Los siete pecados capitales y Bigas Luna

Los siete pecados capitales y Bigas Luna

Bigas Luna se marchó por la puerta grande, por sorpresa y sin querer ningún tipo de homenaje póstumo. Lo que deja tras sí es un legado cinematográfico con películas irrepetibles que ya forman parte de nuestro patrimonio cultural. Bigas Luna fue muchas cosas, además de director de cine y descubridor de talentos ─Javier Bardem, Jordi Mollá, Penélope Cruz, Leonord Watling y Verónica Echegui son sus hijos–; era también un pensador agudo y un esteta provocador. Con él tuve una larga conversación, al hilo del estreno de una de sus películas más comerciales, “Yo soy la Juani”, y  hablamos de los pecados capitales, tan presentes en toda su filmografía. Ésta es la crónica de ese encuentro

El pecado no existe, pero tenemos un sentido de él, que nos ha sido inculcado, que a mí, si es en su justa medida, no me parece nada malo. Las virtudes son algo deseable, dice Bigas Luna, director catalán autodidacta, mediterráneo con todas sus consecuencias─ adora la paella, el jamón y la tortilla de patatas, y detesta con la misma intensidad el café americano ─ y afrancesado─ su padre, exiliado en París, fue amante ocasional de la gran Edith Piaf,  y él estudió en el Liceo Francés─, con un pie en su Sarriá natal y otro en su casa de Tarragona, que hace cine porque de pequeño era muy embustero y contaba muchas historias a sus amigos.

Dani Martín  Verónica Echegui enYo soy la Juani, rodada en 2006

Dani Martín Verónica Echegui enYo soy la Juani, rodada en 2006

Soberbia.

Casi siempre viste de negro y  lleva la estrella de Man Ray afeitada en la coronilla, por lo que es una presencia que se hace notar, agrandada por una voz grave y una forma de hablar lenta. A  los grandes soberbios que les den morcilla, suelta, sabiendo que en su profesión  el de la soberbia es un pecado generalizado.

Hay directores de cine que se creen dioses, grandes demiurgos; otros se rodean de un halo misterioso o maldito, como Kubrick, Polanski, Welles, algo que es un efecto buscado por ellos mismos, pero se quedan atrapados por algo suyo que quisieran cambiar y “el marketing” no se lo permite. Bigas Luna, quizá por ser mediterráneo, no es de esos, aunque puede presumir de haber descubierto ─ como Francis Ford Coppola─ unos cuantos talentos del cine español como Javier Bardem, Penélope Cruz, Jordi Mollá, sus hijos cinematográficos con los que mantiene unas magníficas relaciones aunque le den el salto y se vayan a rodar con otros.  Para mí ser director de cine es ser narrador, me siento como los personajes del siglo XI, que contaban historias por la calle y la gente se paraba a escucharlos; hoy, gracias al mundo mediático,  tengo más público.

Volavérunt de Bigas Luna
Volavérunt

Avaricia.

Cuando veo a alguien avaricioso, siempre me da risa; me lo imagino solo en su casa, contando dinero con una bombilla de 25 W. A todos se les pone una piel muy rara, parece que puedan explotar de un momento a otro. “Greed”, de Murnau, es una película maravillosa, dice este hombre que sólo desea atesorar saber y prefiere los bienes del espíritu a los materiales. Practico la filosofía de que el que más tiene es el que menos necesita. Aunque no hace ascos a los premios. “Angustia” recibió un premio de la Generalitat Catalana;  “Jamón, jamón recibió el León de Plata del Festival de Venecia, en donde años más tarde estuvo a punto de ser linchado tras la exhibición de “Bambola”; “La camarera del Titanic” obtuvo dos merecidísimos goyas y Aitana Sánchez-Gijón obtuvo una concha con “Volaverunt”.

Lujuria.

