La última carta de Francisco Satué, por Ramón García López

La última carta de Francisco Satué, por Ramón García López

Hoy nos presenta un cuento espléndido el escritor Ramón García López, uno de los más antiguos integrantes de la tertulia, desde los tiempos en que se desarrollaba en la Universidad San Pablo CEU. Aquellos fueron años hermosos; mis alumnos se hacían mayores y yo me hacía mayor con ellos. Entonces nació la amistad entre Ramón y yo, y desde “entonces” nos hemos empeñado en mantenerla.
Ramón es periodista y licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada.

Ramón García López, autor de La última carta de Francisco Satué

La última carta de Francisco Satué, por Ramón García López.

Juana, recibí tu carta, la de que el niño estaba con fiebre y le atendió el doctor Peña, como un favor a tu madre a pesar de estos tiempos tan malos que corren para nosotros, para todo el pueblo, para toda España. Hace dos días nos han trasladado a Teruel, aquí hay mucho movimiento de gente y no puedes estar parado nunca, casi no hay tiempo para dormir. A veces tienes que sustituir a alguien de intendencia que mandaron a primera línea del frente y que jamás regresó. Tengo miedo, Juana, miedo de no verte y miedo de no ver a Marquitos.

Ahora estoy echando una mano en el hospital, pero no me gusta porque los hombres chillan mucho, chillan como gatos. Huele a cloroformo y lejía y al principio te da náuseas, pero luego te vas acostumbrando. Al menos los de Franco tienen monjas que les limpian las heridas y les cuidan, pero nosotros no tenemos a nadie. A los que están peor se les llevan en camiones bien lejos de este desastre, creo que muchos mueren por el camino desangrándose vivos.

No quiero contarte esto, Juana, es muy triste, los hombres dejan de ser hombres y se convierten en otra cosa: alimañas, bestias, sucios animales, arrastrándose por las trincheras como conejos. A veces, cuando hago guardia y por distraerme, me quedo un tiempo mirándoles. Hay momentos en los que en sus ojos destellea, a pesar del cansancio, el brillo del miedo, de la resignación, de la esperanza. En esos instantes vuelvo a creer que son hombres, hombres que aún no han perdido la decencia, pero esos instantes son poquísimos, como las piedrecitas de oro que bajan de un río. Sólo se respeta la noche como una tregua de paz diaria, y se dejan de oír los pacos.

Aquí hace mucho frío y si te toca una guardia se pasa mal, pero yo llevo siempre la foto de ti y de Marquitos que me diste y me paso el tiempo imaginando lo que vamos a hacer cuando termine la guerra. La cosas se están torciendo para nosotros, la gente no lo quiere decir pero lo sabe, los de Franco nos están llevando donde ellos quieren. Si perdemos la guerra y ganan los fascistas nos vamos a Francia, los padres de un amigo de aquí conocen a una familia que vive en Niza y me ha dicho que nos va a ayudar. No dejes que los de auxilio social se lleven a Marquitos, ya veremos lo que hacemos, tú espérame hasta que esto acabe.

La comida es muy mala, casi todos los días comemos lentejas llenas de bichos, pero espero que tú estés bien y tengas para dar de comer al niño. Ya ves, el otro día fuimos los compañeros y yo a ver a dos de Franco que habían matado, creo que intentaban llegar hasta un puesto para darle unas órdenes, pero los pobres no llegaron. Uno de ellos estaba tendido con un hilillo de sangre seca en la boca abierta y agarraba con fuerza en la mano una foto de una chica joven. A lo mejor era su madrina de guerra, los de Franco tienen madrinas de guerra y por eso puede que estén ganando la guerra, yo bien sé que pensar en alguien es la única manera de no perder la esperanza aquí. A veces me gustaría creer en Dios para rezarle, envidio mucho a estos muchachos que tienen el consuelo de Dios porque seguro que les reconforta y alivia en este secanal lleno de polvo y tierra. ¿Son tan diferentes a nosotros? Una noche oí sus carcajadas. Seguro que sufren tanto como nosotros, sufren como condenados, cuando estás en primera línea y estás corriendo hacia las trincheras enemigas llega un momento en que se dejan de lado las ideologías, se nubla todo lo que está a tu alrededor y sólo oyes un rumor sordo cuando empiezas a ver allá a lo lejos los gorros de los franquistas.

Los que están dirigiendo la guerra en despachos no lo saben, pero en ese momento los hombres de los dos bandos son el mismo, es como si estuvieras delante de un espejo y te vieras a ti mismo y casi puedes sentir el miedo y el temblor del otro que tienes allá adelante. Lo único que me ayuda a no volverme loco son estas líneas que te estoy escribiendo. Ya me he acostumbrado al estallido de los obuses, antes me sobresaltaba en mitad de la noche y me paraban de golpe los pensamientos, pero ahora duermo muy bien. No sé cuánto tiempo va a durar esto, puede que meses pero te prometo que voy a verte en cuanto me den el primer permiso. Anoche estuve con un chico de Valencia que hablaba un poco raro. Dice que empezó a tartamudear cuando le explotó una granada cerca de su parapeto. Es un buen chico pero no creo que aguante mucho aquí, está destrozado porque han matado a su padre. Está destrozado pero vamos a ver si los demás le levantamos un poco el ánimo. Vosotras cuidaos bien, id para donde estén los de Franco y que te den un poco de rancho, seguro que ellos comen mejor que nosotros.

