La canción de la bolsa para el mareo, Nick Cave

La canción de la bolsa para el mareo, Nick Cave

canción mareo CaveUn sistema nervioso (y tanto), Nick alimentándose de rimas y fantasmas que aúllan y dan armonía a las palabras. Nick y la resistencia, los nueve tormentos del desarrollo que viven en la sangre y en la piel y en los nervios. La provocación, la enfermedad, la tristeza, la necesidad de crear… Nick y la canción de la bolsa para el mareo que es la bilis y las tripas y los últimos vestigios. Nick y las nueve musas, Calíope para las baladas épicas, y qué curiosa Urania, que ayuda cuando la cosa se pone sideral y psicodélica. Nick y la metafísica: Todo está ocurriendo y ya ha ocurrido y volverá a ocurrir. Todo lo que existe ha existido siempre y seguirá existiendo. Nick y la autoayuda, y una semejanza a algunos posts de facebook, dando ánimos (ya te vale). La memoria es imaginaria; no es real. No os avergoncéis de su necesidad de crear; es la parte más bonita de vuestros corazones. Nick y los dragones, y los ángeles, y las musas, otra vez. Nick y el poema de carretera. Y Marilyn Monroe, Jimi Hendrix, Janis Joplin y todos los demás que se han ahogado en su propio vómito. 


Que el mundo sepa que morí de amor

y que te llamé desde una distancia de ocho mil kilómetros

y me acordé de lo que decían los ángeles:

Estamos contigo, pero tienes que dar el primer paso tú solo

Nick y el aplazamiento. Los tormentos primarios de la creatividad. El miedo, la locura, el suicidio, internet, el sexo, el vampirismo, la lobotomía, un ataque terrorista, el apocalipsis, la decapitación.

Vaya empanada tiene Nick Cave.

Todas estas iluminaciones, todos estos relámpagos, todo el bourbon, 1000 cigarrillos rubios, estos tragos de road movie son el pretexto para decir: me fui de gira por Estados Unidos y Canadá con los Bad Seeds. Toma la lírica sincopada, la poesía sangrienta, la alucinación, la desorientación de la brújula, la introspección a quemarropa. Tú eres mi fan, lee mi puto libro, soy Nick Cave, no permito una edición de mierda, no lo es. Toma mi trabajo, me la suda todo.

La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015) es un manifiesto de confidencias, ciertamente lastimoso, a veces irónico. aunque triunfa la melancolía, la poesía, los miedos, el paladar agrio. Notas en el autobús, en cafeterías de autopista norteamericana, impresiones, una nostalgia lánguida como toda añoranza, humor entre líneas (no, no es Arévalo, ni Bertín Osborne) y un viaje que toma dos nombres: Odisea y/o Epopeya.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Sarcástico incansable, desarrolla su clave humorística y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula, donde también escribe una sección personalizada llamada Diario de un Paranoico. Ejerce como columnista de opinión en el periódico El Cotidiano y ha sido colaborador habitual en diferentes revistas de Suramérica, aunque estas variables cada vez le dan más pereza. Compagina la literatura con el business de la moda. Y ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Cree que Magdalena es su mejor novela, de largo.

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