El muro

El muro

Compartían el mismo cielo, pero les separaba un muro imposible de superar, al menos en apariencia.

Cada uno se sentaba en un banco al otro lado. En algún lugar tendría que haber personas como ellos, se decían al atardecer, personas que vieran el mundo de otra forma, quizá con otra dimensión y otros colores y olores, un mundo habitado por personas a las que les gustara leer libros descatalogados y ver películas en blanco y negro que ya nadie veía, que montaran en bicicleta para desperezarse los domingos por la mañana y se bañaran en el mar cualquier día aunque hiciera frío y no dejara de llover. Que cantaran por la calle canciones sobre poetas locos y leones metafísicos y bailaran en los charcos y las habitaciones perdidas de los hoteles mientras se prometían amor eterno. Ellos no sabían que se encontraban a pocos metros de distancia uno del otro, ni que se amaban, aunque no se hubieran visto nunca.

El avión lanzó los proyectiles sin calcular dónde lo hacía. Sus órdenes eran destruir a un grupo terrorista que sembraba el caos en la zona. Alcanzaron en seguida al muro de cemento y lo destrozaron.

Y ellos se reconocieron antes de morir.

http://sotelojusto.blogspot.com.es/

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

2 comments

  • ¿Cuáles son las barreras y fronteras que separan diferentes mundos en los que conviven a escasos metros de distancia, diferentes personas que ni tan siquiera se conocen y por extraño que parezca, se aman? Quizás los muros que apartan a los seres que habitan en los mundos posibles del relato de Justo Sotelo sea únicamente la barrera del lenguaje, que en realidad son las palabras, ésas que son nuestra única realidad o al menos como dice Octavio Paz en “El arco y la lira” el único testimonio de la realidad. ¿Qué es exactamente lo que divide al pensamiento del lenguaje y del conocimiento? No hay pensamiento sin lenguaje ni tampoco conocimiento; el silencio está repleto de signos en ese muro que separa dos mundos desconocidos entre sí. La realidad y la apariencia son dos temas filosóficos candentes en el relato; Para cualquier tipo de conocimiento, es importante la percepción (formas, colores, ruidos, etc). la naturaleza subjetiva de todas las sensaciones, es decir, “esas personas” del relato que vieran el mundo de otra forma, con otros colores, otros sonidos, otros sabores… Vemos de esa forma que en todo y más en un relato donde de Justo Sotelo, aparece una oposición dentro del pensamiento categorial como base de la oposición binaria basada en los principios de la lógica. En el término “realidad” podemos encontrar lo que es se opone a lo que no es, es decir, todo lo que es se opone a la nada. Por otro lado, la realidad, se opone al modo en que se nos aparecen. Lo que nos lleva a pensar que la realidad se opone a apariencia. ¿Realmente esas dos personas están sentadas en un banco, al atardecer, inmiscuidos en sus pensamientos y en sus sueños? Encontramos términos como ente, realidad, ser, sustancia se interrelacionan y aparecen y desparecen en la ficcionalidad donde la mentira y la verdad se solapan. Parménides hace un uso estrictamente lógico del ser: lo que es, es, y lo que no es, no es. La consecuencia es que niega el movimiento, que se reduce así a una mera ilusión. Heráclito, por su parte, afirma que todo fluye y por tanto nada es o que nada tiene permanencia. Para Leibniz esos dos seres serían y existirían, gracias que están sumergidos en realidades que se descubren a lo largo del relato.

    En el relato de Sotelo. aparecen dos tipos de oposiciones semánticas. La palabra “apariencia”, se relaciona con los verbos “parecer” y “aparecer”. En el primer caso, se asocia a “ocultación”; en el segundo, se aparece, se muestra. Lo real puede ser lo que es, en cualquier modo y por otro lado, lo que se opone a “apariencia”. De esta forma, un muro de cemento les separa a dos seres que no se conocen ni se han visto nunca pero justamente esa frontera de “conocimiento” es lo que activa la ficcionalización a través del narrador en 3ª persona que no desea inventar sino conocer y mostrar al lector a través de un pacto ficcional los mundos verdaderos que los separan. Quizás esos mundos están hechos de conceptos, tal y como Platón los estableció y los llamó “ideas” o el mundo verdadero, mientras que lo que captamos por los sentidos es el mundo aparente. El mundo verdadero, del ser, se hace así trascendente; sin embargo, Aristóteles, creía en el ser inmanente, o lo que es lo mismo, ubicar su realidad en las cosas mismas, conocidos en ambos casos por la razón. La fenomenología, que sitúa toda realidad en el fenómeno en donde “ser es aparecerse”. Si no se ven los dos seres uno al otro en el relato, ¿cómo saben que existen si no existe apariencia?

    Esas barreras, esas cortapisas, ese muro que se rompe por el lanzamiento de un proyectil rompe los límites de la realidad de unos desconocidos a los que les separan fronteras ineludibles, sentados en un banco esperan y desean, anhelan ser y estar, en un espacio y en un tiempo indefinido, tal vez en la “cuarta dimensión” del cronotopo de Batjin, donde el autor permita el salto del narrador de un plano a otro del muro que les separa para autentificar y dar credibilidad a los hechos del relato, sin final claro sino abierto a la imaginación y a la interpretación del lector-modelo del que hablaba Eco. Tal vez, un relato repleto de símbolos e imágenes, en donde se pueden encontrar alusiones o similitudes en cuanto, a la barrera que separa ambos “mundos” o “realidades” con el famoso libro y la película de “El niño del pijama de rayas”.

    Un diez querido amigo Justo, tus palabras me han llegado a lo más profundo del Alma y me llenado de felicidad y orgullo al comprobar cómo un escritor de “primera” como te considero, puede regalarnos una vez más, de forma generosa, un salto abismal a la imaginación y a la fantasía a través de imágenes tan nítidas como reales…y hacernos creer de nuevo en el Amor, origen y fin de nuestro mundo. Un abrazo y muchas gracias.

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  • justo

    Almudena, poco más puedo añadir a tu comentario. Estos análisis tuyos de mis microrrelatos son impecables. Lo estás dando todo. Solo puedo decir que si además citas El arco y la lira, uno de los ensayos más conmovedores que han caído en mis manos, entonces ya me pongo de rodillas. Un abrazo.

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