La mujer de la flor

La mujer de la flor

Una mujer se sentó a la mesa de al lado.

Me miró, carraspeó con fuerza y me dijo si estaba escribiendo una novela. Levanté la vista del ordenador y asentí con la cabeza. Me preguntó entonces si era una novela de amor y yo le respondí que todas mis novelas eran novelas de amor, aunque hablaran de la propia literatura, de la Guerra Civil, de música clásica o de física cuántica. Ella rio con ganas, tomó el bolso, cogió un libro, lo abrió, sacó una flor marchita de sus páginas y me la alargó sonriente. Mi vida ha sido una continua historia de amor que ha durado ochenta años, aseguró dulcemente. Y añadió con una sonrisa: ¿Te importa contar la historia de esa flor que es la historia de amor de mi vida?

Cerré el ordenador y cogí la flor, que se convirtió en polvo en un instante.

Levanté la vista, pero la mujer ya no estaba.

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

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2 comments

  • Pasó la vida junto a la flor que, cierto día, siendo muy niña, su príncipe le regalara, pero ya no podía recordarlo más. Siempre esperó que regresaría, pero antes, ambas, marchitaron. Ceremonias de adioses. RT

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  • Nada más levantarme, encender el ordenador y leer lo primero que me salta a la vista veo el cuento de Justo Sotelo, de inmediato me viene a la memoria un título de Cortázar, “La vuelta al día en 80 mundos” en el cual el lector escoge su propio itinerario y escapa del concepto clásico de lectura lineal. Existe una semejanza desde el principio en cuanto al número “80”; en cuanto al número de años de la señora del cuento son 80 años en la que ella se ha visto sumergida en una historia de amor. El título de una obra de Julio Verne, por repasar coincidencias literarias es también “La vuelta al mundo en 80 días” induce a pensar que Verne deseaba que lo fantástico pareciera científico al contrario de Cortázar que igual que Sotelo sostienen a través de la aparente calma de lo real es importante atisbar en lo oculto, en lo misterioso, en lo imperceptible del ser humano.

    El polvo metafórico de la flor es el paso del tiempo de la historia de la Humanidad en la cual se desvela la “circularidad temporal”, como un Eterno retorno a sucesos dentro de un ciclo que se repite constante; similar al instante en que ese polvo deja de existir, Aristóteles ya se ocupa del “aquí y ahora”, él mismo lo vio como una verdadera incertidumbre. El “ahora” es esa parte del tiempo entre el pasado y el futuro, un límite entre ambos conceptos. Ese “ahora” no puede tener duración porque si así fuera, compartiría una parte en el pasado y otra el futuro. Un intervalo por tanto de “ahoras” no tendría duración, sería un continuo de infinitos ahoras. Por lo tanto en este delicioso relato de “sábado” 2 de abril, el tiempo se diluye, Justo Sotelo lo evapora junto con el espacio de una flor que una mujer le pide que cuente.

    En el famoso ensayo de Georg Luckács, “Teoría de la novela”, se nos muestra un análisis de la estética y de la literatura tipo hegeliano donde la novela era un ejemplo a seguir dentro de las sociedades de la época, típico representante de las “ciencias del espíritu”. Del mismo modo, Sotelo repasa en sus palabras el símbolo de la novela en cuestión, dentro de la estética de nuestro siglo XXI y desde un paradigma de la propia filosofía de la historia.

    Fantástico y dulce relato donde el amor, una vez más, triunfa por encima del intelecto. Un abrazo gran amigo y enhorabuena por ser tan entrañable.

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