El cuerpo número 37.

El cuerpo número 37.

Una ambulancia abandona a las ocho de la tarde la prisión berlinesa de Plötzensee. Es el 22 de diciembre de 1942, y como es habitual a esa hora ha tenido lugar una ejecución. Los bombardeos aliados son más comunes al amanecer, cuando la gente marcha al trabajo, e interrumpen desagradablemente este tipo de operaciones delicadas. El vehículo, con la sirena en marcha, no traslada a ningún herido, sino un cadáver, el de una mujer joven, rubia y bonita. En menos de quince minutos, cubre seis kilómetros y llega al Instituto de Anatomía. Allí lo espera ansiosamente el doctor Hermann Stieve. El médico ordena depositarlo sobre la mesa de autopsias. Es preciso abrir con presteza el útero y extraer el sistema reproductor de la fallecida.  El doctor Stieve lleva algunos años estudiando el efecto negativo del estrés sobre el ciclo de ovulación femenino. En este caso, quiere obtener una muestra de los ovarios y ver si se ha producido sangrado, pequeñas alteraciones hemorrágicas. Stieve está enterado de la fecha de las próximas ejecuciones de mujeres en Berlín, y hace un seguimiento de su ansiedad desde que se les dice cuándo van a morir. Stieve no es un criminal de guerra, puesto que no ensaya con vivos, sino con muertos. Se limita a diseccionar cadáveres de mujeres condenadas por el estado a la última pena. Cuando finalice la contienda, responderá adecuadamente a los aliados que él solo se limitaba a abrir cadáveres de criminales peligrosos. Le creen, y en consecuencia  dirigirá el Instituto de Anatomía hasta su muerte, en 1952.

sello postal de las juventudes hitlerianas

Pero el cuerpo que acaba de recibir Stieve no pertenece a ninguna criminal. Es el de una presa política, que clasifica con el número 37. Cuando haya acabado su investigación, la llevarán al crematorio. En este delicado caso, Stieve ha decidido contravenir un convenio secreto con las autoridades nacionalsocialistas (al fin y al cabo, él es un nacionalista germano convencido, pero no es miembro del partido): decide guardar las cenizas de la número 37 y entregarlas a su influyente familia una vez haya acabado la guerra.

Libertas Shulze-Boysen

Londres, 1932. Una muchacha alemana risueña y dulce, educada en Suiza, acaba de obtener un puesto como jefa de prensa en Berlín de unos grandes estudios americanos. Los estudios, a pesar de la Gran Depresión que hunde a todo el mundo, son los únicos que hacen caja: alrededor de ocho millones de dólares anuales. Y es que tienen “más estrellas que en el cielo”: Marie Dressler, Wallace Beery, Norma Shearer, Joan Crawford, Greta Garbo, Jean Harlow, y el imponente galán del sonoro, Clark Gable. Gable le encanta a un tipo con bigotito que está armando mucha bulla en Alemania. Como Chaplin, pero en otro sentido. Este individuo puede pronto convertirse en presidente de su país, si no lo es el viejo Hindenburg. Su nombre, Adolfo Hitler. Hitler ha escrito un libro que está en boca de todos y promete devolver a Alemania su fuerza y su orgullo. Lanza unos discursos fervientes y verdaderamente impactantes. Hasta hay ingleses que apoyan que Alemania resurja de sus cenizas y ayude a luchar contra el comunismo internacional. Sus estudios de UFA monopolizan el cine europeo, y a los americanos les urge expandir su mercado de películas. La Metro-Goldwyn-Mayer, creada en 1924, ya lleva unos años consolidada en Gran Bretaña, con más de cuatro mil salas de exhibición bajo su control, la mayoría pertenecientes al imperio de su socio Marcus Loew. Es esta la gran compañía que contrata los servicios de aquella joven alemana risueña, cuyo nombre aún no hemos introducido, pero que presentamos a continuación: Libertas Viktoria Haas-Heye. Libertas había nacido en París, el 20 de noviembre de 1913, y era hija de una condesa germana. Fue confiada a su abuelo materno, quien vivía en Liebenberg, cerca de Berlín. El anciano conde decidió dar una buena educación a su nieta, y la envió a formarse a Zurich e Inglaterra. La Metro necesitaba darse publicidad en Alemania, así que nombró a Libertas jefa de prensa en su capital. La chica tenía solo diecinueve años y vio este nombramiento como regalo caído del cielo.

