Los sedimentos de la verdad

Los sedimentos de la verdad

¿Es lo verdadero y lo falso lo esencial de la lógica? ¿Se pueden determinar capas sucesivas de verdad, o de falsedad? ¿Cómo se condice el pensamiento binario con la ramificación y multiplicación de matices del pensamiento tout court?

La seguridad es esencial en la lógica, y es su característica principal. Saber determinar siempre el valor de verdad de una proposición, por ejemplo, es lo que nos dice que estamos en un universo lógico.

Pero, ¿el universo lógico es nuestro universo real? Los logicistas acérrimos dirán que sí, que todo se puede formalizar lógicamente. Tengo mis dudas. ¿Un chiste se puede formalizar? (¿y seguir siendo gracioso?).

Creo que sería sensato pensar que nuestro universo real está formado por capas sucesivas de valores de verdad (verdadero o falso), y que las agarramos para saborearlas en un corte transversal.

Así, a medida que se desarrolla horizontalmente nuestro día a día aparecerán zonas más espesas y otras más diáfanas, acumulando valores de verdad en cantidades diferentes. Y con distintas trabazones.

La suma de los valores de verdad de una porción determinada de nuestro rollo vital puede dar una resultante distinta según profundicemos más o menos en la capa, y ahondemos así más o menos en su valor de verdad.

Y así, verticalmente, puede darse una proposición verdadera y la misma, parcialmente, falsa. O simultáneamente, una proposición verdadera y falsa (con algún tipo de decalaje o sutura).

Este modelo permite soslayar el problema básico del pensamiento binario: su concomitancia con la matización y sutileza de nuestros pensamiento reales.

Nada impide entonces que aprendamos nuestros conceptos en forma de oposiciones de pares binarios y los regurgitemos en una variedad y multiplicidad de pensamientos poliformes y bien matizados.

Las graduaciones de grises están, entonces, servidas y condimentadas. El festín de nuestros sentidos y nuestros conceptos puede seguir adelante con la aquiescencia de los lógicos y la fascinación por nuestros tan amados chistes.

La verdad y la falsedad se abren en abanico para que podamos vivir con la brisa suave de la vida nuestra de cada día, mientras sentimos, pensamos, hablamos y discurrimos sin faltar ni a la lógica ni a nuestra demostrada sutileza.

Somos y seremos animales racionales, pero eso sí, racionalmente perversos. En la perversidad de nuestro pensamiento está anclada la labilidad del lenguaje y la variedad de los movimientos peristálticos de nuestro entendimiento.

Imagen completa del magnificó cuadro de Daniel Barckley, que encabeza el artículo

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Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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