Incendios o Un cuchillo clavado en la garganta

Incendios o Un cuchillo clavado en la garganta

Por Cesár Augusto Caír

La infancia es un cuchillo clavado en la garganta. Esa es la frase que han elegido los responsables de Incendios, el montaje dirigido por Mario Gas que se representa en el teatro de La Abadía hasta el 30 de octubre con todas las entradas ya vendidas, para la publicidad en documentación y medios. Con esa frase sencilla pero tan poética como contundente pueden hacerse una idea de cómo escribe el libanés nacionalizado canadiense Wajdi Mouawad, que no es ni escritor, ni poeta (a pesar de que Javier Vallejo le llama ‘poeta del escenario’), ni dramaturgo, ni guionista: es un Monstruo de la Literatura (así, con mayúsculas).

Mouawad, gran controlador del tempo y las estructuras narrativas, del equilibrio entre lo objetivo y lo subjetivo, consigue que el texto de Incendios sea flameante como el fuego, iluminador como una llama y destructivo como el título. Es un fogonazo de clarividencia, de sabiduría, de intensidad y sensibilidad detonado por alguien que tuvo que buscarse un lugar en el mundo (incluso literalmente) después de que el suyo la guerra y el miedo lo quemaran. Huyó de un Líbano en conflicto con ocho años de la mano tirante de sus padres después de ver cómo quemaban unos milicianos un autobús lleno de refugiados (hombres, mujeres y niños), se exilió en Francia y después en Canadá, buscó y lloró, pero la rabia en forma de fuego era tan fiera que las lágrimas eran pocas para extinguirla. En el exilio, tuve que buscarme algo con lo que recrear el espacio de felicidad de mi infancia, algo que volviera a ponerme en relación con la naturaleza. Y vaya si volvió a la naturaleza: Incendios, Cielos, Bosques o Litoral son los títulos de algunos de sus trabajos (las cuatro forman la tetralogía llamada Le sang des promesses, la obra que le dio el éxito internacional desde su estreno en el Festival de Avignon en 2009); recurre constantemente a pájaros, a árboles, al sol, a estrellas, a ríos, a noches oscuras que pueblan sus diálogos en una clara veneración de la naturaleza que roza la mística y el panteísmo; sitúa el motor de los individuos en las vísceras y no en la mente, como si fueran animales vulnerables, al acecho por un peligro, un fuego, que amenaza con cercarlos. Así se mueven sus personajes, yendo, volviendo, buscando, inquietos e impactados ante el mundo inhumano, salvo Nawal, la protagonista, que a pesar de tener la cabeza en las estrellas sigue el mandato de su abuela moribunda: aprender a leer, aprender a escribir, aprender a contar, aprender a pensar, pues la razón es lo único que puede salvarnos de la barbarie irracional del extremismo que provoca guerras y sufrimiento.

Con un texto de esa magnitud tridimensional (concisión, expresión y belleza son esas tres dimensiones, esos indicadores que, equilibrados, conforman la grandeza de una obra) era obligado un equipo a la altura. Y, en general, lo están. Una dirección sólida y visible que se aprecia en unas interpretaciones ‘de cámara’, a pequeña escala (gesto) y a grande (movimiento), ejecutadas por un reparto de nombres labrados por el talento (un momento cumbre del montaje es el monólogo de Nuria Espert ante el tribunal que juzga a su violador, una auténtica lección de interpretación y ‘tablas’, estremecedor; sin olvidarme de Álex García, ya un grande de la escena, la fuerza arrolladora de una soberbia Laia Marull, el dominio interpretativo de Ramón Barea o la versatilidad de Alberto Iglesias). Visten la puesta en escena una escenografía sencilla y funcional, adecuada a la pluriescenalidad del autor (‘palabro’ inventado para referirme a la capacidad y facilidad de Mouawad de mezclar tiempos y espacios en escenas simultáneas), unas hermosas proyecciones bien dosificadas que describen y narran y una iluminación que apenas cambia, todo al servicio de centrar la atención en una conmovedora historia que incendia ojos y oídos de quien ve y oye, en la conmovedora historia de Nawal, en la conmovedora historia de una mujer movida por su cuchillo clavado en la garganta: el amor perdido.

En la imagen el reparto al completo de Incendios, de Wajdi Mouawad, dirigida por Mario Gas

En la imagen el reparto al completo de Incendios, de Wajdi Mouawad, dirigida por Mario Gas

Incendios, de Wajdi Mouawad. Dirección: Mario Gas. Reparto (por orden de aparición): Ramón Barea, Álex García, Carlota Olcina, Alberto Iglesias, Laia Marull, Edu Soto, Nuria Espert y Lucía Barrado. Se estrenó el 14 de septiembre de 2016 y estará en cartel hasta el 30 de octubre en el Teatro de La Abadía de Madrid.

Autor

César Augusto Cair
Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, apareció en 1992 en la Guía de Jóvenes Artistas de la Comunidad de Madrid como poeta. Además de novelista y dramaturgo, dirige la compañía Fierabrás desde su creación en 2005, un grupo de teatro estable con el que lleva a escena sus obras y que se ha convertido tanto en exponente de un tipo de teatro alternativo madrileño como en taller de intercambio de técnicas y conocimientos entre actores. Desde 2015 es miembro del Laboratorio Rivas Cherif del Centro Dramático Nacional.

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