Estabulario, de Sergi Puertas

Estabulario, de Sergi Puertas

Son caminos divergentes la imaginación y la literatura.

La imaginación es espectral. Es ingenio, quimera y fantasía.  Pueden ser psicotrópicos, alcaloides, drogas recreativas.

La literatura posmoderna (en conexión con la creatividad precedente)  elabora la farsa y se acuerda de Kingsley Amis.

PortadaEstabularioSergiPuertas_forCropEstabulario. Son relatos insólitos, tan extralimitados de figuración y simulacro que Sergi Puertas parece el puto amo del taller de humanoides mutantes y mitos de cataclismo (Apocalipsis) de Amazing Stories

Sabido es que hay una desvalorización del cuento respecto a la novela, o incluso de la poesía, pero no deja de ser notorio que Chéjov, Borges, Poe, Perrault, Kingsley Amis, muy comprometidos con la parábola (aquí Perrault se llevaría la palma) o el relato corto, no son escritores menores, o en cualquier casi nadie habla de demérito literario. Sí de emperadores de la brevedad o lo mediano. Igual por ello hay más premios rurales de cuentos que pueblos donde desarrollarlos; igual por ello hay más relatos mediocres de concursos de pueblo que gente para desarrollarlos. Es decir, corrección de taller municipal. Dolor, sociedad, droga, malos tratos, derechos, igualdad, belleza de la comarca, no vaya a ser que lo tenga que leer el diputado de Ciudadanos.

Tatiana, recibe otro chute de adrenalina, boquea. Su índice se ha crispado contra el gatillo con tanta fuerza que a punto ha estado de disparar. Retrocede hacia el salón derribando una lámpara a su paso, se pertrecha tras el sofá. Apoya el Kalashnikov en el respaldo, apunta a la puerta. Chirridos, grima, carne de gallina. Un sabor ácido en el paladar, escalofríos bajo el burka. La puerta recibe otro impacto, en la pared se abre otra grieta.  Tatiana retrepa sus rodillas sobre el sofá, gime fuera de control. Aprieta con fuerza los labios, corrige el ángulo del cañón.

Nada de degradación, nada de psicopatía: eso es el provincialismo. Por ello es muy probable que Sergi Puertas (provocador, bizarro, efectista, cómico, violento, ingenioso) no ganara un 90 por ciento de los dos millones trescientos veinte mil concursos de cuentos de corporaciones municipales que hay en este país. Ningún político es lo suficiente vesánico o delirante para premiar la sordidez, la comedia, el sexo, la inconveniencia, y ningún concejal (habitualmente) sabe algo de literatura. Por tanto, el cuento (su custodia) se degrada por si solo gracias a sus propios patrocinadores; ahí donde la auténtica literatura pierde su hegemonía gracias a los coleccionistas de cosas bonitas y solidarias como las mariposas y la paz (para leer de puta madre).

Por fortuna, Estabulario no es un libro agradable, ameno y pronosticable de relatos, sino un artefacto taimado, interesante, inquietante, descifrador de la realidad y su tragedia, siempre recreándose en la duplicidad de la ironía, con intermitencia en la llamarada del talento, pero con clara diferenciación del convencionalismo y las colecciones de mariposas. Inagotable, cual si fuera literatura.

El infinito abarca lo material, lo inmaterial. Lo vivo y lo inerte y lo que hay entre ambos. El infinito abarca lo que fue, lo que es, lo que será. El infinito equivale al propio cosmos y a sus infinitas posibilidades. Por eso somos el cosmos. Por eso nos gusta ser el cosmos.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Sarcástico incansable, desarrolla su clave humorística y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula, donde también escribe una sección personalizada llamada Diario de un Paranoico. Ejerce como columnista de opinión en el periódico El Cotidiano y ha sido colaborador habitual en diferentes revistas de Suramérica, aunque estas variables cada vez le dan más pereza. Compagina la literatura con el business de la moda. Y ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Cree que Magdalena es su mejor novela, de largo.

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