El jardín de la casa abandonada

El jardín de la casa abandonada

El otro día caminaba por una ciudad desconocida pensando en el cuento de los viernes y de pronto algo me detuvo.

Me encuentro junto a una casa abandonada, con los muros agrietados por el paso del tiempo, como las arrugas de cualquier ser humano. Sin embargo, observo que las plantas están verdes. Alguien tiene que regarlas, me digo. Una voz me da los buenos días por la espalda. Me vuelvo y veo a un viejo que me pide que le ayude a abrir la puerta del jardín. Viene todos los días a regar las plantas; lo lleva haciendo desde hace veinte años, cuando murió la dueña de la casa, la única mujer que ha amado en su vida. Ella se casó con otro y él se conformó con ver desde lejos cómo regaba las plantas cada mañana.

Seguí mi camino.

Me giré unos metros más allá, pero el viejo ya no estaba. Y no sé por qué me vino a la mente el adagio del concierto de piano de Ravel. Quizá esa música sean las arrugas de los que están eternamente enamorados.

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

4 comments

  • El ayer, las rupturas y huellas del amor se anclan en la memoria gracias al delicioso concierto en Sol Mayor, Adagio Assai de Ravel que Sotelo nos introduce como novedad en el cuento que hoy nos ofrece; el compositor Ravel le dedicó una de sus partituras a su amiga francesa pianista, Marguerite Long. El segundo movimiento de los tres del concierto de Ravel, vinculado al impresionismo cultiva su talento al estilo neoclásico, tiene en su estructura un tema hermoso y contemplativo de las íntimas meditaciones de este gran compositor al igual que, el recorrido a través de la belleza que brinda el jardín de la casa abandonada nos sumerge en la meditación y según los textos antiguos, también culmina en una visión o contemplación. Ambos, imagen del jardín y la música de Ravel forman el paratexto que nos introduce al cuento de Justo.

    La metáfora de identificar los muros agrietados con las arrugas del ser humano nos introduce a los lectores en la antigüedad, en el pasado que vuelve a renacer ante el recuerdo de un amor eterno…y jamás correspondido. Sin embargo, ese amor lo puede todo hasta seguir aquel viejo regando las plantas del jardín y mantenerlo limpio y pulcro a pesar de la ausencia. Un muro y una valla le separan de ese amor que nunca tuvo, símbolos de las trabas y los impedimentos que los seres humanos nos encontramos en la vida diaria, las limitaciones y las barreras que aquejan nuestro inconsciente. Un jardín, un pedazo de tierra, un lugar idílico de belleza y paz, simboliza un deseo inconsciente de volver a hallar un paraíso perdido.

    A través de los pasadizos textuales cortazarianos, el narrador en primera persona enlaza al viejo enlaza, une y comunica con la dueña de la casa que murió hace años y de la cual, ha permanecido enamorado toda su vida, es decir, queda atrapado en un sistema de receptáculos comunicantes, algo aparentemente inconcebible, mientras que su “yo” individual desaparece, para llegar a la comunicación con otro ser, en este caso, la única mujer que había amado toda su vida. Gracias a la intertextualidad, esa misma idea de los pasadizos se expresa en la tesis doctoral de Justo Sotelo así como, en su ensayo sobre “Los mundos de Haruki Murakami” y en su novela” Las mentiras inexactas”.

    El autor se pasea por las arrugas y las grietas del lenguaje, demostrando un compromiso con la palabra y con su tiempo, en donde se relacionan con un nuevo acontecer y apuestan por una dirección y espacio diferentes para el arte y en la estética.

    Las huellas, los huecos, las grietas, las arrugas, los resquicios…son espacios, lagunas que quedan condensadas y sublimadas en el amor por un lado, y en la lectura por otro, en los que lector los rellena de acuerdo a su sabiduría y competencia lingüística y los reconstruye, los interpreta, tal y como diría Yser.

    Las grietas son símbolo de la ruptura con el tiempo y el espacio, cortes en profundidad en la literatura del posmodernismo en relación a movimientos anteriores, hallazgos de la novela contemporánea agrietada; lo importante es descubrir y rascar las vestiduras del lenguaje para sacar a la superficie las grietas del inconsciente, dejando en manos del lector la responsabilidad
    de ser capaz de asignar un nombre a ese pasado literario.

    Los “lapsus lingua” tan frecuentes hoy en día son también grietas en el lenguaje, un lenguaje involuntario que nos ocurre en contra de nuestra voluntad, a veces inconsciente totalmente. Omitimos, olvidamos, nos equivocamos…o tal vez lo borramos de nuestra memoria. El signo, la palabra, el texto, nos persigue en un mundo de posmodernidad junto con el símbolo y la imagen.

    Enhorabuena Justo por este relato tan maravilloso. Un abrazo.

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  • La música, las grietas, Cortázar, los pasadizos…, como siempre no has dejado nada al albur. Un abrazo, Almudena, un gran comentario.

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  • el tiempo esculpe
    cuando no escupe
    cosas buenas y malas
    el entorno recoge
    cuando no sobrecoge
    con sus muchas
    casas agrietadas y
    personas ajadas

    pasan los años
    pasan las cosas
    pasan los seres
    todo pasa…
    porque pasamos
    porque nos engañamos
    porque nos vamos

    jardines

    Roranna-190816-13h.

    atrás quedan las ruinas
    con sus fantasmas
    con sus agonías

    ya nada esperan
    sino a otra gente
    a otras vidas

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