EL GUARDAESPALDAS

EL GUARDAESPALDAS

Por NACHO CABANA

Parece que se rompe la maldición y en el inicio de esta temporada teatral madrileña coincide el estreno de tres musicales que (¡milagro!) no se habían realizado antes en España: La familia Addams, Billy Elliot y este que nos ocupa, El Guardaespaldas.

El Guardaespaldas es una curiosa derivación genérica de lo que han venido siendo los “juke box musical”, esto es, espectáculos con canciones populares no escritas expresamente para el show (Mamma mía sería el más conocido de ellos, pero hay muchos más). Añade a las canciones interpretadas en el film homónimo de Mick Jackson escrito por Lawrence Kasdan (que no era un musical sino un policíaco en donde se aprovechaba la profesión de la protagonista para introducir canciones) otros éxitos de Whitney Houston que no aparecían en la producción cinematográfica original.

Estrenado originalmente en Londres en 2012, el montaje que se estrenó el pasado jueves en el Teatro Coliseum de la Gran Vía (que gozada volver a verlo abierto) viene directamente de la versión holandesa estrenada el año pasado y dirigida, como la madrileña, por Carline Brouwer.

El primer acierto de la función es que Alberto Conejero se ha limitado a traducir el texto con unas cuantas actualizaciones para que la trama se desarrolle en 2017 y no al principio de los 90. Es decir, no se ha intentado “acercar” la trama al público español llenándolo de anacronismos y chistes de garrafa (lo que ocurría y arruinaba el montaje hispano de, por ejemplo, Sister Act) sino que lo que vemos y escuchamos es fundamentalmente el argumento simplificado de la película con los números musicales insertados con más o menos pericia. Eso sí, se pasa demasiado rápidamente  y de puntillas sobre los momentos de acción del argumento: tanto el prólogo como el clímax son visto y no visto.

Miradas que penetran.

El segundo acierto, si cabe más relevante que el anterior, es que se han respetado las canciones en inglés ahorrándonos el bochorno de escuchar, por ejemplo, I Will Always Love You convertida en Siempre te querré (en la papelera mental del aficionado a los musicales madrileño aún resuenan las atrocidades perpetradas durante años con las canciones de Queen en We will rock you). Un “atrevimiento” este de mantener los temas en su lengua original que comenzó tímidamente en la, por otro lado más inspirada, Priscilla reina del desierto (allí se interpretaban en los dos idiomas) y que aquí probablemente haya sido impulsado por la relativa importancia de las letras en el desarrollo de la trama.

Mapea que algo queda.

El diseño escenográfico de Carla Janssen Höfelt evoluciona las proyecciones como herramienta “low cost” hacia el “mapping” (esa técnica capaz de transformar por completo un edificio programando proyecciones sobre sus elementos arquitectónicos) con excelentes resultados. La holandesa (con la colaboración de Ad De Haan en el video) combina diferentes módulos móviles “mapeados” con elementos decorativos reales lo que consigue un dinamismo en el cambio de decorados que difícil o más costosamente hubiera podido lograrse con elementos físicos tradicionales.

A star is born, wey.

Pero sin duda el reto más complicado era conseguir una cantante que fuera capaz de interpretar sin caer en el ridículo las muy difíciles canciones de Whitney Houston. Para ello, ventajas de ser una multinacional, Stage ha recurrido a Fela Domínguez, mexicana protagonista de la versión azteca de El rey león. El resultado es, simplemente, espectacular. Fela llena con su voz el recinto teatral con tanto cuerpo que uno desearía se desembarazara de los micrófonos y cantara a pelo el número final.

Otra cosa, claro, es la faceta interpretativa de la muchacha. Fela no es actriz y, aunque recurre a todos los trucos habidos y por haber para parecerlo, no consigue estar cómoda en las partes dramáticas. Algo a lo que no ayuda precisamente el tener que forzar el acento del castellano de España.

Solo belleza.

Peor parados salen los dos galanes que le acompañan y se turnan en las funciones. Maxi Iglesias no tiene el tipo físico que el personaje requiere ni las tablas como para mantener sobre sus hombros al personaje interpretado en la pantalla por Kevin Costner. Iván Sánchez sí da el físico pero sus calidades actorales son igualmente limitadas y tira de parecidos recursos que Fela Domínguez con resultados sensiblemente inferiores.

No se entiende estos dos errores de casting, máxime cuando el de Frank Farmer es un personaje que no tiene que cantar ni bailar lo que amplia considerablemente en arco de candidatos.

Muy bien Damaris Martínez procedente también del montaje mexicano de El rey león.

El Guardaespaldas será un éxito considerable, sin duda y es probable que aguante en el Coliseum al menos un par de temporadas. Si no, siempre nos quedará Chicago.

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial.

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