El pubis de La Maja Desnuda de Goya ─ el primero que aparece con vello  en la historia de la pintura ─se convierte en la V de “Volaverunt” y en la copa que contiene la ponzoña que causa la muerte de la duquesa de Alba gracias al virtuosismo cinematográfico de Bigas Luna. Hay sexo en “Volaverunt”, aunque no tan explícito como en otras películas anteriores, porque la historia va de, entre otras cosas, las aventuras galantes de dos personajes sexualmente promiscuos: Cayetana de Alba y Manuel de Godoy.

“La teta y la Luna”

“La teta y la Luna”

Bigas Luna descubrió el sexo a los trece años, tocando los pechos a una alemana en una playa de Malgrat, en una zona a la que llamaban Mar i Pins, a las ocho de la tarde aproximadamente. Me gustó, pero me decepcionó comprobar que no estaban llenos de leche. Y es que el pecho y su contenido lácteo ─ según propia confesión utilizó el chupete hasta los cuatro años de edad ─ han estado tan presentes en su vida y en su filmografía hasta el punto de dedicarle  toda una película, “La teta y la Luna”, una de cuyas más impactantes secuencias es contemplar el perfecto pecho de Matilda May, la teta más bonita según Bigas Luna, propiedad del niño anxeneta protagonista del film, convertida repentinamente en surtidor lácteo, menos morbosa que el derrame de una botella de leche sobre las nalgas de la ex sex symbol María Martín oficiado por Ángel Jové en “Bilbao”. Los dos grandes símbolos de la mujer corresponden también a lo mejor de su cuerpo, y los dos de más riqueza erótica, los dos ligados a la fecundidad, a la alimentación, a la madre, a la creación, a la continuidad, a la vida. El coño (“Volavérunt”) y el pecho (“La teta y la Luna”). Homenajes a los senos abundan en casi todas sus películas, incluso en “Volavérunt”, en donde Penélope Cruz muestra su exquisito busto posando como Maja Desnuda. Los pechos de Penélope Cruz son más buenos que el jamón. Me ayudaron a contar que la belleza puede comerse. A ese niño me lo comería, dicen las madres que quieren a su hijo. Pues yo esas tetas, también. Pechos muy distintos de los de Isabel Pisano, la exuberante y turbadora obsesión de Leo en “Bilbao”, un cúmulo de turgentes redondeces que para el realizador representan la abundancia, la generosidad, la opulencia, alto erotismo. Dos pechos muy importantes en mi vida. Pechos de madre que excitan, pechos de  verdad, pechos que llenan, pechos que satisfacen. ¡Qué sano es saciarse!, ¡Qué daño hacen las cosas que no sacian!

Bilbao

Bilbao

Pasar por ser, junto a Vicente Aranda y Pedro Almodóvar, quién mejor rueda escenas eróticas en este país ─ “Bilbao”, “Huevos de oro”, “Las edades de Lulú”, “Bambola”─ afirmación que matiza.  Estas secuencias en mis películas están siempre llenas de ironía, me es difícil rodar secuencias eróticas sin una carga de humor. Recuerdo con cariño a Stefanía Sandrelli y Javier Bardem en la cama,  y ella muy excitada se ofrece y le dice:”Pídeme lo que quieras” (refiriéndose a su cuerpo), y  él la mira y le pide una Yamaha 2000.

Ante el eterno dilema entre erotismo y pornografía, qué es uno y qué es otra, Bigas tiene las ideas muy claras. Considero el erotismo un acto intelectual maravilloso y uno de los mejores patrimonios de nuestra mente.  El sexo es un acto de vida, de supervivencia, que permite la continuidad de la especie. En el momento en que una acción sexual se transforma en algo más, el erotismo aparece como el gran protagonista.  La copulación frente a frente, en la que los dos participantes se miran a los ojos, es una invención humana y no es practicada por ninguno de los otros mamíferos.  Posiblemente fue la mujer la que se dio la vuelta buscando la mirada de su compañero  abriendo un mundo interminable de estímulos, atracciones, inspiraciones, provocaciones, fantasmas, fantasías, mitos. El erotismo en el cine se basa en la ficción, lo que se representa es interpretado por actores que actúan y fingen, no vemos nunca la realidad de las acciones sexuales. La pornografía se basa en realismo total y aparece en el momento en que se inventa la fotografía, anteriormente no existía el concepto de pornografía. Por sus características se asemeja más al reportaje médico que a la ficción cinematográfica.

María Martín, Ángel Jové y Isabel Pisano en Bilbao dirigida por Bigas Luna en 1974

María Martín, Ángel Jové y Isabel Pisano en Bilbao dirigida por Bigas Luna en 1974

¿Le erotizan a Bigas Luna sus propias películas? Me pueden erotizar las historias en la mente, en cuanto las invento, pero en el momento de rodar soy muy disciplinado, casi germánico. La secuencia erótica de la que se siente más satisfecho está en “Bambola”. Sí, de la escena de la anguila es de la que me siento más satisfecho. La anguila, como símbolo sexual funciona. Es una anguila que pasa por el cuerpo de ella, que se enlaza en el cuerpo de él, hasta formar un retorcido ocho, que los une.

Aunque de niño le excitaban mucho todas las películas de romanos,  porque las mujeres iban vestidas con ropas transparentes y las esclavas lucían en todo su esplendor sus pieles brillantes y sudadas, uno de sus fetiches eróticos sigue siendo “Lolita” de Kubrick,  que para mí tiene escenas eróticas tan  importantes como la pintada de uñas, con algodones entre los dedos, de Sue Lyon. Una verdadera joya. Del perverso maridaje Nabokov-Kubrick puede venirle a Bigas Luna esa obsesión erótica por los pies de Aitana Sánchez-Gijón, a los que dedica un largo plano en “Volavérunt”. Un día, en el festival de San Sebastián, Aitana se quitó un zapato y vi que tenía un pie precioso Pies de musa, magia pura, inspiración. Belleza por todos lados, erotismo infinito.

Ira.

Aunque él diga que en sus películas hay poca violencia, la violencia es un patrimonio de la cultura anglosajona;  son mucho más brutos que nosotros, y además les gusta, pese a que digan lo contrario, en sus filmes abundan los tipos primarios  fuera de control que ponen los pelos de punta al espectador, como el Mario de “Lola”, al que Feodore Atkine prestaba su inquietante físico, o Furio, el macho desquiciado de “Bambola”, interpretado por Jorge Perugorría, o el psicópata asesino de la sala de cine de “Angustia”, sin olvidarnos de Javier Bardem en “Jamón, jamón”, que utiliza la pata de jamón para liquidar al pijo Jordi Mollá en una versión puesta al día de una escena goyesca. Mario era la violencia del alcohólico, su fuerza estaba en la botella de vino, lo representé estirado en la cama con la botella entre las piernas, como si fuera su pene erecto, y también hay referencias de la violencia del macho ibérico, “por cojones”,  en mi Trilogía Ibérica (“Jamón Jamón”, “Huevos de Oro” y “La Teta y la Luna“). Afortunadamente el macho, en este fin de siglo XX, está totalmente desprestigiado y en vías de desaparición. El problema está en que, de refilón, la virilidad está debilitada y eso es tremendo; la virilidad hay que preservarla y cuidarla, es algo muy importante. El  macho lleva un cuchillo en el bolsillo y, si alguien lo insulta, lo saca y lo mata; el hombre viril es capaz de no escuchar al que le insulta y seguir su camino, es capaz de perder. La virilidad es sabia.

Javier Badem en Jamón, jamón de 1992

Javier Badem en Jamón, jamón de 1992

En una sociedad que ha frivolizado la violencia y ha hecho de ella espectáculo, cuando  no juego, su presencia en el cine es algo que le preocupa al realizador de “La camarera del Titanic”. No tenía nada en contra de la violencia en las salas de cine  que, junto con las librerías y las galerías de arte, me parecen los únicos sitios de la cultura occidental donde se admite todo. Pero la inconsciencia y falta de rigor de los programadores de televisión─ el 20 de enero de 1997 hizo  votos de no verla ─, junto con la confusión de lo que es la difusión televisiva y cinematográfica, han logrado que esté en contra de la violencia en el cine, ya que por motivos comerciales se saca del contexto para el que ha sido concebida.

