Go, go, go, good morning, to school, de Mario Marín González

Go, go, go, good morning, to school, de Mario Marín González

Go, go, go, good morning, to school de Mario Marín González, es una escenografía deudora de lo visual y del absurdo y heredera del Invencionismo y la sonrisa. Inventar para rodear el problema.

Cuando nos alejamos voluntariamente a los páramos del desgarre estético, nos situamos necesariamente frente a piezas como Go, go, go, good morning, to school, nos colocamos ante un nopoemario como si fuese un nolugar, un espacio de estructuras neutras, con perfil de transitoriedad, como lo es un sanatorio, un cementerio, un gimnasio o un aeropuerto. Un nopoemario que se muestra como un poemario sin armardura ni esqueleto, que necesita y se agarra a la muleta de cuatro relatos para funcionar como pieza artística.

Con Go, go, go, good morning, to school, nos colocamos dentro de un carro de compra de un gran supermercado, recorriendo los pasillos y llenando el lugar que deberían ocupar los productos que no compramos. Nos situamos ante un híbrido montado con pellejo empeorado e invencionista, con torcedura inevitable a los márgenes, como el carro de compra. Estructuralmente, hablamos de un storyboard empoderado que funciona como un drama sin escala de grises. Es una pieza entendida como una tramoya que suelda con restos de recortes dos amplias telas de proyección que terminan uniéndose por sus extremos alto y bajo. Go, go, go, good morning, to school, es una mixtura ligada con dos poemarios apadrinados por cuatro relatos que le dan entrada y salida a cada uno. El primero de ellos funciona como molde y el segundo como bronce fundido. Para conseguir la escultura, hay que voltear y evitar las coladas de aire hasta tener el fraguado necesario.

El suelo de las paredes, abre con la historia sobre un carnicero amante del cine gore, Santiago Chamizo, quien abre la puerta a las cuatro ramas; Buzos que se ahogan en el mar, La vacas no comen carne, La novia de mi cadáver e Isla Manguitos, con cinco poemas cada uno. La salida la da el relato con la historia del artista contemporáneo Rafael Vélez. Este primer poemario nos habla de los territorios escorados, de emplazamientos que existen y se ignoran, del abandono y el olvido, pero también del carpetín de los futuros inventados.

Mundo Club, es el segundo poemario y entra en acción de la mano de la prostituta Lady Gaga, para dar paso a Las Ceñiduras, Kiosco de las Hetairas, Ribera Barragana, La corte y la seda y Cuerpos y miradas, cada uno con ocho poemas. Junto a esos cinco espacios aparece uno último, Barbie odia el rosa, con un solo poema. La escena la cierra la historia de Sara la Estatua, un travesti machihembra de un puticlub de carretera secundaria. Mundo Club se muestra en las estepas para enseñar el valor de la pérdida a través del abandono, un abandono de derrota con ropa interior de saudade. Con una brevedad premeditada, sus versos enseñan solo la punta de las garras, relatan solo el aparcamiento de un Centro Comercial, dejando el resto de la tarea al lector.

Go, go, go, good morning, to school es una escenografía deudora de lo visual y del absurdo y heredera del Invencionismo y la sonrisa. Inventar para rodear el problema.

Go, go, go, good morning, to school, Editorial Niebla, Huelva, 2017.

 

*La imagen de cabecera pertenece al colectivo artístico Colectivopacopérez, del que forma parte Mario Martín Gónzalez

Autor

Ogro Muñoz
Ogro Muñoz, nace en noviembre de 1982 y le laman Nicolás. Ha pasado por la escuela de Bellas Artes, de Arte Dramático y la facultad de Filosofía, sin finalizar ninguno de los estudios que inicia. Interesado por todo, pero inconstante, ha escrito en todos los medios donde se lo han permitido y ahora agradece la oportunidad que le ofrece Revista Tarántula, de informar de la existencia de obras de su interés.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *