El bar, de Álex de la Iglesia

El bar, de Álex de la Iglesia

La filmografía de Álex de la Iglesia se ha caracterizado por mezclar de una manera original y absolutamente propia la comedia española más costumbrista y la pasión del realizador por el cine de género de raíz estadounidense. El ejemplo perfecto de esta particular combinación lo tenemos en El bar, decimocuarto largometraje del director vasco.

La película, escrita junto a su habitual coguionista Jorge Guerricaechevarría, comienza casi como una película de Luis García Berlanga con libreto de Rafael Azcona. El cineasta reúne a una serie de personajes característicos de la España actual en una tasca poco salubre y nada distinguida. Allí se concentran perdedores, una víctima de la crisis, una pija, un hipster y otros individuos que podríamos encontrar por cualquier calle de la piel de toro. La entrada de un cliente un tanto extraño y el cerco al que se verán sometidos los clientes de la taberna por las autoridades sacará el lado más oculto y negativo de este grupo de hombres y mujeres.

Blanca Suárez encarna a un pija que entra casi por casualidad en un mugriento establecimiento en El bar

Blanca Suárez encarna a un pija que entra casi por casualidad en un mugriento establecimiento en El bar.

Es precisamente en esta primer tercio, donde retrata con abundante humor negro a este puñado de personajes, el más logrado de todo el filme. Álex de la Iglesia logra provocar la risa cruel y dirige de manera modélica a un reparto voluntariamente histriónico. Sorprende gratamente que haya sacado lo mejor de dos estrellas jóvenes como Mario Casas, que vuelve a dar rienda suelta a su faceta más cómica en un papel muy distinto a los que ha interpretado en su carrera, y Blanca Suárez, que logra hacer creíble a una niña bien que busca su media naranja. No obstante, los mejores trabajos los encontramos en actores de reparto como Terele Pávez, en el rol dela experimentada dueña de la taberna, y Secun de la Rosa, como su empleado.

Sin embargo, después de ese primer y fulgurante comienzo, la película pierde algo de fuelle, aunque consiga entretener en todo momento, cuando asume la forma de esos thrillers norteamericanos que tienen lugar en espacios cerrados. A este respecto, no resulta casual que el realizador incluya fugazmente fragmentos de La mansión de los horrores, más conocida por su título original: House on Haunted Hill. La cinta de William Castle reunía, al igual que El bar, a un grupo de personas que no podían escapar de un lugar cerrado, aunque en aquella ocasión su encierro en una lujosa casa estuviera motivada por el deseo de ganar un cuantioso premio otorgado por el dueño del lugar.

Mario Casas es un hipster con pretensiones creativas en El bar

Mario Casas es un hipster con pretensiones creativas en El bar.

Por último, como suele ocurrir en gran parte de los trabajos del autor de El día de la bestia, el desenlace resulta algo excesivo y desluce un tanto los méritos de un largometraje que, pese a su irregularidad, logra interesar al espectador con una trama que deja patente que cada individuo saca lo peor de sí mismo cuando se juega su propia vida. De nuevo, el director da rienda suelta a su visión misántropa del ser humano, casi una constante en la siempre curiosa obra de un creador verdaderamente singular dentro del cine español.

Autor

Julio Vallejo Herán creció queriendo ser un héroe Marvel. Sin embargo, las películas, los libros y la música se cruzaron en su camino y, desde entonces, se fijó como meta escribir de asuntos más o menos culturales. Licenciado en Periodismo y Experto en Comunicación y Arte por la Universidad Complutense de Madrid, ha desarrollado su labor como comunicador y crítico en medios como Televisión Española, Europa Press Televisión, Lainformacion.com, Cine para leer, Tendencias Magazine, AB Magazine, Coveritmedia, Pasionporelcine.es, Freek Magazine, Verano Complutense, Supernovapop.com, Macguffin, Muchoruido.com, Basecine.net, Muzikalia.com, Cine 5 Estrellas (www.cine5x.com), Avant Press, Cinema Ad Hoc y Notasdecine.es.

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