El director de orquesta

El director de orquesta

Llegó cansado a la ciudad tras un viaje en tren de varias horas. Había buscado distraerse sin éxito con el paisaje. Le faltaba algo, quizá cierta tranquilidad de espíritu.

Se tumbó sobre la cama del hotel y pensó en la partitura. No era la primera vez que la interpretaba, pero siempre se le había resistido. Él prefería la música de los románticos y no tanto la de los simbolistas. Durante la noche soñó con la dulce melodía del oboe con la que se abre la obra. Por la mañana se encontraba mejor, con ganas de conocer a la solista, una joven francesa que había logrado los premios más importantes de su país. Al abrir la puerta de la sala de ensayos, comprobó que cada músico estaba en su sitio, esperando pacientemente para interpretar una obra que había revolucionado el arte en su momento. Como había trabajado otras veces con esa orquesta, reconoció a la mayoría de los integrantes en seguida. Ella se encontraba en una esquina, en silencio, limpiando el oboe, casi acariciándolo. Él no esperaba que fuera una mujer tan hermosa y distante.

La joven se llevó el instrumento a los labios con delicadeza. Él siempre pensó que la curiosidad movía el mundo, pero no tardó en comprender que era el deseo.

http://sotelojusto.blogspot.com.es/

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

3 comments

  • Un acercamiento a la estética para analizar la artisticidad de la oboísta y claro está del narrador de 3º persona que nos sumerge en un mundo mágico de sensibilidad y delicadeza; cierta sensualidad que fluye a través del instrumento de viento en los dedos de una bella mujer que denota la expresividad de un momento histórico en donde la belleza, lo artístico,, a veces, se traduce en un mero artificio de “deseo”.

    El sonido del oboe varía entre dos personas donde influyen factores físicos (el paladar, los dientes, la capacidad pulmonar, el grosor de los labios…) y psicológicos. Individualidad de la solista, única e irrepetible en un mundo repleto de armonía y ritmo musical; una orquesta que y vibra ante la espera, la puesta en escena de una obra frente a un público; un director intrigado por saber y ver anhela buscar un ser, unas manos que armonizan y den vida a ese delicado instrumento.

    El narrador omnisciente revela su conocimiento del mundo de Sotelo, rodeado de sensibilidad y armonía donde una vez más nos introduce en este hermoso regalo el arte, la estética, la música, la poesía. Sus letras se diluyen bajo su pluma dejando entrever un autor tierno y sensible, delicado que nos acerca a un mundo visible y verosímil, real como la vida misma donde el deseo humano se palpa y se siente en medio de la pura belleza, el aire que lo lleva y las ondas que lo transmiten se acercan a un relato posmoderno con final inacabado repleto de imágenes, símbolos y metáforas.

    Un aplauso para el autor Justo Sotelo, director de orquesta de sus palabras donde el lenguaje crea un ritmo binario y una melodía, una sonata a varias cuerdas a través de su ingenio, su inteligencia y su capacidad para crear situaciones en donde la mentira y la verdad son las caras de la misma moneda para aportar realidad e introducirnos en la ficción.

    Gracias de nuevo a este excelente y magnífico escritor, un gran amigo, Justo Sotelo.

    Contestar
  • justo

    Qué comentario tan hermoso, Almudena. Es increíble cómo estás desentrañando mi forma de escribir donde cada vez concedo más importancia al significado intrínseco de las palabras, y no tanto al amontonamiento de las mismas. Un abrazo.

    Contestar
  • qué sería de nosotros sin el deseo, el que, efectivamente, todo lo mueve porque lo conmueve o no
    a diferencia del mero placer cultural, el que, en cambio, no alcanza al espíritu sino que lo inquieta
    este cuento me lleva a Deleuze y a Barthes, de tal manera que me ancla en el eustrés, a salvo del
    distrés, gracias apreciado profesor y un jaleo de besos llenos de Luz cósmica al Viento :)

    Contestar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *