Pablo Martínez Bravo, dirige «Hasta Palomares». Una comedia de Adrián Perea

Pablo Martínez Bravo, dirige «Hasta Palomares». Una comedia de Adrián Perea

En la imagen los actores José Emilio Vera, Manuel Pico y Camila Almeda en un momento de la obra de Hasta Palomares, de Adrián Perea, dirigida por Pablo Martínez Bravo Foto Julio Martínez

 

Por Luis Muñoz Díez

 

Hasta Palomares, de Adrián Perea es una comedia con sabor amargo, y escalofrío, que rememora un hecho siniestro, y homenajea la obra de Pedro Almodóvar

El autor toma como referencia el accidente nuclear ocurrido en Palomares el 17 de enero de 1966, en el que dos aeronaves de la Fuerza Aérea estadounidenses: un avión cisterna, y un bombardero estratégico B-52, colisionaron en una maniobra de reabastecimiento de combustible, que provocó el desprendimiento y la caída, de las cuatro bombas termonucleares que transportaba el B-52.

El suceso causó un daño irreparable en la zona, a pesar de que las operaciones de limpieza le costaron al ejército estadounidense 80 millones de dólares, de la época. Pero el mal ya estaba hecho y la tierra contaminada de Plutonio, en una España que tenía puesta su expectativa de progreso en el turismo de sol y playa.

Una imagen dio la vuelta al mundo, para exorcizar la zona del siniestro. En la imagen aparecía el embajador estadounidense en España acompañado del camaleónico Manuel Fraga, ministro de información y Turismo en el franquismo, en democracia fundador de Alianza Popular, refundada en lo que hoy es el PP.

Cartel de Hasta Palomares en él, el camaleónico Manuel Fraga, con su calzón de baño imposible

Cartel de Hasta Palomares en él, el camaleónico Manuel Fraga, con su calzón de baño imposible

Hasta aquí el precedente, y partiendo de ahí, Adrián Perea construye un juguete cómico de humor negro, protagonizado por Raimunda, una mujer que vive encerrada desde aquel desgraciado 17 de enero de 1966. El motivo de su encierro es que guarda un secreto que le confió su madre. La mujer ha entretenido su obligado cautiverio, cuidando sus macetas, su árbol, y viendo en VHS -jamás DVDs- de la filmografía de Almodóvar.

El autor ha hilado y entrelazado los diálogos de las protagonistas femeninas “almodovarianas”, y Raimunda es una hija espuria de todas ellas.

Raimunda recibe de improviso la visita de su hija Kika, que quiere reconciliarse con ella, le acompaña su novio, un joven que también guarda un secreto.

Pablo como director, realiza una delicada reconstrucción del mundo Almodóvar, recreando un patio similar a los que filma el cineasta manchego. Este trabajo es el primer logro, con una estupenda escenografía que firma Kike Uhalte, con una adecuada iluminación de Álvaro Nogales y un vestuario impagable de Andrea Torrecilla.

La obra de Almodóvar, icóno de la movida y garante del éxito internacional, ha sido imitada plagiada, homenajeada, manoseada por muchos, por lo que este trabajo no era una tarea fácil.

Pablo Martínez Bravo, realiza una labor de reconstrucción, con un tacto extraordinario.  Se identifica con su origen y la intención del autor, pero la función tiene valor por si misma, y la labor de dirección de actores es excelente, sin caer en el exceso, ni en la parodia fácil.

En la imagen José Emilio Vera y Camila Almeda, Raimunda y Kika en Hasta Palomares, de Adrián Perea, dirigida por Pablo Martínez Bravo Foto Julio Martínez

En la imagen José Emilio Vera y Camila Almeda, Raimunda y Kika en Hasta Palomares, de Adrián Perea, dirigida por Pablo Martínez Bravo Foto Julio Martínez

A Raimunda le da vida José Emilio Vera, que compone con acierto a una mujer seca de trato, a la que se le escapa nada.

Camila Almeada es Kika, la hija de Raimunda, como no puede ser de otra forma, es una criatura totalmente “Almodóvar”. Vive en un permanente estado de ansiedad, que tapona con 1001 pastillas. Camila dobla su papel de Kika, con un personaje tan etéreo como juguetón, del que no quiero desvelara nada, porque es una de las agradables sorpresas de la obra.

El actor Manuel Pico, es el novio de Kika, pero guarda un secreto, y está claro que no sabe dónde se ha metido, porque la casa de Raimunda es un lugar que no controla del todo, ni la propia Raimunda.

En la imagen José Emilio Vera y Manuel Pico, Raimunda y el "novio¨ de Kika en Hasta Palomares, de Adrián Perea, dirigida por Pablo Martínez Bravo Foto Julio Martínez

En la imagen José Emilio Vera y Manuel Pico, Raimunda y el «novio¨ de Kika en Hasta Palomares, de Adrián Perea, dirigida por Pablo Martínez Bravo Foto Julio Martínez

Camila Almeda, Manuel Pico y José Emilio Vera están frescos, tienen momentos hilarantes, muy divertidos.

EL autor ha subtitula su obra Hasta Palomares como: Una historia familiar llena de secretos y bastante plutonio, y yo añadiría que sazonada con vitriolo.

Adrián Perea rememora, porque no hay que olvidar, la España franquista. Aislada, callaba porque tenía que hacerlo, aunque se tratara de un hecho atroz, por mucho que embajador y ministro se calzaran esos calzones imposibles, para bañarse Y dar normalidad al sepulcro blanqueado.

El autor acierta en su coctel, teje los diálogos de Raimunda con la continuidad cotidiana de las mujeres que retrata la filmografía de Almodóvar, hijas de ese tiempo de silencio.

La función es un buen trabajo, que logra el mejor premio, que es un teatro lleno, con un público que aplaudió y disfrutó de la función.

Camila Almeda, Manuel Pico y José Emilio Vera están frescos, tienen momentos hilarantes, muy divertidos.

Camila Almeda, Manuel Pico y José Emilio Vera están frescos, tienen momentos hilarantes, muy divertidos. Foto Julio Martinez

 

Hasta Palomares, una comedia de Adrián Perea Dirigida por Pablo Martínez Bravo. Con Camila Almeda, Manuel Pico y José Emilio Vera Escenografía Kike Uhalte Vestuario Andrea Torrecilla Iluminación y diseño gráfico Álvaro Nogales Ayudante de dirección Daniel Sanz.

 

Hasta Palomares, de Adrián Perea, se estrenó en la Sala NUEVE9NORTE -Madrid- el 7 de junio de 2019, más información de fechas horas, y para comprar entradas aquí.

 

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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