La hospitalidad de la intemperie, de Javier Cristóbal

La hospitalidad de la intemperie, de Javier Cristóbal

La imagen de la portada es de una obra de Zaria Forman

«Ni reír ni llorar, sólo comprender»
Spinoza

 

La hospitalidad de la intemperieComprender para reír mejor, para llorar mejor, para volver la acuarela óleo. Para mí, este es el pulso que cruza el tercer poemario de Javier Cristóbal, La hospitalidad de la intemperie (Amargord,2016).

Su título ya es un aviso, casi una profecía, ya que sólo en la intemperie, que es vivir expuesto, enfrentado sin parapetos a la vida, puede el ser humano encontrarse. Y es que eso es la realidad, una intemperie que sólo ama a quién se hace, como ella, duro como el fuego.

Este poemario es la huella de alguien que ha entendido que tanto la tarea de vivir como la de escribir exige de nosotros que nos volvamos guerreros; siempre y cuando nuestro deseo sea el de intensificar y no el de participar de esas prácticas que nos reblandecen. Así, frente a los dispositivos que nos debilitan bajo la promesa de la seguridad, Javier Cristóbal apuesta por la andreia, por el vigor que habitar la intemperie, ese “no hay lugar seguro”, entrega. Hay mucho del proyecto nietzscheano en esta obra, su autor lo sabe y por eso pone en el dintel de este poemario, a modo de bienvenida al lector, un fragmento de Así habló Zaratustra.

Poemas bélicos, sin duda:

Mantenedlos hambrientos
a los perros,
sobreexcitadlos con gritos, y el olor
nítido de la presa…

La poesía tiene que traer sangre en la boca.

Pero también llenos de luz:

Martín:
Te traigo las caricias del abuelo
Están en mi memoria, y en mis dedos
han vuelto a aparecer sobre tu cara

Yo no las he llamado, lo prometo
Ha sido así, yo que através nuestro,
en íntimo misterio de exultantes
lugares de la vida sobre el tiempo,
se ha desdoblado el haz de nuestra sangre
Y sé que somos vida iluminada
caminos estelares
empeño de seguir permaneciendo

Martín,
incluso ahora
cosidos por la piel somos silencio,
dos niños que se entienden:
Tú aún no hablas
y yo apenas si encuentro las palabras

Gotas de sabiduría:

Andarse por las ramas, tanto más
cuando allí se hallan los frutos

Y que vayan al grano los idiotas

Y varios zarpazos de humor:

CURSO DE ESPAÑOL PARA EXTRANJEROS.

Menudas gilipolleces
dices
digo
decimos
dice
decís
dicen

Si Nietzsche planea por La hospitalidad de la intemperie, también lo hace el gran Dámaso Alonso, en concreto, el Dámaso Alonso de ese poemario que nunca será lo suficientemente leído y festejado, Hijos de la ira. Y lo que el propio autor dijo de su obra, bien puede aplicarse a la poesía de Javier Cristóbal: «Yo buscaba una expresión para mover el corazón y la inteligencia de los hombres y no últimas sensibilidades de exquisitas minorías».

Creo como tú, Javier, que «la poesía debe traer sangre en la boca», y tú practicas con el ejemplo. Ahora sólo queda esperar que algunos que por ahí versean se den por aludidos y tomen algo de nota. A ti lector, sólo me queda decirte que te recomiendo sinceramente bajar a la arena que es La hospitalidad en la intemperie. Sin duda volverás lleno de recompensas.

Autor

Gonzalo Muñoz Barallobre
Soy filósofo y hago cosas con palabras: artículos, aforismos, reseñas y canciones. De Tarántula soy el cocapitán y también me dejan escribir en Filosofía Hoy. He estado en otros medios y he publicado algo en papel, pero eso lo sabe casi mejor Google que yo.

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