Aunque reconoce que hay justa ira, quizá contra esos críticos que se han ensañado sin piedad con su última película, considera que hay que sacársela de encima lo antes posible, es malísima para el hígado y estoy convencido de que produce colesterol.

Gula.

De chico se dedicaba a comer los bocadillos de sus amigos mientras éstos jugaban al baloncesto y se  gastaba la peseta que su madre le daba para el TBO en garbanzos cocidos, pero no recuerda si estos pequeños pecados de gula los llevó alguna vez al confesionario.Guarda en su retina cinematográfica imágenes de “La grand bouffe” de Marco Ferreri  y de Sofía Loren vendiendo pizzas en “El Oro de Nápoles” de De Sica. La gula es muy cómica, pero me hace muy poca gracia. La gastronomía y los asuntos del yantar están tan presentes en su filmografía como el sexo. De Ángel Jové y Consol Turá, que matan el hambre con hamburguesas de perro vagabundo en “Caniche”, a los refinamientos gastronómicos de “Volavérunt”, con los comensales comiendo bajo paños los ortalans, un perversión gastronómica consistente en pequeños pájaros ahogados en armagnac, hay un largo camino gastronómico en el que han abundado las tortillas de patatas ─Javier Bardem, tras mordisquear los pechos de Penélope Cruz, le espeta que saben a tortilla de patatas─, el jamón y el ajo en “Jamón, jamón”; los huevos fritos con butifarra, dispuestos como genitales masculinos, en “Huevos de oro”;  las monjetes seques que se zampaba Maurice le Petoman en “La teta y la Luna” para activar sus ventosidades circenses; o la enorme mortadela que aprisionaba entre sus generosos muslos Valeria Marini en “Bambola mientras rebañaba el aceite sobrante de un plato.

Leonor Watling en Son de mar

Leonor Watling en Son de mar

Me gusta comer bien. De manera que en mis guiones casi siempre pongo gente comiendo.  Más tarde, cuando ruedo la película, me arrepiento de haberlo hecho, porque son situaciones complicadísimas de realizar y de las cosas que menos me gustan rodar. Los actores se cansan de estar sentados, tienen todo el rato frente a ellos comida que no pueden comer, y sólo pueden hacerlo cuando ruedan, de manera que empiezan deseando comérselo y terminan sintiendo asco por lo que tienen delante, y para postre el calor de las luces estropea la comida, que en más de una ocasión empieza a oler mal. Bueno, pues a pesar de todo esto, sigo poniendo cenas y comidas en mis películas. En “Volavérunt” hay dos;  una de ellas con dieciséis comensales, camareros, lacayos, un quinteto de músicos tocando, todos maquillados y vestidos de época.

Las apariencias son engañosas. Bigas Luna, pese a su aspecto de bon vivant, es un gourmet de gustos sencillos. Mi plato favorito es la “pasta in bianco” o sea espaguetis  hervidos con sal y condimentados con aceite y ajo. Los italianos la llaman también “pasta a la inglesa” o la “pasta dei cornutti”, porque como es muy fácil de hacer. Dicen que si tu mujer te la ofrece en casa, es que lo ha hecho porque estaba con otro y no tuvo tiempo de hacerte algo más elaborado.

Su lista de restaurantes favoritos no puede ser más heterodoxa: Shotiro de Barcelona,  cocina mediterránea con toque japonés; el Korynto de Madrid, pese a que es muy caro, muy feo y muy decadente; el Gambrinus de Lisboa; l’Ambrosie de París, excelente  y carísimo, en el que es necesario reservar dos semanas antes;  o Il Toscano de Roma, en el que es conveniente decir que se va de parte de Bigas Luna.

Ángela Molina en Lola rodada en 1985
Ángela Molina en Lola rodada en 1985

Envidia.

