La casa redonda, de Louise Erdrich

La casa redonda, de Louise Erdrich

Yo me veía diferente, aunque todavía no sabía en qué. Incluso en ese momento, aplacando mi angustia mientras partíamos en busca de mi madre, que había ido a la tienda de comestibles –nada más, seguramente nada más- fui consciente de que lo que estaba sucediendo era algo fuera de lo normal.

Un acontecimiento excepcional en la vida de un muchacho de 13 años narrado con maestría en primera persona. La casa redonda es la historia de la agresión sexual sufrida por una mujer india ojibwe y de cómo le afecta a ella y a su familia este violento suceso. La acción trascurre en Hoopdance, una pequeña localidad situada en una reserva india de Dakota del Norte y la familia está compuesta por Geraldine, la víctima, su marido, Juez Tribal y su hijo, Antone Bazil Coutts, que decidió llamarse Joe a los seis años aunque su abuelo, el viejo Mooshum le apodó “Oops”. Estamos en la primavera de 1988 y mientras su padre intenta conseguir que se haga justicia, Joe en compañía de sus inseparables amigos Cappy, Angus y Zack, se ven enfrentados de golpe y porrazo con un mundo de adultos, incomprensible y violento.

Lo primero que el lector descubre a través de la narración es que nos encontramos en Estados Unidos pero la sensación es como si fuera un país distinto. Es el de las reservas indias, unos asentamientos establecidos por una burocracia que data de finales de 1800 y que aún en nuestros días encierra y condena a los descendientes de las naciones indias a una justicia “distinta”. Por ejemplo, el gobierno respeta las leyes tribales pero no permite que sus jueces juzguen y condenen a un no indio; también descubrimos que ser indio no es algo tan obvio como creíamos sino que tiene que ser demostrado por documentos que certifiquen que un individuo pertenece a un clan registrado aunque haya que remontarse más de cien años, y que la conquista del Oeste no se logró sólo ganando sangrientas batallas sino con acuerdos legales obtenidos tras las derrotas, acuerdos que perviven en el siglo XXI y que han abocado a las naciones indias a una existencia aprisionada en unos territorios físicos y jurídicos asfixiantes.

Tras la agresión a la que sobrevive con coraje y decisión, Geraldine, la madre de Joe, especialista del Registro Tribal, abandona su trabajo y se sumerge en una profunda depresión mientras Joe contempla atónito como desaparece ocultándose en su habitación a oscuras donde duerme y duerme sin parar; su padre, el juez que cultiva su voz de trueno para los tribunales, rebusca en casos anteriores tratando de encontrar alguna forma legal de acabar con la impunidad del agresor, un hombre blanco cuya identidad descubre y al que todos conocen en la localidad. A través de esos expedientes, Joe comenzará a comprender quién es su padre y lo que había sido su vida. Y no es el heroico juez perseguidor de criminales que el imaginaba, sino un esforzado y paciente a la fuerza, buscador de argucias legales para defender a los habitantes de la reserva en hurtos, robos e incidentes de poca monta. Desconcertado y confuso, Joe sólo se sincera con sus amigos que le acompañan incondicionalmente en sus pesquisas e intenta refugiarse en las historias de su abuelo Mooshum que, siempre en sueños, habla de las viejas leyendas y tradiciones indias sobre los wiindigoo, individuos atrapados por el Mal, o su ajijaak , la herramienta de la suerte que le mostrará su doodem, la grulla, el animal al que pertenece el clan de su abuelo y de su padre.

Indios Ojibwe en el siglo XIX

A pesar de las distancias culturales y generacionales, Joe no tarda en personificar el Mal en la figura del agresor de su madre, un individuo al que conoce y campa a sus anchas por la reserva e incluso por las inmediaciones de su casa lo que provoca un ataque al corazón en su padre y un pánico indecible en el chico que se siente obligado a hacer “algo”. No sabe muy bien qué pero siente que tiene que hacer lo que sea para recuperar a su madre y para que las cosas sean “como antes”. No lo conseguirá pues sus acciones, justificable o no, le llevaran sin remedio a convertirse antes de tiempo en un adulto al que la sociedad responsabilizará de sus actos.

Además de su familia y amigos, otros personajes importantes en la vida de Joe aparecen en la trama, Sonja, la mujer de su tío Whitey, una antigua stripper, alta, rubia y de piel curtida que le gusta como a cualquier chico le puede gustar su tía pero “sus sentimientos hacia sus pechos tienen otra dimensión”; el padre Travis, un joven cura católico, religión muy insertada en la vida y costumbres de la reserva del que los chicos saben que “no folla pero mea de pie”, la abuela Ignatia Thunder, “hay abuelas indias en las que la iglesia no prende y que, en su vejez, se sueltan la melena y escandalizan a los jóvenes” y sobre todo, el agresor, su hermana melliza y las intricadas relaciones familiares establecidas durante generaciones entre indios y no indios.

El gran mérito de esta novela no se sustenta sólo en mostrar estos aspectos casi desconocidos del destino de las naciones indias o de sus leyendas y costumbres, sino en la capacidad creativa de Louise Erdrich. Sin ánimo de blasfemar podríamos decir : “Y habitó entre nosotros..” para describir la creación del protagonista y narrador de la historia, Joe, un adolescente que se introduce en nuestros pensamientos y en nuestra vida con la fuerza de un personaje real.

En una reciente entrevista publicada en el suplemente Babelia de El País Sábado 8/06/13), la autora decía: “Quería prestar un servicio a mi gente de alguna manera. El arte es un servicio pero al antojo del artista. Una contradicción”. Y también confiesa que no podía arrancarse la piel de Joe: “Me enganchó tanto que me ha costado soltarle, le echo de menos”.. Nieta de un juez de la tribu ojibwe, exdirigente de la reseva Turtle Mountain Band of Cheppewa,en Dakota del Norte, cerca de donde creció y de la que sigue siendo miembro activo, Louise Erdrich se casó con Michael Dorris, su primer agente literario, con el que tuvo tres hijas que se sumaron a la familia que Dorris había creado adoptando tres niños indios, pero se divorciaron en 1995, dos años antes de que Dorris, denunciado por abusos por su hijos, se suicidara. Mientras escribió La casa redonda padeció un cáncer y actualmente vive en Minneapolis donde es propietaria de una librería e imparte un taller literario. Su primera novela FILTRO DE AMOR obtuvo el Premio Nacional de la Crítica en 1984 y. LA CASA REDONDA ha ganado el NATIONAL BOOK AWARD 2012 pero al margen de estos antecedentes literarios y de los conflictos vividos, Louise Erdrich es, sobre todo, una gran escritora.

La casa redonda, de Louise Erdrich, Nuevos Tiempos Siruela 2013

 

Familia Ojibwe

Autor

Concepción Muñoz Llorca
Nací en Barcelona. Desde niña, leía todo lo que caía en mis manos hasta que crecí y fui volviéndome selectiva. A los 40, entré a trabajar en una productora de cine (Tesauro) y llegué a ser productora ejecutiva de programas para la televisión pública y privada, pero no estaba satisfecha; En 2004 me fui a Guadalajara para encargarme de la Dirección de un Centro de Acogimiento Residencial para menores extranjeros. Durante seis años el trabajo social colmó todas mis expectativas, pero siempre encontré tiempo para seguir leyendo. Ahora, en Madrid, prejubilada y con 64 años, me gusta compartir con vosotros mis lecturas e impresiones a través de mis reseñas.