El otro día vi un lobo cuando iba a las letrinas. Era recién salido el sol y el campo estaba blanco y húmedo por el rocío. Tenía mucho sueño, pero mientras cruzaba el trecho hasta los aliviaderos una respiración profunda, como ronca, me acabó de despertar. Miré hacia unos montículos llenos de hierbajos y entre ellos vi dos ojos amarillos con unas pupilas grandes que me miraban muy fijamente, es extraño pero no sentí miedo, sólo curiosidad. Le grité y el lobo salió disparado campo a través. Estaba en los huesos y tenía la pelambrera gris llena de calvas. Bajan por aquí para comer algo, el invierno está siendo muy crudo y ni siquiera se asustan por los disparos. Si hubiera sido hace un año habría salido corriendo, con el miedo que me daban los lobos. Pero creo que el miedo se me ha ido desgastando con la guerra. Ya ves, el valor se lo dejo a los lobos.

Esto es muy raro, nunca te acostumbras, es como estar soñando y tener la esperanza de que alguien te va a despertar. Juana, yo estoy deseando que llegue el día en que empiece a olvidar todo esto. Con suerte, los de Franco nos darán una amnistía política a todos. Pero si ocurre lo peor, nos iremos bien lejos de aquí porque no quiero que Marquitos crezca en una tierra llena de odio e injusticia como le pasó a su padre.

El sargento es un hombre bueno de Almería. Me dijo que su ciudad había sido bombardeada por los barcos alemanes desde la bahía en un acuerdo con los de Franco. No me lo acabo de creer, la gente intenta meter de por medio a otros países en esta guerra pero lo que yo creo es que estamos dejados de la mano de Dios, esa es la verdad, esto es una guerra entre vecinos de huerta y nadie se va a meter, nos van a dejar morir lentamente y jadeando como una yegua que acaba de parir. Los únicos que vienen son voluntarios, brigadistas que no obedecen a sus gobiernos si no que son como nuestros hermanos que vienen a dar su vida por gente que ni conocen. ¿Y qué les llevará a venir a esta tierra reseca lejos de su familia y sus casas? No creo que sean ideas políticas, cada uno de ellos tendrá su historia de injusticias y hambre. Las ideas son un pretexto, Juana, un disfraz que se pone la gente para disimular que esta es una guerra entre ricos y pobres, como han sido las demás guerras del hombre.

Últimamente tengo una pesadilla que me asalta por las noches y luego me cuesta volver a dormir. Soy yo con dieciséis años y estoy en la plaza del pueblo con los otros quintos. En el centro de la plaza han puesto una cucaña y me toca trepar por ella, pero me resbalo aunque muevo los brazos y las piernas con todas mis fuerzas y me caigo al suelo y no puedo levantarme y entonces me quedo tumbado boca arriba en el suelo sin poderme mover y los otros chicos me señalan con las dos manos y se ríen sin darse cuenta de que estoy llorando, se me caen las lágrimas a borbotones y no puedo pedir ayuda porque estoy mudo como el muchacho de Valencia. Luego me levanto sudando y con los puños cerrados por el miedo. A lo mejor esto es normal, tú no te preocupes, yo también oigo los gemidos de otros muchachos hasta bien entrada la noche. Estar aquí es como si un gusano te royera las tripas poco a poco, casi sin que te des cuenta se te va apagando la esperanza como una llamita temblorona en un día de viento. Te agarras como un loco al recuerdo de los que te están esperando cuando se acaben estos años de odio y sangre inútil. Después del invierno caerá la primavera, y luego el verano, y lo peor de todo es que no sabemos cómo va a terminar esto. La espera es horrible, Juana, pero es lo único que tenemos aquí. Por entretenerme me devano los sesos pensando en los detalles de tu cara, los rizos de tu pelo que tanto me gustaba tocar. Mándame un mechón de tu pelo en la carta que me envíes, va a tardar en llegarme pero da igual, tu mándamelo. Bueno, Juana espero nos podamos ver pronto, cuida mucho de Marquitos y háblale mucho de su padre que piensa en él. Dale de comer bien para que se ponga fuerte. Ya te mandaré otra carta para decirte cómo estoy. Tu marido que te quiere

Francisco Satué

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

3 comments

  • muy bonito. El autor acierta plenamente cuando describe los sentimientos y sensaciones comunes a los dos bandos lamentablemente enfrentados. Cuando se mira la historia de nuestro pais da pena ver lo “aficionados “que somos los españoles a enfrentarnos unos con otros. por desgracia.

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  • ~Impresionante… Emocionante manera de escribir. Dejo vivo y bien retratado el momento… Transfiere sentires de qué manera… Felicidades!~

    Saudy ~_~.

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