En 1933, cuando Hitler gana las elecciones parlamentarias, la tenemos instalada en Berlín, en la oficina de prensa de la productora. Libertas confía en el nuevo régimen y en marzo se afilia al partido nazi, el NSDAP. No en vano, su caudillo había sido liberado en diciembre de 1924 para una nueva misión mesiánica de devolver a los alemanes su orgullo y su esplendor. Ese mismo año de la liberación de Hitler de la cárcel de Landsberg (Baviera) vio la luz en Norteamérica el estudio de cine de sus jefes. Parecía ser un buen presagio. El 30 de enero de 1933, Hitler es nombrado Canciller. Hábilmente, va cercenando el poder del anciano Hindenburg y asegurándose la constitución de un gobierno dictatorial y absolutamente centralista. Anula los sindicatos y se atrae a los obreros a través de las acciones de su ministro de propaganda Goebbels. Solo los socialdemócratas le responden con desconfianza. En su afán populista, Hitler arremete contra los aristócratas parásitos, los capitalistas judíos y alienta y arropa el crecimiento de las clases bajas. Los adversarios políticos son silenciados y enviados a campos de internamiento. Se vuelve casi obligatoria la pertenencia al único partido autorizado, el NSDAP. Se confiscan negocios y propiedades de disidentes y hebreos; se prohíbe a autores, se queman libros.

Congreso nazi

En el verano de 1934, Libertas, una nazi entusiasta, conoce a un hombre peculiar, Harro Schulze-Boysen. Ella, educada en un país abierto, tolerante como Suiza, residente un tiempo en Inglaterra, con su monarquía parlamentaria, y contratada por una compañía de cine estadounidense, apoya sin embargo el proyecto político de un nacionalista megalómano y tirano. Harro, su compañero sentimental, no comparte esa aquiescencia por Hitler. Es sobrino nieto del almirante Alfred von Tirpitz (responsable del hundimiento del Lusitania, 7 de mayo de 1915), y aunque ha seguido –como haría también el doctor Stieve—una línea de reivindicación nacionalista, él no se siente atraído por los nazis. Estos llegan a arrestarlo y a torturarlo por unos días en una celda clandestina. Cuando sale, está convencido de que hay que parar a esa gente, que solo sigue e impone la política del garrote. No obstante, decide que hay que combatirlos y vencerlos desde dentro, y para ello hay que simular estar con ellos. En mayo de 1933, se apunta a un curso de entrenamiento de aviación civil. En abril de 1934, consigue un puesto en el Ministerio del Aire del Reich. Paralelamente, en secreto, comienza a atraerse a personas descontentas con el régimen nacionalsocialista, como Elfriede Paul, Walter Küchenmeister, Elisabeth and Kurt Schumacher, y la joven y efusiva Libertas Haas-Heye. Poco a poco, se acercan a posiciones ideológicas de extrema izquierda. En el verano de 1936, en julio, Harro y Libertas se casan en Liebenberg. A comienzos de 1937, la chica da un paso fundamental y peligroso: abandona el NSDAP. Sin embargo, la colaboración obligada con los nazis está lejos de terminar, ya que en plena guerra mundial, en 1941, fue reclutada como consejera de cinematografía del ministerio de propaganda del Reich, es decir, bajo la órbita directa de Goebbels. Habían llamado positivamente la atención sus críticas fílmicas en el periódico Essener Nationalzeitung. Incluso, en 1940, Libertas había escrito una obra de teatro en colaboración con Günther Weisenborn, titulada Los buenos enemigos. Weisenborn no era nazi, pero lo parecía. Había ingresado en la Orquesta Roja (Die Rote Kapelle), el grupo subversivo que comandaba Harro Schulze-Boysen. Weisenborg simulaba colaborar con la propaganda cultural nazi, mientras obtenía información útil para el grupo de saboteadores. Lo mismo comenzó a hacer Libertas en el ministerio de Goebbels: se quedaba con copia de fotografías de los horrores de guerra nazis que luego su esposo filtraba a agentes soviéticos en la capital del Reich. Porque los Schulze-Boysen habían decidido hacerse prosoviéticos y pasar toda la información logística y militar que pudieran a los rusos. Así, de burlar a un tirano, se pusieron a servir a los intereses de otro, el camarada Stalin.

Libertas Viktoria Haas-Heye

A finales de 1941, en octubre, Libertas recibió la visita inesperada de un contacto procedente de Bruselas. El oficial del espionaje ruso quería mantener una entrevista con Harro. Durante todo ese año, este había hablado con un delegado de la embajada rusa sobre los planes alemanes para una próxima invasión de la Unión Soviética. Harro intentó utilizar un radiotransmisor, pero hubo ciertos problemas técnicos y hubo de cerrar esa vía. En junio del 41 había seguido reclutando colaboradores para la resistencia. Libertas le procuró el encuentro con su marido, pero lo que ninguno sabía es que iba a resultar fatal. En efecto, el servicio de inteligencia de la Gestapo consiguió más tarde descifrar un telegrama en clave enviado desde Moscú a su contacto de Bruselas, con el nombre y dirección en Berlín de los Schulze-Boysen.

Harro fue detenido el 31 de agosto de 1942. Su esposa Libertas, el 8 de septiembre. Tras los oportunos interrogatorios persuasivos, fueron ambos juzgados por la Corte marcial del Reich y sentenciados a muerte el 19 de diciembre de 1942. Las sentencias se cumplirían en el bloque tres de la prisión de Plötzensee. Como eran varios los condenados, la mayoría miembros de la Orquesta Roja, se eligió para cinco de los hombres la horca, y para las mujeres (solo tres) la guillotina, acaso más clemente.

Se prepararon ocho ganchos de hierro para ahorcar de ellos a los condenados. Hitler ordenó expresamente este método de ejecución para los traidores. Quería que se asfixiaran con lentitud, que se sintieran morir. De hecho, más adelante, en los ahorcamientos de los cómplices en los atentados contra el dictador, llegaron a usarse cuerdas de piano, un acero al carbono muy fino y resistente, que se clavaba en la piel y en la carne de la víctima cercenándosela poco a poco.

Plötzensee –casi en los arrabales de Berlín– era un penal muy acogedor donde también recibieron su castigo máximo nueve ciudadanos españoles. En 1942, el ritmo de las ejecuciones creció espectacularmente: se llegó a 535. Pero al año siguiente, el número de ejecutados fue aún mayor, 1.180.

nazis ejecutando

Algunos miembros de la Orquesta Roja fueron ajusticiados a lo largo de 1943.

El bloque tres tenía unas celdas de aislamiento en la planta baja, que conectaban con la cámara de ejecución. Esta contenía una guillotina de apenas dos metros de alta, con un recorrido de cuchilla de unos ochenta centímetros, traída en 1937 en secreto desde otra prisión de Baden, la de Bruchsal. Reemplazó al método pedestre del hacha medieval, utilizado con toda tranquilidad en Plötzensee hasta septiembre de 1936. Este tipo de guillotinas fue ideado y construido por el relojero Johann Mannhardt en 1854.

Una cortina negra cubría el acceso a la sala. El verdugo titular debía llevar sombrero de copa…

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22 de diciembre de 1942. Hacia las siete y media de la tarde, Libertas fue conducida desde su celda individual del bloque tres hasta la cámara de ejecución. Allí la aguardaban los dos ayudantes del verdugo, que ataron sus manos a la espalda con alambre. Descorrieron la cortina fúnebre y quedó a la vista el instrumento, que no tenía plataforma basculante, sino fija. Junto al artefacto, el verdugo serio, impasible, con su levita negra y su sombrero alto. Sin darle ningún tiempo a reaccionar, la condujeron al borde de la mesa, le ataron los tobillos con un cinturón y la postraron boca abajo sobre la plataforma. La empujaron hasta encajar debidamente su garganta en el hueco de caída libre de la cuchilla de acero. Frente a ella, una especie de recipiente metálico semicircular, que evitaría tristes salpicaduras. En dos o tres segundos, se oyó un chasquido y el roce del acero al caer. Al golpear el cuello frágil y delicado de la muchacha, la cabeza de esta saltó hacia adelante, mientras su cuerpo daba un bote muy brusco sobre la tabla. Todo había concluido. Su familia tuvo que pagar trescientos marcos al ejecutor.

Cámara de ejecución de Plötzensee

Fuera de la cámara esperaba para entrar el conductor de ambulancia que llevaría el cuerpo de Libertas al Instituto Anatómico. Envolvieron tronco y cabeza en sábanas y lo pusieron en una camilla. Los ayudantes del verdugo lo llevaron hasta el vehículo en menos de cinco minutos.

Y en unos quince ya estaba bajo la lámpara de disección del doctor Hermann Stieve. Una mujer joven, rubia y bonita, acallada para siempre por combatir a un dictador, pero cuyos secretos más íntimos deberían hablar aún a la ciencia. Anónima no era, pues Stieve guardó siempre la identidad del cadáver número 37.

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Supe de la historia de Libertas Schulze-Boysen a través de una crónica del diario El Mundo (12-02-2013), firmada por Cristina G. Lucio. La periodista mencionaba a una investigadora norteamericana, Sabine Hildebrandt, de la Universidad de Michigan, quien está identificando laboriosamente a las mujeres ejecutadas por los nazis, cuyos cuerpos sirvieron para análisis médico. Entre ellas, los 182 números asignados por el doctor Stieve.