En “Caniche”, Leo tiene envidia de Dany, su perro, y en  “Lola”, Mario envidia a  Robert, el marido de Lola Dicen que es el pecado español por excelencia. El antídoto es la ironía y el humor. Este es un país maravilloso con un clima “envidiable”. Es un lugar común que en el mundo del espectáculo se da el cainismo por debajo de esa sensación de dulce camaradería que parece reinar, que bajo las lentejuelas y las sonrisas dentales se encuentran las navajas albaceteñas.  Algo está cambiando en este país, pero todavía es un deporte muy practicado el elevar a alguien hasta las cimas más altas para, a continuación, despeñarlo. El triunfo sigue generando enormes dosis de mala bilis. En “Volavérunt” acusan a una persona del asesinato de la Duquesa de Alba, él responde diciendo que  eran como hermanos, y el interrogador contesta: Caín y Abel también eran hermanos. Es uno de mis diálogos favoritos.

Pereza

No es la pereza uno de los vicios más practicados por Bigas Luna. Malas lenguas hablan de que se levanta cada día a las siete de la mañana, da un paseo por los alrededores de su casa, incluso a lomos de una bicicleta, y luego se pone a trabajar.  Tampoco es pereza la que le impele a dejar un libro por la mitad cuando no le gusta, algo que precisamente no le ocurrió con la novela de Antonio Larreta que deslizó subrepticiamente en sus manos el productor de “Volavérunt”, sino una sabía administración de su tiempo libre.  Últimamente, durante la gestación de su última película, hacía los deberes a la luz de las velas y con fondo musical de Boccherini.  Cuando dormía, soñaba con el perro con el pan mojado  en la boca.  Practica el dolce far niente dos horas al día, imaginándose la vejez, reinventándose. La pereza no la tiene para el cine, su pasión, su otra vida: No sé si las vendo bien, pero yo las hago, las llevo a los cines y espero morir a los 80 años rodando la película 101

Las edades de Bigas

Como los grandes maestros de la pintura, Bigas Luna tiene sus épocas. “Volavérunt” parecía confirmar el rumbo exquisito que había tomado el director de las trilogías tras  la botadura de “La camarera del Titánic”, pero no fue así. De hecho su siguiente y luminosa película, “Son de mar”, adaptación de la novela de Manuel Vicent, parecía un regreso hacia su Trilogía Ibérica. Ahora con “Yo soy la Juani” incursiona en la cultura popular de la mano de Verónica Echegui, la Juani, el prototipo de chica de barrio, a quien auguramos un futuro prometedor.

Una imagen de Las edades de Lulú

Una imagen de Las edades de Lulú

Después de una primera etapa de vanguardismo, que causó un enorme y gratificante impacto entre los amantes del cine, sin duda su época más creativa que yo llamo “época negra” y  está representada por “Bilbao”, “Caniche” y “Angustia”, en  la que dominaba lo intelectual y el concepto,  y me apartaba de todo lo que pudiera ser humano. Una época dura, arrogante, provocadora, donde lo único que me interesaba era la especulación y el juego intelectual, películas a las que yo añadiría “Renacer”─ su experiencia americana con Dennis Hooper de protagonista, un notable trhiller mariano que no encontró su público pese a sus muchas virtudes ─;  un  buceo en el mundo de la pasión con “Lola”─ probablemente la mejor interpretación de Ángela Molina ─ ; una etapa popular en la que retrató el declive del macho ibérico con sus tres títulos más esperpénticos ─ “Jamón, jamón”, “Huevo de oro” y “La teta y la luna” (”Las edades de Lulú”, su mayor éxito comercial, sería una película de encargo que Bigas resolvería con solvencia),  y el batacazo que le supuso “Bambola”, una versión muy carnal de la bella y la bestia que homenajeaba al cine italiano de posguerra de maggioratas sudadas y voluptuosas que tenían en Sofía Loren, Gina Lollobrígida, Silvana Mangano o la Pampani sus iconos, algo que muy pocos críticos y espectadores supieron ver, Bigas Luna parecía haber dado un viraje de 180 grados a su carrera desde que había iniciado un noviazgo sin fecha de caducidad con el cine de época. Más que un noviazgo en toda la regla, es un flirteo con la historia y el cine de época. Pero con “Volavérunt”  ha sido una auténtica historia de pasión desenfrenada. Mi relación con las adaptaciones literarias es la misma que con los amores: quiero a una mujer, me gusta, me fascina, me apasiona, me inspira amor total, todo es posible. No podría nunca tener una historia de amor con el padre de la chica delante. Una película es una obra nueva y con vida propia.

