Elepé, de Carlos Be, o resentir lo vivido

Elepé, de Carlos Be, o resentir lo vivido

En la imagen los cuatro protagonistas de “Elepé”: Fran Arráez es la Toñi, Iván Ugalde es Ángel, Carmen Mayordomo es Lucía y  Carlos Be es Dejota. Fotografía de Nacho del Río.

La película de Pedro Almodóvar “Laberinto de Pasiones“, arrancaba en el rastro madrileño a la hora del aperitivo. El Rastro es cita obligada para visitantes y foráneos, donde todo se compra y se vende, un lugar particular de encuentro mañanero para tomar cañas, fumar y comprar algo de costo, lo es hoy, y lo fue en los felices 80, aún los jueves no eran los nuevos viernes, que anunciaría Cobeaga, aún no había pasado nada, la democracia española era una niña y el personal vivía confiado en que era ya una realidad, y se quería abanicar el color ratón comisaría facha y la demagogia que los “peceros” imprimían a su discurso dictado desde un Moscú donde aún se desfilaba a paso de la oca, que todo lo prohibía y censuraba incluso las relaciones entre personas del mismo sexo.

Ahora Carlos Be, y a esa misma hora, en La casa de la Portera, situada en una de las arterias del corazón del Rastro, recrea la vida de cuatro personajes que para quienes vivimos la década reconocemos y sentimos como propios. De la función Elepé ya se ha escrito todo, es uno de los clásicos que se mantienen en la cartelera, pero quizá quien haya crecido después no sienta el calambre en el estómago seguido de inútil nostalgia que Carlos Be transmite con su propuesta, y solo se quede con su visión colorida y extravagantemente divertida. Pero Elepé es una función totalmente Carlos Be, bien documentada, que retrata exactamente un momento, una atmósfera que se declina ya en pasado perfecto, que valorado ahora su coste a veces tiene un sabor amargo como la hiel.

De los cuatro personajes, contando con el espectador mudo que es Dejota, el que más claro lo tiene todo es la Toñi, un personaje entrañable, a la que da vida de una forma inmejorable Fran Arráez, es coherente consigo misma, con los pies anclados en la realidad, vive como puede por vivir exactamente como quiere.

Los “puretas” acusan a la movida madrileña de tener la profundidad de un charco, y que su espíritu es solo olor a laca y esmalte de uñas, y no lo dejan ahí, añaden que sus protagonistas no eran más que maricas, camareros con pretensiones, yonkis y faloperos entregados a los paraísos artificiales que crearon un mundo divertido pero tan naif como el arte póvera, pero la movida fue necesaria, hacía falta esa apertura de ventanas para que entrara el sol y recuperar todos los colores del arco iris.

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Fran Arráez, Iván Ugalde y Carmen Mayordomo en “Elepé” de Carlos Be. Foto de Nacho del Río

Elepé, de Be, asombra por lo bien argumentado que está, ni mitifica, ni deprecia, simplemente muestra una historia y la circunstancia de sus personajes, sin moraleja ni juicio de valor, lo que le honra como autor. A la Toñi la acompañan Lucía, una ex niña prodigio que al crecer perdió el rumbo y trabaja en el local Elepé, y que a su puerta ha llamado Almodóvar, un Almodóvar santo laico de la época, que todo lo que tocaba lo convertía en oro, y Ángel, el cuarto personaje es un joven que viene a representar la figura del deseo en el  imaginario gay, que ha de ser guapo pero hueco. Un bollicao que Toñi desaconseja a Lucía, porque le hará sufrir como en un mal bolero, el posterior sufrimiento en estos casos es una mística imprescindible, quizá heredado de la copla, donde el hombre es una pulsión a la que se venera, que te mantiene en un ¡ay! constante: si está porque se sufre y sino porque se añora, y Toñi lo afirma “los hombres al final siempre hacen sufrir” antes de arrancarse a cantar Amor de hombre

Elepé en su forma es divertido y colorido como la época que refleja, Fran Arraéz, como decía, está perfecto, Carmen Mayordomo inmensa como siempre, e Iván Ugalde está estupendo, tanto en el principio como camarero objeto del deseo, como al final como un mero temblor a merced de la química que necesita para vivir.

Las canciones, que interpretan los tres actores con acierto, son una delicia, a veces sobre el escenario del local de Elepé, a veces como continuación de una frase, como en esas películas con cantante famoso dentro que a la menor escusa se arrancaban a cantar y que a mí desde niño me han atrapado.

Be le da un final a su musical de tragedia ochentera, una realidad tan precisa que desazona, pero ni hay otra salida ni Be sería Be sino lo hiciera así: La Toñi muere de SIDA, en un momento hace un homenaje y recita los nombres de los que se llevo esa plaga del siglo XX, que a mí personalmente me pone los pelos de punta, y me sentí un superviviente, como afirma que somos ella y yo mi querida amiga Gogo. Lucía al final es contratada por Almodóvar, que significa el triunfo máximo, y como en todo buen melodrama gozará del éxito pero pagará el alto precio de vivir sola y sin amor y no será feliz. Ángel, cumplirá su destino de ángel caído, sin belleza y enganchado, y Elepé es y será el notario musical que de fe de lo que pasó y pasará.

Aclaro que lo escrito no es ni reseña ni critica, porque Elepé es una función que me ha rozado las vísceras, me hace presente lo gozado y lo penado, y aunque duele por las ausencias, doy gracias por haber vivido a pasta suelta, jamás habría podido fingir o sobrevivir agazapado y con miedo a todo. Eso se lo dejo a los “puretas”.

Gracias Carlos por recordarme que aún estoy vivo, enhorabuena señor Be, por hacer una aproximación tan precisa y recrear tan aceradamente un pasado tan reciente, una enhorabuena extensiva a Fran Arráez, otro grande, Carmen Mayordomo, perfecta, e Iván Ugalde, moldeable objeto de deseo y ángel caído, por poner voz y gesto a Toñi, Lucía e Iván, a los que de algún modo ya conocía.

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Carlos Be, Fran Arráez, Carmen Mayordomo, Iván Ugalde y Luis Muñoz Díez en el decorado de “Elepé” de Be. Foto de Juanan Moreno

Título: Elepé / Escrita y dirigida por Carlos Be / Interpretes Fran Arráez, Carmen Mayordomo, Iván Ugalde y Carlos Be.

Esta reseña se hizo cuando la función se representaba  La casa de la portera  julio de 2014 Desde el 13 de abril de 2015 a las 13 hora en cartel en el off del Teatro Lara de Madrid

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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