Innisfree

Innisfree

Yo era la princesa del poblado, dijo ella. Y yo el héroe que te rescató, dijo él.

Al llegar a la isla eligieron unas bicicletas para recorrerla. El viejo fuerte circular del que les habían hablado en el “bed and breakfast” se encontraba a unos quince kilómetros. Ella se puso a tararear la canción de “El hombre tranquilo”. Él iba detrás, sonriendo. Dejaron las bicicletas al pie de la colina y subieron corriendo hasta el fuerte. El viento soplaba con fuerza en la cima. Allí se besaron apasionadamente. Gracias por llevarme en tus brazos hasta la edad de hierro, dijo ella. Gracias a ti por elegirme entre tantos hombres, dijo él. Y añadió: Los dioses y los hombres tuvimos el mismo origen. Después vinieron las edades de plata y de bronce. Y naciste tú y yo te rescaté para que dejaras de ser tiempo. Durante el camino de vuelta comenzó a llover con fuerza, pero siguieron pedaleando varios kilómetros. Llevas la camiseta tan mojada como la de John Wayne en la escena de la iglesia de la película, rió ella. ¿Aprovechamos para casarnos, pelirroja?, dijo él. ¿No te importa que sea morena?, dijo ella acercando sus labios húmedos a los de él.

Entraron en un pub y se secaron frente a una chimenea.

Un tipo cantaba “La isla de Innisfree” acompañándose de una guitarra.

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

2 comments

  • Una vez más percibimos una relación del cuento de Justo Sotelo con otros textos vinculados implícitamente a él, cuyo término acuñó Julia Kristeva, la llamada intertextualidad, es decir, una alusión indirecta al pueblecito donde nació Nora, la mujer de Joyce que influyó a su vez, en Nora Acosta, protagonista de la última novela de Sotelo, “Las mentiras inexactas” en la que a su vez se aludía a la Nora de La casa de muñecas de Ibsen y a Nora que rechazó a Borges, tal y como el propio autor Sotelo se refería en post de ayer en las redes sociales.

    Es el típico relato encuadrado en la posmodernidad, es decir, el escritor lo llena de símbolos, imágenes, metáforas y mitos. El mito se puede considerar dentro de una estructura general de etapas, donde desde un principio lejano en el tiempo en el que los hombres vivían de forma semejante a los dioses (Edad de Oro) hasta la época de quien expone la historia (Edad de Hierro). Encontramos tres testimonios que podrían reflejarse en esa frase, “Los dioses y los hombres tuvimos el mismo origen”. El primer testimonio del mito de las razas proviene del poema Trabajos y días de Hesíodo (vv. 106 – 202). El poeta introduce el relato diciendo que contará cómo los dioses y los hombres tuvieron el mismo origen. Otro mito sobre las edades del hombre lo cuenta Platón en su diálogo Político, y el tercero, Ovidio recalca que la justicia y la paz sólo son propias de la Edad de Oro en el poema La metamorfosis. Por tanto, Sotelo mezcla las edades o las razas del hombre por las que ha pasado la humanidad desde su creación, según la mitología clásica (el griego Hesíodo y el latino Ovidio).

    La escena se sitúa en Irlanda y más concretamente en las Islas de Arán donde nace Nora, la mujer de Joyce. Por referencia a la película El Hombre Tranquilo (The Quiet Man, 1952), una de las obras maestras de John Ford rodada en un pueblo rodeado de praderas verdes llamado Innisfree, en realidad el nombre del pueblo es Cong, en el condado de Galway.

    Se disuelve el tiempo a la vez que se entremezcla con el concepto de circularidad semejante a la forma circular del fuerte al que acceden en la isla.

    Aparece un narrador heterodiegético, es decir, únicamente narra o cuenta un relato de acontecimientos donde descubrimos un código axiológico mediante un viaje en que a ambos personajes les permite visitar la isla. Un “ida y vuelta” mediante el pedaleo con fuerza que trascurre en un día lluvioso, típico de Irlanda.

    El discurso directo narrativizado donde entran en juego además de la voz en 3ª persona del narrador omnisciente, la de los dos personajes, Él y ella. Me recuerdan a los mismos que aparecen en la tercera parte de los “Cuentos de los viernes” de Sotelo donde se diluyen el tiempo y el espacio.

    Los personajes, Él y ella se mezclan con personajes de ficción de una película, una especie de flashback o retroceso al pasado en blanco y negro. Ambos son portavoces de la posición que adopta con respecto al amor el propio autor con la delicadeza y sensibilidad que le caracterizan. La música suena al compás de la guitarra y el amor se desliza por las palabras de Sotelo con armonía, pausas lentas que incitan a saborear cada más el relato.

    El verde esmeralda de la isla de Irlanda se percibe a lo lejos, se diluye, se evapora y se condensa en su lenguaje…

    Gracias Justo, escritor posmoderno por excelencia…si no existieras, habría que inventarte…
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