LA TIENDA DE LOS HORRORES abre en el Coliseum barcelonés.

LA TIENDA DE LOS HORRORES abre en el Coliseum barcelonés.

Por NACHO CABANA

El gran handicap que tiene (independientemente de cómo, dónde y con cuánto dinero se monte) la versión teatral del musical La tienda de los horrores es que está condenada de antemano a un considerable hieratismo. La estrella de la función es la planta carnívora y ésta, una vez transcurrido el primer acto, ha de ocupar sí o sí el centro del escenario. Dado que se trata de una marioneta mecanizada de gran tamaño que alberga en su interior al técnico encargado de manejarla, su movilidad es casi nula y obliga a todos los demás elementos del show a moverse a su alrededor sin poder nunca superarla en protagonismo (excepto, claro está, cuando desaparece de escena).

Àngel Llàcer, director del montaje que nos ocupa de La tienda de los horrores, ubica al puppet pegado a la puerta de la floristería lo que le permite escamotearla en los momentos en que la presencia de Audrey 2 (tal es su nombre) no es requerida por el libreto. Aciertan plenamente también los escenógrafos Enric Plana y Carles Piera al situar en vertical los decorados con el nivel intermedio ocupado por la banda musical encabezada por Manu Guix, certeramente iluminado cuando interpreta los temas cantados por la voraz protagonista.

Los actores y cantantes se desenvuelven con soltura, ligeramente sobreactuados en la primera de sus funciones y con brillantez en la segunda. Marc Pociello es literalmente una mímesis del Rick Moranis de la versión cinematográfica de 1986 mientras que Diana Roig luce una extraordinaria voz en su composición de la Audrey humana. Ferrán Rañé, por su parte, tiende a subrayar en exceso determinadas gracias del libreto pero a cambio otorga cierta solidez interpretativa al elenco.

El diseño de la planta es más (permítaseme la palabreja) “dinosáurico” que el original pero perfecto en sus movimientos y “playback”. Está por encima de la media en estos casos la traducción al español de las canciones originales y tanto Downtown como Suddenly Seymour son interpretadas con encanto y la primera y sentimiento la segunda. Muy bien también The Sey Sisters en el coro que comenta la acción.

Todo evoluciona adecuadamente en el montaje de La tienda de los horrores que se acaba de estrenar en el teatro Coliseum de Barcelona hasta que aparece el personaje de Orin Scrivello, probablemente el más lucido y brillante de la película en que se basa. No sé cómo interpretará Corbacho a este dentista sádico que goza del mejor número en el show original (estaba su cover en la función a la que asistí) ni es cuestión aquí de comparar a nadie con la memorable interpretación de Steve Martin en la película de Frank Oz; pero apenas aparece Bernat Cot atravesando el patio de butacas y haciendo bromas al público, la magia creada hasta ese momento por la función se rompe completamente.

De repente pasamos de ver una más que apreciable versión castellana de un clásico moderno de los musicales estadounidenses a estar en el interludio cómico del espectáculo de un crucero. Se rompe drásticamente la lógica espacial y temporal, se entierra el tema Dentist! bajo toneladas de sobreactuación (que alguien me explique la súbita aparición de la Virgen) y se devalúa por completo la posible carga dramática del tercer vértice del triángulo amoroso.

Menos mal que la planta se come al dentista más o menos rápido y luego todo vuelve a su cauce.

La tienda de los horrores es una apuesta segura de cara al público al que Llàcer y Guix se quieren dirigir y ambos acierta en lo más complicado: hacerla bien. Vulgarizándola aunque solo sea puntualmente solo consiguen tirar piedras contra su propio tejado.

 

 

 

Afortunadamente, estamos en teatro y esas cosas se pueden arreglar.

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Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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