Los papeles, de Anthony Kmeid. Un buen trabajo de teatro físico, audiovisual y palabra

Los papeles, de Anthony Kmeid. Un buen trabajo de teatro físico, audiovisual y palabra

En la imagen Anthony Kmeid, actor y creador de la obra Los Papeles.

 

Por Luis Muñoz Díez

Anthony Kmeid, en su obra Los papeles, nos narra el avatar personal de un hombre al que le gustan los hombres, y se enamora en Beirut. Para materializar ese amor, tiene que abandonar su país, renunciando a todo lo que ha conformado su vida, eligiendo como destino Barcelona.

En Beirut su amor aparte de ser visto como un pecado mayor, es considerado un delito que la sociedad se ve en obligación de castigar con mano dura.

Barcelona de Beirut está a poco más de cuatro horas en avión, y en coche no supera el tiempo de dos días. A pesar de ello la distancia cultural y, lo que en un lugar está normalizado, en otro, tanto para la sociedad como para el estado es un estigma condenable.

Anthony Kmeid, se presenta cubierto de tierra todo lo prohibido, es una constante durante toda la función

Anthony Kmeid, se presenta cubierto de tierra. Poner todo lo prohibido bajo tierra, es una constante durante toda la función

Anthony Kmeid, se presenta cubierto de tierra. Poner bajo tierra todo lo que está prohibido por la sociedad donde ha nacido, y vive, es una constante durante toda la función. Su única posibilidad de vivir y amar como el quiere, es abandonar su país, para ello necesita una lista infinita de papeles, que a veces se contradicen unos con otros.

Es curioso que en países donde se señalan determinadas tendencias como una lacra social, se vean en la obligación de retenerte al señalado, quizá porque en su ignorancia crean que son poseedores de la verdad con mayúsculas, y les avergüence que se vincule al individuo con la la moral del país.

Los papeles es un formato mestizo de teatro físico, palabra y audiovisual, que el creador ha sabido dosificar con acierto, y ha contado con el pulso suficiente para alternar el drama con lo cómico, que no es más que plasmar cómo se vive cualquier situación en la vida real, en su ejercicio de gozo y dolor, y más contando con la decisión en positivo de no conformarse.

El peso de la función lo lleva Kmeid, pero Aarón, sus hombros y sus caderas le sirven de apoyo a nuestro protagonista, y le alientan a seguir adelante sin fisura.

El peso de la función lo lleva Kmeid, pero Aarón, sus hombros y sus caderas le sirven de apoyo a nuestro protagonista, y le alientan a seguir adelante sin fisura.

La función en forma y fondo es impecable, como lo es el trabajo físico de Anthony Kmeid, tanto cuando siente el temblor del miedo, como cuando baila la danza del vientre.

Por momentos se une al espectáculo Aarón Comino Serrano, su objeto de amor inconfesable y combustible de vida, para no conformarse con lo establecido por razones ancestrales en un determinado pedazo de tierra.

Aarón, sus hombros y sus caderas le sirven de apoyo a nuestro protagonista, y le alientan a seguir adelante sin fisura.

Ambos interpretes Anthony Kmeid y Aarón Comino Serrano, forman unas composiciones plásticas, hermosas en su estética, con un mensaje liberador, de que al margen de vetos y prohibiciones, si oímos nuestro dictado natural, y lo obedecemos, siempre nos demanda amar.

Si tienen oportunidad de ver Los papeles, no lo duden, es una denuncia sensible, con un trabajo actoral esplendido y un fino sentido del humor.

Los actores Anthony Kmeid y Aarón Comino Serrano, satisfechos y empanados en tierra después de la representación de Los Papeles. Foto Luis Muñoz Díez

Los actores Anthony Kmeid y Aarón Comino Serrano, satisfechos y empanados en tierra después de la representación de Los Papeles. Foto Luis Muñoz Díez

Título Los papeles Género: Teatro físico con texto y audiovisual, Compañía: Anthony Kmeid Director Anthony Kmeid Inteérpretes: Anthony Kmeid y Aarón Comino Serrano Autor adaptación- creación propia de Anthony Kmeid.

Únicamente 4 funciones en Madrid, en el off Latina, más detalles de fechas horario y compra de entradas aquí.

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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