“Huevos de oro”,

“Huevos de oro”,

Bigas, que afirma no haber sentado la cabeza ─ La cabeza sentada se pudre, la mía esta siempre en constante movimiento, a la busca de la mejor alquimia; tengo la cabeza revolucionaria, y el estómago muy conservador ─ y tener proyectos de cara al mundo cinematográfico ─Preparo la creación del “Taller Bigas Luna” en donde se realizará una película y un grupo de gente seguirá el proceso para aprenderlo ─ se encuentra en un estado de madurez creativa  en la que me gusta narrar con precisión  y trabajar con historias de otros autores que hago mías. No le tienta en absoluto el canto de sirenas de Hollywood ─ No quiero trabajar en Hollywood;  he vivido cuatro años allí, fue suficiente. Lo más interesante  de Hollywood en conducir con un coche descapotable a las 12 de la noche hacia tu casa, escuchando buena música, y las distribuidoras de cine;  lo peor es el café americano y que todo el mundo tiene un guión espantoso que ofrecerte, y además  hay una gran censura y una moral que está en la calle, no hay la libertad que hay en Europa, ni las lonchas de jamón que hay en España ─, se declara feliz con matices ─ la felicidad es un invento del mundo publicitario. Sólo son felices de verdad los imbéciles. Se confunde con el bienestar, que ése sí que es maravilloso, deseable y alcanzable. El símbolo que mejor lo representa es un ajo, que es una luna comestible,  y la cosa que más bienestar genera─, y desmitifica la inspiración del artista ─La da el ajo y las musas, pero se encuentra trabajando, sobre todo a las siete de la mañana.

¿La pasión? Es un coñazo. Creo más en la cabeza que en el corazón. Vivo con ella una gran contradicción, la necesito, la tengo, la siento, pero me ha dado muchos dolores de cabeza. Al final de “Huevos de Oro”,  Benito González (Javier Bardem) arrancaba un bidé y llorando decía: ¡Mierda a la pasión! Pues eso.

*José Luis Muñoz es escritor. Sus últimos libros publicados son Marea de sangre (Erein 2011) de La Frontera Sur (Almuzara, 2010), Llueve sobre La Habana (La Página Ediciones, 2011), Muerte por muerte (Bicho Ediciones 2011) Patpong Road (La Página Ediciones, 2012)  Bellabestia (Sigueleyendo.com 2012) y La invasión de los fotofóbicos (Atanor 2013) También podéis seguir su Blog: La Soledad del Corredor de fondo.

Autor

José Luis Muñoz
Es uno de los más prolíficos, premiados y consolidados cultivadores de la literatura negrocriminal española y uno de sus miembros fundacionales por su vinculación a la Semana Negra de Gijón desde su primera edición. Treinta y siete novelas publicadas, de géneros tan diversos como el fantástico, erótico, histórico y policial, cinco libros de relatos y un buen número de galardones (Tigre Juan, Azorín, Café Gijón, La Sonrisa Vertical, Camilo José Cela, Ángel Guerra…) le avalan. Es el autor de "Barcelona negra", "El mal absoluto", "La caraqueña del Maní", "La Frontera Sur", "La pérdida del Paraíso", "Ciudad en llamas" y "El secreto del náufrago" entre otras. Su últimas novelas publicadas son "Te arrastrarás sobre tu vientre" (El Humo del Escritor, 2014), "Marero" (Ediciones Contrabando, 2015), "Ascenso y caída de Humberto da Silva" (Editorial Carena, 2016), "El hijo del diablo" (Editorial Serbal, 2016) y "Cazadores en la nieve" (Editorial Versátil, 2016).

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