Directores demagogos

Directores demagogos

Por Sergio Baños

Las disciplinas artísticas suelen generar grandes odios. Existen famosas rivalidades en el campo de la literatura, la pintura o la música. Sin embargo, todas las antipatías quedan siempre en el ámbito de lo particular: Quevedo y Góngora, Miguel Ángel y Leonardo o Bisbal y Chenoa.

El teatro, por contra, necesita de ejércitos. Necesita de directores enfrentados. El teatro es un gremio alienado, adscrito a una forma de hacer que ha de estar, necesariamente, en conflicto con su antagonista.

No conozco director que no haga sino destruir al contrario, al distinto, al que cree en hacer las cosas de la manera opuesta, al que persigue el mismo fin y busca llegar a él por un camino diferente.  El esfuerzo, además, incide principalmente en destruir, no en realzar. Cada director tiene en su haber un ramillete de metáforas que, de una manera muy sencilla y eficaz, ponen la razón de su parte sin enseñar la otra cara de la moneda.

En estas demagogias asoma la vanidad de la profesión, se pierde la noción de compañerismo y se torna en guerra lo que debería ser alianza. Probablemente tengamos más que ver con nuestro enemigo artístico que con el noventa y nueve por ciento del planeta restante.

Este virus infeccioso se propaga también por las escuelas de artes escénicas, que engendran actores alienados, dada la alta capacidad de manipulación que se puede ejercer sobre la mente de un alumno virgen. No hace mucho, me enteré del caso de una chica a la que más que enseñar teatro, la habían adiestrado en el campo de la interpretación y no había aprendido otra cosa sino a tirar por tierra cuanto no encajaba con su “manera de hacer” y su “concepción del teatro”.

El desengaño de esta farsa llega, casi siempre, con el tiempo y la experiencia. Y digo casi siempre porque, si el éxito aparece antes, hay gente que puede morirse creyendo que tiene razón.

Autor

Sergio Baños
Sergio Baños, nacido en Marbella el otoño de 1987, estudia Arte Dramático en Sevilla y se traslada a Madrid en 2012, donde reside actualmente. Ganador del Premio Letras Hispánicas por su obra Desconocidos, se desarrolla como director y dramaturgo. Ensayo sobre el Demonio es su segunda incursión en la dirección después de Eurovegas.

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