Fragmentos para una teoría romántica del arte.

Fragmentos para una teoría romántica del arte.

Fragmentos para una teoría romántica del arte. Antología y edición de Javier ArnaldoPublicada por Tecnos por primera vez en 1987 por iniciativa de José Jiménez, según declara Javier Arnaldo en el Prólogo, aparece ahora (2014) en su tercera edición. Destacan sobre todo dos cualidades de este libro que lo hacen indispensable: la selección de los textos y autores y la cuidada edición de Javier Arnaldo y Tecnos.

En cuanto a lo primero, el lector encontrará textos y autores más conocidos, como Schiller (con dos de las cartas Sobre la educación estética del hombre de 1795 y la Carta a Goethe, en Weimar de 1796), Goethe (con textos sobre estética que van desde 1772 hasta 1832, año de su fallecimiento), Hegel, con textos desde 1795, cuando aún se mantiene afín a Kant en muchos de sus planteamientos, hasta 1821, Schelling y Hölderlin. Pero junto a ellos aparecerán filósofos considerados menores dentro del Idealismo alemán como Schleiermacher, literatos como Kleist, Novalis, Tieck y pintores como Caspar David Friedrich o Philipp Otto Runge.

La recepción de Kant en todos ellos es notable, no sólo como punto de partida de la reflexión estética; la Crítica del juicio kantiana pone en el arte la posibilidad de una libertad no condicionada por imperativos, una libertad proveniente del sujeto creador, capaz de aunar la individualidad de este con la universalidad. La reflexión kantiana pasa por investigar cómo puede ser bello lo bello: sin concepto, sin un fin, que sí aparecen en la naturaleza, lo único a lo que queda aferrarse es al genio del creador, por una parte, y al sentimiento, por otra.

Aquí entra en juego la cuidada edición de la que hablamos. Javier Arnaldo ha sabido entender que la teoría romántica del arte como tal no existe, sólo se puede reconstruir a partir de fragmentos, con los distintos matices que los autores van introduciendo en las ramificaciones de la teoría kantiana: así, la teoría de la inspiración, la imitación del arte e imitación de la naturaleza, la reflexión en la obra, la teoría de la representación y el símbolo, el mito y el modelo intelectual, que constituyen los apartados del libro. Pero, además, es que los románticos, consecuentemente, no reservan la teoría para el tratado filosófico y el sentimiento para la obra de arte: en las cartas, aforismos, poemas e imágenes hay ya teoría, y, por otra parte, en las teorías se explora el momento irracional, incondicionado, arbitrario, de disgregación -según cada autor- del que surge la inspiración, se ponen en tela de juicio la Ilustración y la formación como imitación de modelos o seguimiento de principios formales, que deriva en artificios. Frente a esta normatividad, se propone un arte que sirva de segunda naturaleza, un “sentir puro” no contrario a la naturaleza sino “adecuado” a ella, lo que hace que se privilegie la experiencia de la belleza frente a la técnica, lo que Novalis llama “imitación genética”, una mímesis autónoma, intelectual, una imitación “vivificante”, en palabras de Arnaldo. Schiller hablará de esa condición paradójica de la técnica como un rasgo general de la cultura: por un lado, la técnica, la ciencia, han hecho al hombre autónomo, capaz de desarrollar sus facultades, pero incapaz, al mismo tiempo, de integrarlas en un todo armónico -la educación estética, dirá Schiller siguiendo a Kant, vendría a confirmar la simultánea posibilidad e imposibilidad de esa armonía; Schlegel propondrá, con el mismo fin, una “nueva mitología”.

Decía Novalis en 1798 que “nuestro cuerpo debe devenir arbitrario. Orgánica nuestra alma”. Un organicismo, una continuidad armónica, que servirá para que el poeta, el pintor o el músico medien entre la belleza bruta de la naturaleza -recordemos, siguiendo a Kant, que en las cosas, en los fenómenos, la belleza no estará de forma inmediata- y el hombre.

El hecho de que los románticos no sean sólo artistas, sino que haya una reflexión teórica detrás, añade interés a sus escritos, y viceversa: que una teoría del color, una teoría del sentimiento o una reflexión sobre la propia inspiración se materialicen en un poema o un cuadro ayuda a la hora de interpretar los densos escritos románticos. Eso es lo que se propone este libro, presentar e interpretar estos escritos, y lo hace de forma rigurosa, aunque exigente para con el lector, y clara.

Fragmentos para una teoría romántica del arte. Antología y edición de Javier Arnaldo. Tecnos.

Autor

Federico Ocaña
He publicado Desprendimientos (Amargord, 2011). Mis poemas han aparecido en La sombra del membrillo, Cuadernos del matemático, Heterogénea, Sol negro, etc. y en Ochenta & 3 (antología en prensa, coord. Hipólito García “Bolo”). He ofrecido recitales en Expoesía de Soria, La Noche en Blanco, universidades, bibliotecas y centros culturales y colaborado como músico con Mª del Mar Ocaña en Almendra (Amargord, 2010), de Luis Luna y Lourdes de Abajo -ilustraciones de Juan Carlos Mestre y pórtico de Antonio Gamoneda, y como artista visual en “Equivocación” (2012) con Irene Tourné. Con Arantxa Romero, Pablo Álvarez e Irene Tourné he fundado el grupo Fractal. Soy Licenciado en Filosofía, Máster en Pensamiento español e iberoamericano (UCM) y ultimo el Grado de Lenguas modernas.

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