Danzad, malditos, versión Estaire-Velasco, como imperativo.

Danzad, malditos, versión Estaire-Velasco, como imperativo.

They Shoot Horses, Don’t They? (1938) de Horace McCoy, es una novela que refleja sin escatimar detalles los penosos concursos de aguante que se realizaban en la época de la gran depresión en U.S.A. que ponían a los concursantes al borde de la extenuación, con opción de muerte. En este caso la competición consiste en saber quien aguantaba mas tiempo bailando.

Con un guión escrito por James Poe y Robert E. Thompson, se adapta la novela al cine en 1969, dirigida por Sydney Pollack. En España se estrenó con un título que encierra una maldición Danzad, danzad, malditos.

El cine han sabido siempre entretejer proezas bélicas, deportivas o catástrofes con historias paralelas de carácter humano, como ocurría en la película de Pollack. Incluso en los musicales los afanes de los protagonistas, se refuerzan con los números musicales y la letra de las canciones. Y el resultado final suele ser un todo en el que corre similar destino la odisea vivida con la personal.

Félix Estaire, adapta libremente, lo que fue novela y después película como Picasso repintó a Velázquez, y conserva el título como maldición, pero  de forma mas imperativa: Danzad, malditos. Y en este Danzad, malditos, está el sello propio y la estética particular de Alberto Velasco. Un actor, bailarín, coreógrafo y director con una viva sensibilidad del que he escrito siempre para bien, cuando escribo esto, aún sigue en cartel la función Cliff, -Acantilado- de su tocayo Conejero, por la que siento debilidad.

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Danzad, malditos, versión Estaire-Velasco, como imperativo. Foto Pablo Rodrigo

Velasco de entrada nos presenta un decorado de Alessio Meloni, en que parte de lo que vemos ya se lo ha tragado la entraña de la tierra, y a unos actores que salen a escena a un ritmo parecido al sonido del corazón, en ropa interior blanca, otro sello Velasco, el jefe de pista nos pondrá al día de lo que vamos a ver.

La representación se conforma de una declaración de cada uno de los once participantes, la narración de los maestros de ceremonia y los números musicales.

A Velasco le ha podido su parte de coreógrafo, y al presentar la obra de una manera tan apocalíptica, a mi gusto roma los tiempos dramáticos, otorgando todo el protagonismo a la danza y su ejecución, logrando momentos de gran belleza estética.

No niego que me pueda ocurrir como cuando has leído una novela, que al ver la adaptación al cine te parece que ha quedado como un árbol sin hojas, y me senté en la butaca del Matadero con doble mochila, una la novela leída, y otra mi gusto por la película de Pollack, con un tratamiento tan naturalista que sientes el dolor y el sudor de los personajes.

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Alberto. Velasco, mueve a los actores y en sus coreografías no hay un pero. Foto Pablo Rodrigo

Centrándome en la estilizada versión de Félix Estaire, dirigida y coreografiada por Velasco. Alberto. Velasco a “albertovelasquizado” a estos danzantes, lo que no es bueno ni malo, es simplemente un hecho, y en como los mueve y sus coreografías no hay un pero.

En la representación de Danzad, malditos, hay guiños a la profesión, como el momento en que el ultimo danzante eliminado se enfrenta directamente con la cabina, reprochando su expulsión en un discurso casi personal dirigido al director, que no acabé de entender. Después repasando el programa de mano, me enteré que la función se propone homenajear a los actores. Un acto necesario en un momento en que la dignidad del actor está mas que quebrada. El homenaje se hace con los citados guiños, que quizá no llegue al espectador ajemo a la profesión, pero los que andamos en esto lo agradecemos en todo lo que vale.

Aunque no me pueda ocupar de ellos uno por uno, conozco el buen trabajo de la mayoría de los actores que componen el reparto y he escrito de ellos en otras ocasiones. En este caso solo me voy a permitir nómbralos en reconocimiento a su estupendo trabajo Guillermo Barrientos, Carmen del Conte, Karmen Garay, José Luis Ferrer, Rubén Frías, Ignacio Mateos, Nuria López, Sara Parbole, Txabi Pérez, Rulo Pardo, Sam Slade, Ana Telenti, Verónica Ronda, Alberto Frías y la voz de off de Carlos Hipólito.

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10 de los 13 actores de Danzad, malditos. Foto Pablo Rodrigo

La función, imagino que por elección de sus creadores, no ahonda en la vida personal de los danzantes, por lo que es difícil sentir empatía por ellos. Ni respirar aliviado con su éxito o sufrir con su derrota. La música está muy bien elegida, y reitero que hay varios momentos de gran belleza. La Escenografía de Alessio Meloni, el vestuario de Sara Sánchez de la Morena y la Iluminación David Picazo, son excelentes, pero echo de menos que la historia no duela mas.

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La Escenografía de Alessio Meloni, el vestuario de Sara Sánchez de la Morena y la Iluminación David Picazo, son excelentes. Foto Pablo Rodrigo.

Danzad, malditos, se puede ver en Naves del Español, del miércoles 25 de noviembre al domingo 13 de diciembre de 2015, de martes a sábado a las 20:30 horas y domingos a las 19:30 horas.

Título Danzad, malditos / Versión de Félix Estaire / Dirección y coreografía de Alberto Velasco / Intérpretes Guillermo Barrientos, Carmen del Conte, Karmen Garay, José Luis Ferrer, Rubén Frías, Ignacio Mateos, Nuria López, Sara Parbole, Txabi Pérez, Rulo Pardo, Sam Slade, Ana Telenti, Verónica Ronda, Alberto Frías y la voz de off de Carlos Hipólito / Ayudante de coreografía Luis Ulzurrún / Escenografía Alessio Meloni / Asistente de escenografía David Cubells / Vestuario  Sara Sánchez de la Morena / Iluminación David Picazo / Música original de Mariano Marín / Fotógrafo Pablo Rodrigo / Distribución SEDA Distribución Teatral / Producción MALDITOS.

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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