entre otras muchas lindezas.

En los títulos de crédito finales de The night come for us aparecen al menos una treintena de nombres bajo el epígrafe “fighters” lo que induce a pensar que algunos de ellos lo son de lucha libre ya que muchas de las llaves que los protagonistas practican pertenecen a ese deporte pero con el aliciente especial de que aquí si llegan a matar al rival. Además del prodigio técnico (no me extrañó que Tjahjanto haya recurrido a la misma técnica de Yo, Tonya y haya sustituido las cabezas de los “wrestlers” por la de sus actores) quedan en la memoria secuencias que duelen al verlas como la del aparcamiento, la pelea en la carnicería o ese final donde se glosa un nuevo uso creativo del cutter. Memorables los personajes femeninos, desde ya referentes en el empoderamiento de la mujer en el siglo XXI, especialmente el de esa niña que presencia salvajada tras salvajada hasta que decide pasar a la acción. Un film para disfrutar en familia una y otra vez cuando esté colgada en Netflix el 19 de este mismo mes.

Galveston de Mélanie Laurent, es una estupenda adaptación de la novela del mismo título de Nick Pizzolatto, puro cine negro ubicado en la Texas profunda de los 90 que equilibra perfectamente la descripción de los ambientes en que se desarrolla la acción con el trazado de sus personajes y su peripecia policial. Ben Foster está eminente en su papel de perdedor abocado al abismo que busca la redención y Elle Fanning hace creíble su papel de “white trash” y “young adult” incapaz de ver las pocas oportunidades que tiene de llevar una vida mejor. Un trabajo muy maduro de Laurent, que demuestra que una mujer directora puede filmar una película tradicionalmente entendida como masculina priorizando la visión del extranjero en un universo geográfico ajeno (ella es francesa) sobre una supuesta visión feminista e incorporando de manera brillante los referentes genéricos a su discurso cinematográfico. Todo sin dejar de ser fiel a la novela en que se basa (adaptada no por su autor sino por Jim Hammett)

Finalmente, Pascal Laugier presentó Ghostland, una revisitación mainstream del universo de Mártires, la película que hace una década le puso en el mapa, con un ojo puesto en las películas de la saga Expediente Warren y otro en el cine de Rob Zombi. Ghostland es más fuerte que las primeras y sus planos tienen la duración suficiente como para ser decodificados por el espectador, aunque Laugier use la fuga psicógena lynchiana como una mera trampa narrativa. Está bien y tiene buenos sustos aunque no cabe sino esperar que el abortado proyecto de su director de reflotar Hellraiser sea activado en algún momento y allí pueda dar rienda suelta a sus rincones más oscuros.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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