Re-Cordis. Un viaje por el mecanismo interior con Alberto Amarilla

Re-Cordis. Un viaje por el mecanismo interior con Alberto Amarilla

Alberto Amarilla, es energía en estado puro en Re-Cordis, de Amarilla, Del Pozo y Rubio. Foto Elisa Sánchez

Por Luis Muñoz Díez

Lo que vivimos, soñamos e imaginamos, tiene un lindero tan poco definido como la pincelada de una acuarela. Y si a una existencia normal, añadimos la condición de actor del protagonista de Re-Cordis, el viaje por el recuerdo y su geografía se convierte en una especie de juego de espejos, en que a veces, la imagen que nos devuelve el azogue no se corresponde con la nuestra esencial, si no con alguna prestada.

En el escenario donde se representa Re-Cordis, hay de fondo una cortina blanca, en el centro una silla, a sus patas unas zapatillas de cordones, y en el respaldo un pijama. De pronto, se abre una puerta contraria al fondo, y aparece un hombre de unos 35 años en calzoncillos, al entrar tras él, se cierra la puerta.

El hombre, al que presta voz y cuerpo el actor Alberto Amarilla, se pone el pijama, y sin transición, por una llamada de teléfono que atiende con un zapato. Sabremos que está en un hotel, y que él, no sabe dónde se encuentra, por otra llamada que atiende por el otro zapato, también sabremos que tiene una hija y una vida pasada que no recuerda.

Nuestra memoria se conforma como apuntaba antes con lo vivido y lo soñado, pero esa dualidad se complicó el pasado siglo con la llegada del cinematógrafo. Fue un punto de partida imparable, a un suma y sigue incesante de imágenes que percibimos de modo consciente e inconsciente, por el medio catódico, o los 1.009 conductos que dispone internet para calarnos.

El saldo de nuestro imaginario es una sopa de iconografías y sensaciones, propias y ajenas, que elaboramos en nuestros sueños, con lo que hacemos de lo ajeno propio. Y si sufrimos crack en nuestro recuerdo, resulta prácticamente imposible, alinear lo que meramente pertenece a nuestra biografía real.

El protagonista indagará de su entidad perdida, guiado por en el proceloso camino de lo imaginario, y los claroscuros que iluminan su recuerdo. Unas veces es guiado por su propia voz, otras por la voz de los personajes que ha interpretado, y otras por la de personas que ha conocido en su vida cotidiana.

Sintiéndose de don Quijote a Segismundo, o alguna persona del cotidiano, como la impagable “profesora funcionaria”. Mariano Rajoy o el mismo Iker Jiménez, que le guía por la cuarta dimensión.

La historia es un delirio apremiante, pero siempre camina por un sendero positivo. Nos proponen el símil de ser como un hotel, en que el estado de conservación de sus habitaciones es diferente, yendo del total deterioro al perfecto estado de servicio, y la incomunicación estanca de unas con otras en nuestro consciente.

En la imagen Alberto Amarilla, entra y sale, por esa cortina al teatrillos de sombras. Re-Cordis, de Alberto Amarilla, Mabel Del Pozo y Sergio Rubio. Foto Elisa Sánchez

En la imagen Alberto Amarilla, entra y sale por esa cortina al teatrillos de sombras. Re-Cordis, de Alberto Amarilla, Mabel Del Pozo y Sergio Rubio. Foto Elisa Sánchez

La cortina del fondo guarda un secreto, en forma de un delicioso teatro de sombras, que como en un Retablo de las Maravillas, se representará para su propia comprensión de nuestro hombre, sus ideas, y se materializaran los personajes de sus ensoñaciones.

La búsqueda cumple su objetivo, y nuestro personaje sabrá porque ha elegido olvidar. A veces hay episodios que conducen a un dolor tan intolerable, que la memoria los evita, y el recuerdo vuelve cuando ese dolor se puede asumir. En este caso la redención llega, cuando es consciente de que ha vivido y sobre todo que ha amado, y asumirá su situación, como el riesgo que entraña siempre vivir.

El personaje es un torrente de muchas corrientes, la autoría tricéfala de Alberto Amarilla, Mabel Del Pozo y Sergio Rubio, ha dado  muy buen resultado, como la codirección de Amarilla y Del Pozo.

Alberto Amarilla realiza un trabajo extraordinario. El actor es como un médium, se deja habitar por cada uno de los personajes que le guían, o confunden, en su búsqueda. Logra una interpretación magnética, profunda y divertida, con la que capta la atención sin tregua desde que aparece en escena, al final de la función.

Al margen del extraordinario trabajo actoral de Amarilla, acompañado únicamente por la bien timbrada voz en off  de Nuria Gago, se siente que detrás hay un equipo compacto, que da como saldo una factura óptima de la obra.

Alberto Amarilla, es energía en estado puro en Re-Cordis, de Alberto Amarilla, Mabel Del Pozo y Sergio Rubio. Foto Elisa Sánchez

Alberto Amarilla, es energía en estado puro en Re-Cordis, de Alberto Amarilla, Mabel Del Pozo y Sergio Rubio. Foto Elisa Sánchez

Dramaturgia: Alberto Amarilla, Mabel Del Pozo y Sergio Rubio Codirección: Alberto Amarilla y Mabel Del Pozo Actor: Alberto Amarilla Amarilla Voz en off: Nuria Gago Mentora del proyecto: Sol Garre  Asesores científicos: Julio Bogeart y Lucía Utrera Coreógrafo y asistente de movimiento: Alberto Arcos Diseño iluminación: Judit Vicente Espacio sonoro: David Flores Espacio visual: José María Flores Escenografía y atrezzo: Lui Talavera Diseño Vestuario: Federico Pouso Fotografía y cartel: Moisés Fernández  Producción ejecutiva y Distribución: Ana Gardeta.

Del 20 al 29 de octubre de 2017 en cartel en Teatro Intemperie de Madrid más información de fechas y horarios aquí.

RE-CORDIS, se estrenó el 8 de mayo de 2017, en Teatro del Arte, dentro de SurgeMadrid.

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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