Es muy escasa la documentación en inglés o en español que se puede conseguir sobre las actividades de Libertas, su marido y la Orquesta Roja. Para escribir mi trabajo de investigación he consultado diversas fuentes: The German Resistance Memorial Center (Centro para la Memoria de la Resistencia alemana), que incluye conexión con el Centro para la Memoria de Plötzensee (http://www.gedenkstaette-ploetzensee.de/index_e.html). Allí se nos habla detalladamente de la actividad en la prisión berlinesa y de las ejecuciones que tuvieron lugar durante la dictadura nacionalsocialista.

Así mismo, resulta muy útil consultar el artículo de Victoria Gill, “Las víctimas olvidadas de la anatomía nazi” (4-02-2013), en el enlace:

http://vozdesdeeldestierro.juancarlosherreraacosta.over-blog.es/article-las-victimas-olvidadas-de-la-anatomia-nazi-115033977.html

Para el uso de la guillotina como método de ejecución en Alemania, debe verse:

http://boisdejustice.com/Germany/Germany.html

Una idea gráfica de cómo pudo ser la ejecución de Libertas, nos la proporciona el filme de Marc Rothemund, Sophie Scholl. Los últimos días (2005).

Para las actividades controvertidas y macabras del doctor Hermann Stieve en el Instituto Anatómico de Berlín, en la decáda de 1930 y hasta 1952, resulta imprescindible consultar el riguroso artículo de Andreas Winkelmann y Udo Shagen, “Hermann Stieve’s Clinical-Anatomical Research on Executed Women During the Third Reich’’ (Clinical Anatomy, no. 22, pp. 163-171, 2009). Acerca de los médicos que sirvieron a los experimentos nazis, está disponible el trabajo del profesor William E. Seidelman (Universidad de Toronto), “Nuremberg lamentation: for the forgotten victims ofmedical science” (BMJ, vol. 313, 7-12-1996, pp. 1.463 y ss.)

Para conocer la historia de la Metro-Goldwyin-Mayer y sus grandes producciones, puede verse The MGM Story. The Complete History of Sixty-Five Roaring Years, de John Douglas Eames (Nueva York, Portland House).

*Antonio Ángel Usábel es Doctor en Literatura Hispanoamericana, especializado en novela histórica, por la Universidad Autónima de Madrid, profesor agregado de I.E.S. en la Comunidad de Madrid. Para leer más artículos del autor en Nocturnos Cantos Ruanos, su página cultural, y en Contraplano, su blog dedicado al cine.

Autor

Doctor en Literatura Hispanoamericana, especializado en novela histórica, por la Universidad Autónoma de Madrid y profesor agregado de I.E.S. en la Comunidad de Madrid. Escribe en Nocturnos Cantos Ruanos, su página cultural, así como en Contraplano, su blog dedicado al cine.

One comment

  • Dramatico relato. Lei por primera vez sobre los Schulze- Boysen en el libro The Secret War, de Max Hastings,con relatos sobre el espionaje en la Segunda Guerra Mundial. Lamentable para mi, el énfasis del autor de recurrir a difamaciones del carácter de Libertas y su esposo Harro. En varias partes hace eco de alegados númerosos amantes y que eran depravados sexuales y la existencia de fotografías al desnudo de Libertas. Es de recordar, que el propio Herman Goering, entregó a la novia en la boda de su subalterno Harro, con Libertas, lo que constituía una verguenza para este. Una táctica clara en el mundo de las relaciones públicas es la impugnación mediante la fusilamiento del carácter de una persona, y una alegada justificación por parte del Juez que condenó a la pareja a la muerte, y del propio sistema de Justicia Nazi, denigrar a las victimas. El propio autor, Hastings, muy reputado, se cuestiona el mucho sentimiento y admiración hacia Los hombres y mujeres de la Orquesta Roja, al comparar que sus acciones hubiese sido condena das a muerte bajo las jurisdicciones americanas y Británicas. Se cuestiona por que se debe de considerar a estos moralmente superiores a Los “traidores” americanos Kim Philby y Alger Hiss. Si bien Los mienbros de la Orquesta se opusieron a un tirano(Hiltler), eligieron servir a otro (Stalin). Alega que cualquier juicio es subjetivo, pero Es incomparablemente mas fácil justificar la ” traicion” a una dictador asesino,que a una democracia gobernador por la ley. Denota su prejuicio contra Los miembros de la Orquesta Roja, por ser espías a favor de la URSS.
    Existe un libro sobre la historia de Libertas Haas en alemán por Silke Kettelhake.

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