Relámpagos de lucidez. El arte del aforismo

Relámpagos de lucidez. El arte del aforismo

Relámpagos de lucidez“Cuantas más prohibiciones en el mundo, mayor es la miseria de las gentes”. “La filosofía no es más que poesía sofisticada”. “¿Fortuna y fama? Lo que tiene de inconstante la una, tiene de firme la otra. La primera para vivir, la segunda para después; aquella contra la invidia, esta contra el olvido”. “Cuando un libro choca con una cabeza y suena a hueco, ¿se debe solo al libro?”. “Únicamente como fenómeno estético puede justificarse eternamente la existencia y el mundo”. “El recuerdo es un poco de eternidad”.

Los anteriores aforismos se los debemos a Lao-Tse -o a los sabios que conocemos bajo ese nombre y que durante siglos transmitieron la enseñanza del Tao Te Ching, Michel de Montaigne, Baltasar Gracián, Georg Christoph Lichtenberg, Friedrich Nietzsche y Antonio Porchia. Y a Javier Recas le debemos el haberlos recogido en Relámpagos de lucidez. El arte del aforismo (Biblioteca Nueva, 2014) junto con otros aforismos de igual o mayor calado filosófico tanto de los autores citados como de Marco Aurelio, François de la Rochefoucauld, Nicolas de Chamfort, Arthur Schopenhauer, Mark Twain, Ambrose Bierce, Antonio Machado y Emil Cioran. Probablemente falten algunos – Erasmo de Rotterdam, Ludwig Wittgenstein, Ramón Gómez de la Serna- pero no se puede discutir la presencia de ninguno de los otros. “El arte del aforismo” no es, por tanto, ni un manual para componer frases brillantes ni un canon al uso: “los aforistas -advierte Recas- ejercen de jíbaros, entusiastas reductores de la osamenta verbal a pulidas miniaturas”, jíbaros que conocen las figuras retóricas de la poesía, su capacidad para transmitir un saber camuflado de misterio y viceversa y las rescatan del ámbito poético sin dejar que caigan en las garras de la metafísica.

El género o estilo aforístico, si es que, como argumenta Recas, cabe hablar de tal cosa, se ha presentado bajo distintas máscaras formales, como pueden ser la máxima, la sentencia, el aforismo, el apotegma, el adagio o las “flores”. Su origen se remonta en cualquier caso a la Antigüedad clásica y llega hasta nuestros días, y su significado ha variado desde la expresión breve y doctrinal de los aphorismoi griegos a las sentencias generalmente con carácter didáctico o moral de la Edad Media y el Renacimiento y de ahí al “ejercicio de ingenio o agudeza” que caracteriza al aforismo desde el siglo XVII hasta nuestros días, cuando los límites entre la sentencia, la máxima y el aforismo son cada vez más borrosos y el género recoge cada vez más la subjetividad del autor. En ocasiones, destaca el autor de este lúcido ensayo, el nombre dependía más del país que del estilo propiamente.

Recas intenta dilucidar las razones por las que el aforismo conserva ese peculiar estatuto entre la filosofía y la poesía, un “resplandor capaz de suplir ventajosamente a prolijas explicaciones”, de provocar perplejidad ante lo ya sabido o abrir las puertas de lo desconocido con un solo golpe: “en el aforismo pesa tanto lo que expresa como lo que inspira”. Encuentra en ellos metáforas, paradojas, repeticiones, comparaciones, sarcasmos y sátiras, pero las figuras no agotan su originalidad; del mismo modo, el aforismo puede aparecer solo o junto con otros, incluso puede estar presente en una prosa más larga (Así habló Zaratustra, de Nietzsche, sería un ejemplo claro, al contener numerosos aforismos integrados en el propio texto) o en forma de poesía. No en vano en el libro aparecen poetas y novelistas como Antonio Machado o Mark Twain camuflados de filósofos gracias a sus dardos, y pensadores como Marco Aurelio o Schopenhauer que exploran bajo el disfraz del aforista un lenguaje cuasi-literario, cuando no directamente poético, amén de otros autores tan inclasificables como sus escritos, como Gracián o Lichtenberg.

 

Con un estilo extra-académico, ameno y lúcido como el de los aforistas, Recas dedica unas veinte páginas a cada autor, del que desgrana no solo la superficie de los textos escogidos, citados siempre con el rigor necesario, sino también su trasfondo, no solo su corteza, sino también su profundidad: su trabajo, como en la paráfrasis nietzscheana de la introducción, es un trabajo de “zapa”, de extracción de ese metal precioso que es el pensamiento. Gracias a ese trabajo, el autor de “Relámpagos de lucidez” nos llama la atención sobre estos pensadores más allá de las recopilaciones de frases célebres de los manuales de autoayuda, aunque el libro también puede leerse entre líneas -más bien saltando líneas- como una antología de los mejores aforismos de los autores citados.

 

La diferencia es que, afortunadamente, este libro no está destinado a quienes busquen un manual de autoayuda, sino a quienes se atrevan a recoger el desafío que suponen el pensamiento y el estilo de estos jíbaros, francotiradores y zapadores que hicieron de la pluma su arma más peligrosa.

 

 

 

Relámpagos de lucidez. El arte del aforismo. Biblioteca Nueva, 2014. 342 páginas. 22 Euros.

Autor

Federico Ocaña
He publicado Desprendimientos (Amargord, 2011). Mis poemas han aparecido en La sombra del membrillo, Cuadernos del matemático, Heterogénea, Sol negro, etc. y en Ochenta & 3 (antología en prensa, coord. Hipólito García “Bolo”). He ofrecido recitales en Expoesía de Soria, La Noche en Blanco, universidades, bibliotecas y centros culturales y colaborado como músico con Mª del Mar Ocaña en Almendra (Amargord, 2010), de Luis Luna y Lourdes de Abajo -ilustraciones de Juan Carlos Mestre y pórtico de Antonio Gamoneda, y como artista visual en “Equivocación” (2012) con Irene Tourné. Con Arantxa Romero, Pablo Álvarez e Irene Tourné he fundado el grupo Fractal. Soy Licenciado en Filosofía, Máster en Pensamiento español e iberoamericano (UCM) y ultimo el Grado de Lenguas modernas.

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