SITGES 02. PAREJAS y ENCIERRO.

SITGES 02. PAREJAS y ENCIERRO.

Por NACHO CABANA

Aunque es, sin duda, debido a motivos presupuestarios, buena parte de las películas que estamos viendo en esta 51 edición del Festival de Sitges encierran a sus personajes en una casa y no salen de ella en prácticamente todo el metraje. Teniendo en cuenta que el cinéfago sitgeriano no sale del cine en todo el día, el síndrome de encierro comienza a extenderse por la villa del Garraf.

Domestik de Adam Sedlák es una excelente película checo-eslovaca que trata el tema de las adicciones en una pareja que quiere tener un hijo y el embarazo se les resiste. Él, ciclista con eterna pretensión de correr el Tour, se somete a unas disciplinas deportiva y alimentaria cada vez más fuertes que le hacen caer como poco en la vigorexia mientras que ella dedica sus días a medir la fertilidad de su cuerpo. La adicción de uno retroalimenta de forma negativa la del otro en una espiral autodestructiva que Sedlák cuenta abundando en planos detalles de los objetos domésticos que acompañan la caída a los infiernos de sus criaturas. Es angustiosa la tienda que el hombre monta alrededor del lecho conyugal para dormir como si estuviera a más de 2000 metros de altura y las secuencias de sexo son progresivamente más mecánicas y sórdidas. Ninguno de los dos logra sus objetivos pero sí destruir cada vez más al otro día tras día. Está muy bien aunque Sedlák (también guionista) insiste en repetir su idea central de la misma forma una y otra vez, creyendo que desesperando al espectador logra transmitir mejor la desesperación de la pareja de este su primer largo. Un buen trabajo, en todo caso para Novas Visions.

También está en crisis, de hecho están a punto de romper, la pareja protagonista de Zoo de Antonio Tublén una producción sueca rodada en inglés y traída a Sitges 2018 recién salida del horno. Justo cuando ella le va a decir a su cónyuge que se acabó la relación, una epidemia de infectados asola el Londres que habitan y tienen que quedarse encerrados dentro de su apartamento. Esto podría haber dado lugar a una versión zombi de la trilogía “Antes de…” de Linklater y de hecho la estructura de la película podría acercarla a ese tratado sobre el enamoramiento y su supervivencia al paso del tiempo pero los diálogos de Zoo y los sucesos que narran quedan lejos de alcanzar sus objetivos. Sobra una larga secuencia con unos vecinos que no aporta nada a la evolución de los personajes y parece desviar el discurso hacia otros territorios. Modula Tublén (así mismo guionista), eso sí, bastante bien el paso de la comedia al drama y acierta plenamente en su desenlace. Acaba siendo tan romántica como podía haber sido Clara sin su tramo final. Eso sí la modestia de la producción escamotea prácticamente del todo a los infectados sobre todo en momentos donde su ausencia denota una economía de guerra en su producción. Tampoco es tan caro maquillar a una docena de zombis.

No hay amor sino el deseo de un cuarentón de convertirse en sadomasoquista primero y en asesino después en Piercing de Nicolas Pesce, segunda película del director de la estupenda The eyes of my mother y con el siempre reivindicable Antonio Campos en la producción ejecutiva. Aquí todo el metraje se desarrolla en tres apartamentos y los pocos exteriores son cromas con maquetas de edificios insertadas posteriormente. Pesce sustituye el blanco y negro de su ópera prima por colores saturados y pantalla dividida (algo que también encontrábamos en Elizabeth Harvest) para inspirarse en las películas que Brian de Palma filmó en los 80, aunque aquí la apuesta estética le queda más impostada que en su anterior trabajo. Tiene Piercing un comienzo espectacular y buenos puntos de giro pero es de esas películas que al acabar echamos de menos el tercer acto. Excelentes Christopher Abbott, Mia Wasikowska y, en un cometido menos, Laia Costa.

Tampoco salen apenas de una casa los protagonistas de Deadtectives de Tony West solo que en esta ocasión la mansión está encantada y llena de fantasmas mexicanos con los cuales el director construye una versión bilingüe de Los cazafantasmas sacando partido a los malentendidos linguísticos a ambos lados de la línea que separa la vida de la muerte. Es divertida aunque podría haberlo sido más, José María de Tavira y Martha Higareda están estupendos y, sobre todo, el director ha dispuesto de algo más de dinero que en las anteriores películas comentadas para, sino rodar de verdad en México, sí contratar unos vistosillos efectos especiales.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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